Doguix en su Mundo Molecular

Doguix en su
Mundo Molecular

Gérard Páez-Monzón


De repente, un adolescente tiene que salir de casa por primera
vez al extranjero para ir a estudiar por cinco años solo y en otro idioma.

El sol de siempre estaba ahí afuera. No esperando por Doguix sino que el sol es así,
lo que hace es ver y esperar a su alrededor a pesar de ser visto y esperado él también
por alguien mas pesado. Doguix se calzó los guayos y se dijo: “Esta se la dedico a ese
quien se le ocurrió que el Sol tenía que calentar nuestra piel”. Jugaba fútbol con
la preselección del Estado, no había algo que fuese mejor para esa época.
Sabían, Doguix y sus amistades, de empates y salidas, de playas y montañas,
de fiestas y cines, de ajedrez y dominó, de química y física, de cervezas y
carne asada, pero ese balón tenía algo por dentro muy condensado que le
envolvía en el transcurso de los años en su ser que sería parte del sentir,
pensar y vivir, pero que especialmente para llegar a conocer su sustancia iba
a ser cuestión de vivir toda una vida. Esto lo descubrirá Doguix luego que
envejeció no en piel pero en piernas. Siempre habrá algo que es lindo identificar
que nos envuelve nuestro ser en la vida para sentir un gusto de catador, como también
es importante identificar esas cobijas que nos molestan para saber drenarlas del cuerpo.
Serán retos y frutos de la vida.

Al llegar Doguix a su casa, pidió la bendición a su Mamá
y siguió directo a su cuarto dispuesto a dormir, no para descansar sino, para afinar
sus condiciones de atleta. Temprano en la mañana siguiente, lo despertó
su Mamá como lo hacía cada día de clases transmitiéndole cariño y responsabilidad
con una caricia en el hombro.

El sentimiento de caricia era para Doguix una
sinfónica de cien músicos que iniciaba con un flautista en solo y terminaba
con todos los cánticos musicales, entonando sus dulces palabras de amor. Esa vez
abrió sus ojos descifrando la ópera gregoriana que vibraba en su piel:

“Levántate Doguix que hoy es tu último día de Bachillerato. Ha sido un largo trayecto
para ti y ahora te agregas a los mayores de la casa”.

Doguix abrazó con cariño de
hijo a su Mamá, le pidió la bendición como un saludo creado por el amor y aún abrazado,
le dio un beso en la mejilla con unas ganas de seguir durmiendo sobre la nueva almohada
de su hombro.

Su familia era especial. Especial porque eran doce hermanos y una
hermana muy unidos, donde su hermana era en realidad su prima hermana; prima por teoría,
hermana por verdad. Todos trataban de mencionar lo mas rápido posible los nombres de
cada uno: “Jowi-Charro-Edhen-Rial-Pegeor-Doguix-Gilar-Tadav-Leal-Romi-Rayan- Anchri- Mamá-Papá-y-Alati”
sin parar, ni respirar. Especial porque sus Padres tenían una claridad de formación familiar a pesar
de que su Papá trabajaba en otra ciudad. Su Mamá lograba mantener siempre presente su imagen ejemplar
de padre, su rectitud en el actuar. Especial porque su Madre añejaba con sabiduría un vino tinto de
familia de primer mundo, era el secreto más importante de toda la familia en sus éxitos y obras
ejecutadas, esencialmente en la de construir la gran familia. Especial porque era una unión
familiar perenne con cariño, responsabilidad, y respeto. El movimiento de ideas y acciones en
esa casa tenía un parecido al molde que se usó para crear la pólvora y los fuegos artificiales.
En fin era un microcosmo cultural muy fuerte.

Doguix veía su ruta cambiar pero no cuantificaba
el giro que significaba terminar sus estudios de bachiller. Se vistió como siempre lo hacía después
de tomar su baño que lo volvía a colocar de nuevo en la vida y se dirigió al colegio a tomar su
último examen final. El final de los finales decía él sin saber lo que le esperaban a sus dos
piernas. En pleno examen, Doguix lanzó unos gritos camuflados indicando un “Nos vemos por ahí”,
un “Hasta aquí llegue yo”, un “Gracias por todo”, “Suerte a todos”. Sus compañeros se reían y
lo acompañaban con mensajes agradables. Los profesores tomaban este ruido como parte de una
tradición sana. Al salir del salón se rayaron sus franelas con frases de adioses firmados por
cada autor. Esa franela era la graduación entre ellos. Salieron a festejar a un club
donde Doguix olvidó por completo que hizo ahí y nunca supo la razón de tener toda su
ropa mojada al despertar como bachiller en ciencias en casa de un amigo. Su Mamá le
preparó una pequeña fiesta y su Papá le negó a Doguix que le colocase la medalla de
grado diciéndole:

“No me llames colega, que aún te falta mucho camino”, enviándole
un mensaje de seguir avanzando. Su Papá era médico de profesión, su Mamá era general de
mando y él futbolista.

Bajando uno de esos días de vacaciones por las calles de la ciudad,
su Mamá le discutió algo a Doguix, no era nada importante pero él le dijo a su Mamá:

“Mamá yo lo que quiero es irme a los Estados Unidos”.

Doguix siempre recordaría esa frase y
la calle que lo dijo, era una calle en bajada y transversal, igual que la frase. La Mamá
tomó el mensaje lo anotó y se dirigió sola hacia una oficina de correo en el centro de la
ciudad.Doguix se quedó en el limbo pero se preguntó:

“¿Qué fue lo que dije?”, queriendo tal vez precisar su respuesta a su Mamá,
sintió que era ya demasiado tarde porque en su sangre había un hilo que le hacía palpitar el cerebro
indicándole que esa conversación había sido grabada por un ser invisible.

El se dirigió al stadium a continuar sus entrenamientos para el torneo nacional pero todo contacto
con el balón lo sintió diferente esa tarde. Algo sentía en su alma que no lo dejaba disfrutar su
juego al fútbol. Doguix le dijo a sus compañeros de preselección, en la parada de carritos por
puestos para regresar a sus casas, ya con sus bolsos de fútbol y aún húmedos del baño sin paño:

“Hoy jugué como si tuviese una metra vacía en el pecho, pero lo peor es que no sé que es
porque aún la tengo atravesada”.

Su Presente Mental..

Doguix disfrutaba de algo  muy especial al estar con el grupo preseleccionado para
representar al Estado Mérida en el Campeonato Nacional de Fútbol en la categoría Juvenil.
Era algo que no volvió a vivir y que tampoco le duró mucho. Tal vez por eso fue que nunca más
volvió a reproducir  la misma química en su cuerpo. No era sentimiento de importante lo
que sentía, tampoco de primordial, era tal vez simplemente un sabor de exquisitez.
Exquisitez de fútbol, eran los mejores técnicamente del pueblo y tal vez de todo el país
y del mundo. El peleaba su puesto con otros dos o tres muchachos mas, pero cada quien en
el equipo estaba en lo mismo. Cada quien sabía contra quienes se competía, muy pocos
sentían seguridad. Pero por primera vez desde que Doguix fue invitado a participar en
la preselección de un equipo de fútbol en su Estado, eran nuevos entrenadores recién
llegados a la ciudad y que ya establecidos, no pertenecían a la “rosca” de la que siempre
rechazó ser participe. Había un llamado de jugadores que llegaron por su fútbol y
unos pocos que necesitaban portar  aún la franela de sus equipos del torneo
local y los otros diez compañeros a su lado. A  Doguix le incomodaba solamente
cierto grado de inexactitud en las imágenes de cada jugador pero él seguía en su
plan de trabajo muy concentrado en triunfar. Inexactitud entre el color de la franela
de su equipo, su técnica y el compromiso de representar al Estado. Doguix luego
supo comparar esto con el colesterol y la viveza sana y mala, pero lo aprendió muchos
años después, cuando visitó al médico por su tensión sanguínea.

Su “Ta-Ta-Ta-Tan….” De Vida.

Arribó un día que Doguix siempre ha deseado eliminar de su calendario de vida, en el primer
momento que logre conseguir una máquina del tiempo. Ese día en la prensa apareció su nombre.
Lo despertó uno de sus hermanos menores, Rayan, para informarle que apareció en una lista.
Se emocionó y se dijo:
“Quedé en la Selección!”.

Pero Rayan le dijo que esta lista era interminable que no podía ser de fútbol, le completó
preguntándole por su número de cédula de identidad. Al responderle, Rayan lo felicitó y le dijo:

“Eres tu!, te ganaste una beca para ir a estudiar en el extranjero, felicitaciones!”.

Fue una puñalada menos doliente que a una real pero más profunda y duradera que miles de ellas.
No entendía lo que pasaba:

¿Por qué aparezco en una lista que no he solicitado?. Buscaron a su Mamá y ella muy contenta le
explicó a Doguix y le dijo:
“Doguix, felicitaciones ahora podrás cumplir tu deseo en realidad:
¡Te vas a los Estados Unidos!”.

Doguix supo lo que es tragar agua de ahogado con esa noticia, y volvió a respirar después de haber
llorado en su cama., llorado en silencio, llorado en público, llorado comiendo, llorado bañándose,
llorado en su casa. Sus hermanos lo alentaron riéndose como siempre era en su casa. Le hacían
bromas y le decían frases como:
“Los grandes jugadores son los que salen al extranjero!”.

Doguix no paraba de llorar pero poco a poco empezaba a programar su mente, especialmente
con la ayuda de su hermano Charro quién había sido el primer astronauta de la familia.
El había ya viajado a otro mundo a formarse en su carrera profesional, parecía un sabelotodo
de lo que estaba viviendo. Charro le explicaba con lujos de detalles, como igual lo hacía
su Mamá, la oportunidad que se le abría. Que no todo era fútbol, que también en esta vida
era bueno estudiar y qué mejor que ésta puerta para asegurar un futuro sólido. Doguix
nunca pudo, ni quiso aceptar esa gran verdad, siempre pensó que todo era fútbol,
especialmente cuando vivió en esos lugares que le esperaban.

En la prensa salía también que debía presentarse en la Capital al siguiente día. Pareciese,
se decía Doguix, que no había mañana para esos organizadores y que estaban empeñados
en separarlo de su carrera futbolística y todo por culpa de ese día que le dijo a su Mamá:
“Yo lo que quiero es irme a los Estados Unidos”.
Se hablaba al espejo y se regañaba:
“Por
qué no te expresas correctamente y en voz baja!!! Coño!”,
Otras veces se burlaba de el mismo
repitiendo la frase pero en tono de burla:
“Mhamá Llo lo ke kierooo es hirme a los Eshtados Junidos”.

Sabía que esa tarde que le había contestado a su Mamá esa línea todos los dioses
lo oyeron en silencio.
“¡Brutos!
los llamaba Doguix en voz baja, muy bajita.

“Brutos, brutos, brutos..”.

Doguix creó su propia teoría comentándole a sus hermanos que estuviesen muy atentos
con lo que dicen y cuando lo dicen porque cada individuo tiene en su vida, un momento muy breve,
en que todos los dioses se ponen de acuerdo para oír y cumplir con lo que escuchan, pero que
también en ese momento los dioses no esperan y si están orinando corren con suerte porque no
lo volverán a atender. Agregando para terminar:
“Especialmente si se lo dicen a Mamá ó a Papá”.

Doguix tomó varios días sin decirle a nadie la realidad que se le venía encima. Era
la noche lo que aparecía. Sus amigos en la selección notaron que en los descansos
costaba montar una conversación con él. No compaginaba muy bien el tema en la boca,
empezaba a parecerse a un científico en lo social. En la cancha le empezaban a notar
un cambio de ritmo, algo extraño, en su fútbol. Eran momentos impredecibles pero
siempre era el mismo golpe al balón. La pateaba tan duro que nunca tenía destino
dentro de la cancha y sus amigos, aún los que competían con él la posición le decían:
“Doguix no castigues el balón”.

Cuando llegó el momento de hablar con el entrenador le contó la tragedia futbolística
con lágrimas en sus ojos, igual cuando extendió la noticia a sus amigos. Se sintió apoyado
por sus compañeros y directivos, eso fue lo que lo animó a salir caminando y no olvidar la
ruta a su casa. Los vería jugar antes de salir desde las rejas, quería estar lo mas cerca
al equipo en los juegos clasificatorios que se iniciaban a la siguiente semana. Vio el
partido con un dolor pero le dio gusto interno ver a la selección y sus compañeros bien
sobre el terreno. Ellos le enviaron una señal de animo-suerte-gracias y el les gritaba
acompañando el grito de dolor con risa:
“Vengo a ver cuanta falta les hago, conmigo
ganaríamos 4 a 0”.
Ganaron 2×0. Esta fue su despedida oficial del fútbol oficial en
su ciudad, nunca se imaginó que era para siempre.

¡Hasta La Vista !

Ahora le venía la despedida de su familia, de sus amigos, muchos de ellos andaban de vacaciones
los pocos se dieron un abrazo de “no creo pero aquí va mi brazo”.

Fue a Maracaibo para contarle a su Papá sobre el viaje al infinito y pedirle que firmara su
permiso de viaje al extranjero por ser menor de edad. Era un muchacho de 17 años. Su Papá
tampoco lo tomó en serio, mas bien lo regañó riéndose por no haber planificado esta aventura.
Le explicó que él estaba de acuerdo y que debería ser castigado suspendiéndole todo el plan.
También en unas de esas noches le rezó a su santo favorito y otro que leyó en la prensa para
pedirles que por favor derrocasen al Presidente de la República sin ningún disparo. Nada de esto
resultó porque simplemente lo que resultó fue lo mas sólido, lo que se construía, lo que se estaba
trabajando fuera de su alcance.

Fue también al cine con su Mamá a ver “La Quimera de Oro” de Charles Chaplin. Se rió como nunca lo
había hecho, algo hacía que sentía un flujo de carcajadas especial, nuevo. No le costaba reír, era
un maestro de la sonrisa, de la carcajada, del reír. Reía repetido, reía en código Morse, reía
pa’tras, pa’delante, pa’l’izquierda y pa’la derecha. Tal vez era lo tanto que lloró en el cine,
nunca había “lloreído”. Su Mamá dejó salir una lágrima de tristeza al ver que se le iba su hijo,
uno de los tantos, al extranjero, pero también era la más consciente de todos del valor de esta
oportunidad.

Doguix no olvidó esa noche, como tampoco olvidó una imagen que el mismo se diseñó días después
cuando se despidió de sus hermanos. Esta pintura fue en el momento de salir con sus maletas de
la casa días después, el día de su ida de la ciudad hacia el mundo desconocido. Saliendo vio
la pequeña salita donde todos ellos dejaban las bicicletas, triciclos, balones de fútbol y
otros juguetes. Se dijo a si mismo:
“Doguix, mira bien esta sala. Toma una foto y grábala en tu mente. Esta imagen es la que te mantendrá muy en vivo
el regreso a casa. No te vayas acostumbrar y olvidar la familia”.
Ese cuadro luego le sirvió para regresar todo el tiempo.

El Peso De La Red De La Sociedad.

Parte de la avalancha de eventos para esos días fue el nacimiento de su primera sobrina,
una linda niña que sería para siempre como el “antes y después” del termómetro familiar.
La bautizaron como Tana. Salió a festejar con todos sus hermanos por las calles de la
ciudad como si se hubiese ganado la Copa Mundial de Fútbol. La gente de la ciudad no
entendía tanta algarabía por los gritos que describían como el nacimiento de una niña.
Era la primera sobrinita de la casa. Vio su carita, le dio un beso y se despidió ya que
al siguiente día comenzaba su cuenta regresiva.

Doguix y su Mamá salieron a la capital a firmar el contrato de beca. Doguix trató todos los
chances para que fuese rechazado: En la entrevista psicológica con estudiantes de La Universidad
Central del país, aprobó. Les encantó a los examinadores, lo inteligente que se comportó ese
muchacho en una situación donde reflejaba tristeza. En la asignación de universidades y países,
dijo que no, que el quería ir a Filadelfia donde vivía ya su hermano mayor, Jowi. La directora
del programa, molesta le dijo:
“Hijo, o se va para Juja o se queda”.

Doguix se dijo: “Es el momento, no lo desperdicies y recuerda: ¡Grítale!”.

Cuando inspiró oxigeno a sus pulmones para expulsar el tono de voz mas pedante, fuerte y grosero
que esa Señora iba a oír en toda su vida, su Mamá se asomó por la ventana buscando a Doguix para
enviarle su beso y cariño, pero especialmente claridad para sus decisiones -Doguix le sonrió y le
envió su saludo de amor de hijo. Doguix en ese instante sintió el pinchazo y se vio volando
en el espacio del salón sin ninguna trayectoria ordenada, igual como un globo agujereado. Perdió el
último gramo de aire intoxicado y retornando su cara hacia la Señora le contestó: “¿Juja?…
pues le pediré a mi hermano que venga a estudiar conmigo allá”.

Con esto disparó su último cartucho en su lucha contra la beca, contra el nuevo mundo en
el que lo embarcaban, muy diferente a Colón, sin ganas y sin deseos pero era de nuevo
la solidez de los eventos que se construían la que dirigían el barco.

Abrazando A La Piedra Filosofal

Salió del edificio con una gotera de techo nuevo en su alma abrazado de su Mamá.
Su Mamá con mucho valor y cariño le arropaba su cuerpo en el taxi, igual como las a
ves hacen con sus pichones. El taxi los llevaba sin mirar las calles de regreso a la
residencia donde se hospedaban como un viaje de preparación para una larga travesía.
Doguix estaba muy atento a cada palabra que pronunciaba su Mamá, pero era mas
el mensaje que sus letras lo que Doguix memorizaba y sembraba en su corazón.
Doguix y su Mamá entablaban la comunicación perfecta: Madre-Hijo, superando para
siempre cualquier tecnología extraterrestre. Su Mamá para ayudarlo a comprender lo
que sucedía, como también a ver este mundo de realidades que se le presentaba como
algo nuevo en su vida, le decía:
“Doguixito querido, en nuestras vidas siempre aparecerán oportunidades y obstáculos.
Ambas cosas debemos saber identificar para mejorar nuestros mundos. Las oportunidades se
toman para construir ambientes sanos y buenos, se toman para hacer bien y ser felices, se
toman para mejorar. Frente a los obstáculos debemos siempre ponernos de pie para sobreponernos.
No olvides esto Doguixito, los obstáculos están ahí para hacernos crecer, no para rendirnos y
es muy importante identificar muy bien cuál es el obstáculo. Los problemas son retos que te
permitirán construir mundos sanos y buenos cuando los resuelvas, te permitirán producir, hacer
bien y ser feliz cuando los domines, te permitirán mejorar, especialmente crecer. Hijo, las
oportunidades y los obstáculos son los goles de tu equipo y del otro equipo. Cuando hace un
gol tu equipo lo celebra porque han mejorado su mundo. Cuando el otro equipo hace un gol en
tu contra, tratas con mayor fuerza sobreponer la diferencia y ganar.
Si se pierde al final, tienen la semana completa para trabajar mejor y
reconocer las fallas para que el equipo crezca en su nivel de calidad.
Sería un grave error no hacerle frente a la derrota”.

Su Mamá continuó hablando con mucha dulzura y sencillez:
“Hijo, los obstáculos y oportunidades pueden transformarse en lo contrario, oportunidades
y obstáculos. Para evitar eso, tienes que mantener tus principios sanos y la dedicación de
tiempo de trabajo. Trabajar fuerte”.

Su Mamá apretándolo aún con más cariño le continuó diciendo:
“Doguixito, cada obstáculo y cada oportunidad pueden aparecer tanto en momentos esperados,
como en momentos impredecibles. Tienes que mantener el principio de crecimiento para los dos
momentos. Esta aptitud es en verdad, la balanza de vida, de lucha y de logros.”.

Y ahora acariciándole el cabello su Mamá finalizó:
“Por último hijo, en las malas, en los obstáculos trata de no quejarte. No le asignes esto a
la mala suerte, sino simplemente lucha para sobrepasarlo”.

Con esta enseñanza Doguix logró a decir con una voz entre quebrada: “Bendición Mamá” y
se quedó dormido aferrado en los brazos de su Mamá.


Capítulo II

El Des-pegue Hacia El Espacio Sideral.

De nuevo en su ciudad, no quiso salir de su casa para vivir intensamente esos
días junto a toda su familia; solamente para besar y bendecir a su sobrinita Tana
en la Clínica. Llegó la madrugada dolorosa de su salida de la ciudad rumbo a otro
planeta donde su boleto de regreso decía claramente: 5 años. Le dolía mucho esa cantidad
de espacio-tiempo. Llorando se abrazó con los que se despertaron, se le acercó a los que
aún dormían poco creyentes de su plan para abrazarlos y pedirles que se cuidasen.
Pasó por la salita de las bicicletas y balones, la fotografió en su sangre y se dijo
algo como grabándose un mensaje eterno. Fueron al aeropuerto, los minutos eran segundos
y los segundos eran horas. Su hermano Edhen le daba sus consejos, uno de ellos fue:
“No te dejes joder por nadie”,
Tajod le decía:
“Tranquilo que son solamente….5 años!”,
y un segundo después se mordía la lengua mientras todos junto a Doguix, reían de esa
realidad, de cinco años!. Charro simplemente le repetía:
“Cuídate y aprovecha mucho esta oportunidad”.

Todos juntos en la familia hacían lo que siempre hacían, construirse puentes
de apoyos para atravesar esos momentos.

Salieron su Mamá y Doguix caminando juntos sobre la zona aislada para tomar el avión.
En el primer paso sobre la pista sintieron el clamor de la familia, tal vez como todos
los toreros al entrar a la plaza saludando al público pero ellos despidiéndose;
los toreros con miedo, ellos con tristeza. Esos pasos del “hasta pronto” hasta el
avión fueron infinitos, fueron muy nostálgicos. Doguix no quería correr pero
tampoco pararse, había que llegar simplemente a la puerta del bimotor.
Despegó en carrera el avión y por la ventanilla vio a su familia saludando sin parar.

Llegaron a la capital para inmediatamente al día siguiente salir rumbo al
aeropuerto internacional. Venía la segunda corrida. Esta muy dura, esta vez era solo
y lo peor era que se despedía de su Mamá…….si ¡de su Mamá!. Ahora no había nadie
quien articulase unas palabras de claridad y valor para él. Por primera vez sintió que
empezó a hablar su Mamá por su corazón. Pensaba y repasaba las palabras que un día
antes le había dicho durante la primera caminata al ruedo. Mientras su Mamá veía a
su hijo Doguix dirigiéndose al avión que lo llevaba al espacio sideral, tenía una
canción triste como fondo musical que cantaba un familiar de la Capital: “Se va
Alfonsina caminando al mar….”. Esto era como un himno de amor que su Madre lo
cantaba con sus lagrimas, como una brisa de lluvia que no pararía.

En el avión ya no lograba distinguir a su Mamá pero su corazón le servia de telescopio
para precisarla sobre la terraza del aeropuerto. La canción continuaba mientras
el avión desaparecía entre el horizonte y las nubes.

Doguix luego de calmar su espíritu, trataba de conocer a sus compañeros de
barco y también pensaba en Jowi, su hermano mayor quien lo estaba esperando
en New York. Tocaron Washington DC y retomaron el vuelo hacia la gran manzana
como la conocería después que le enseñó Jowi.

Al salir del avión en New York, retomó de nuevo todas las energías para abrazar
a su hermano a quien veía por primera vez después de 5 meses. Vestía hippie, de
camisa típica llena de bacterias coloreadas; lucía hippie, pelo largo y barba.
No había cambiado, era así como había salido de su casa a realizar estudios de
postgrado. Jowi lo abrazó fuertemente y lo felicitó por el triunfo de obtener
tan magnifica oportunidad de realizar estudios universitarios con todos los
gastos pagos. Doguix le dijo sin mucho análisis: “! Guevón !”.

Jowi lo llevó al Hotel donde se residenciaba el grupo de astronautas y donde
Jowi había sido invitado a quedarse con Doguix, era el hotel “Taft”. En la ruta
del aeropuerto al hotel, Jowi le mostraba la ciudad gigante y los edificios enormes.
Doguix sin importarle mucho el paisaje seguía contándole todo sobre la casa, sobre
la belleza de Tanita y el gran festejo, sobre el estado de ánimo de Mamá y Papá.
En fin, Doguix no quería dejar sin contar cada detalle que recordaba y que Jowi
le preguntaba. Jowi le insistía:
“Mira por lo menos aquel edificio que es muy importante, el Empire State”.

Doguix entendía “paye-teite” pero ni alcanzaba a voltearse, ni tenía un mínimo de
intención de mirar el planeta nuevo en el que se encontraba. No le impresionaba tampoco
nada, solamente que la bulla y la luz en la noche era mayor que en su ciudad.
“¿Estos como que están en ferias?”, le alcanzó a preguntar a Jowi, mientras él se reía.
Hablaron hasta el día siguiente sin cerrar los ojos.

En la mañana, sintió que de nuevo se vestía para una corrida de toros. Se despidió
de Jowi con unas ganas de aferrarse a él y no soltarlo pero no lo hizo porque ya
su Mamá le había prevenido ese momento. Sintió que había practicado esa jugada,
gracias a su Mamá y que Jowi además le sirvió de gran apoyo por repetirle los
mismos detalles de la razón que existía para esta nueva salida a la arena de
toros. Sintió a Jowi como gran matador de toros que le servia de “padrino esa
tarde”. Su hermano se despidió saliendo en su escarabajo verde militar hacia
Filadelfia y él en un avión plateado hacia “Juja”.

Saliendo de La Máquina del Tiempo-Espacio.

Era un día oscuro cuando Doguix y sus compañeros de viaje llegaron al pueblo ajeno,
pero no fue tan oscuro para Doguix meses después, luego de pasar por su primer invierno.
Cada vez que pensaba en la claridad de ese día le entristecía pensar que aprendió a
valorizar la luz. Todo era raro, raro con gusto de convivencia extraña donde ellos y
los pobladores de ese lugar eran autistas. Autistas en la recepción de mensajes y
autistas en el esfuerzo de entenderlos.

Su Primera Misión.

Doguix al llegar al motel emprendió su primera misión de llamar a su Mamá.
Se sintió experto en el número telefónico pero inocente en el procedimiento.
Descubrió más números para su casa. La misión le presentó inmediatamente un
gran obstáculo que a la vez era su mejor apoyo para cumplirla como buen capitán.
Pensó en las palabras de su Mamá igual como si estuviera dominando un balón con la
cabeza. Este doble filo era el recepcionista del motel. Se acercó y realizó el primer
contacto de tercer tipo con sus dos brazos donde los dedos jugaron un papel de
artista de teatro y un lápiz de estrella para aparecer los números.
La respuesta fue música con gesto que animó su grado de confianza de éxito
en la tarea. Nunca él había pensado que ser feliz era parte de construir
una comunicación.

Tenía fuerza de joven en el cuerpo pero en la sangre estaba gateando de nuevo.
Con los días compaginó este momento feliz con la felicidad de descubrir algo con
cierto nivel de análisis y con un poder de memorizar la significación de ser bebé
en carne y hueso. Juró una de esas noches que ése era el patrón de vida que seguiría
en el planeta: Mantener como marco central una burbuja irrompible compuesta de un
tejido de valores familiares, llena por dentro con un alto grado de inocencia
y de conocimientos de la vida, interactuando idénticamente como la danza atómica.
El núcleo era su sangre y cuerpo, los electrones su memoria, el número de ellos
indicaban los elementos de conocimientos y juventud, donde sus orbitas representaban
la inocencia infantil. Esta gran burbuja le debería generar, al explotar por el
refinamiento del instinto y la reflexión, otras pequeñas burbujas de risas y de
sorpresas que le envolverían aún más su corazón, que él apodaba como “El último reloj”.

La llamada fue impresionante. Oír la voz de su Madre con la amplitud perfecta,
como si ella conociese el decibel exacto requerido para bombear sus tanques de valor.
Habló, habló; oyó, oyó; lloró, lloró, rió, rió. Al colgar notó que no estaba en un
lugar tan raro, Doguix y el recepcionista se entendieron a la perfección para
cumplir con el cobro-pago protocolo. Pero lo interesante que esto lo hacía
concurrentemente pensando en ese ser que le dio la vida y el recepcionista,
pensando en ese ser que le dio el dinero de la comunicación, y además
sintiéndose como gran héroe para Doguix. “Un héroe caro pero héroe”, se
dijo Doguix, cuando distinguió éste aire que descubrió en el recepcionista
al doblar una sola pestaña e inclinando una mirada con mucho orgullo.


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