Capítulo VI
Contacto de Sexto Tipo.
Doguix sentía que vivir afuera de sus costumbres era volver a subir una escalera de necesidades, de costumbres, de gustos. Doguix como muchacho que era aún añoraba a sus amigas, sus novias de colegio y en eso le vino a la mente unas palabras de su Mamá:
“Doguixito ten mucho cuidado con las chicas que allá se meten a tu cuarto”.
Amor En Otro Mundo
Quiso escribirle a su Mamá y preguntarle si la primera era vestida en llamas. Decidió que algo raro estaba pasando por lo que decidió dormir con la puerta abierta. Aguantó el frío de otoño, su viento y sus hojas secas. Sentado afuera esperando por la primera chica en entrar vio que a cinco puertas de distancia ocurría un va y viene de muchachas y algunos muchachos que él en verdad no veía, solamente notaba la entrada y salida de las chicas.
“Ese chamo, el día que lo conozca va a ser mi ídolo mayor. Le voy a pedir la fórmula”, se decía Doguix refiriéndose a su vecino exitoso.
Y en eso le vino a su mente un episodio que aún lo sufría nítidamente en su pecho y dejó que su memoria le pasase de nuevo ese capítulo que había vivido recién llegado, pero se repetía por la inquietud incesante de no poder terminar esa historia:
Había una vez un domingo después de misa, Doguix al ver que no tenía nada que hacer decidió ir al centro de la ciudad a caminar y pasar por una tienda inmensa que vendían todo tipo de cosas. No era su mejor deseo pero si lo único que podía ofrecerse ese día con una temperatura templada que anunciaba que pronto vendría la causa de ese frío en forma de copos de nieve. Caminando solo pensaba en su casa y se hablaba solo como si estuviesen sus hermanos presentes. No sentía locura, era simplemente una forma de ser el mismo para ayudarse en su camino de hacerlo entretenido y al mismo tiempo darse respuestas a las muchas preguntas que le venían a golpear su cabeza. No llegaba a entender que vivía ahora en un mundo extraño de la noche a la mañana, solo y lejos de su familia. Hacía un repaso en su mente de las diferentes actividades que deberían de estar realizando sus hermanos, Alati, su Mamá y su Papá en esa hora precisa allá en casa. Al llegar a la tienda, revisaba todos los departamentos, revisaba todos los productos que le interesaba conocer pero no llegaba a comunicarse con nadie. No hablaba aún el idioma, llevaba apenas seis semanas en aquella geografía. Subiendo de regreso a la residencia, en una de esas cuadras largas, venía una muchacha linda que cada vez se acercaba mas, le distinguía mejor su cara y sonriente la chica le saluda diciéndole:
“Hi!”.
Doguix, le correspondió con un saludo sin palabra alguna, solamente haciendo un tímido gesto de cabeza. Ambos siguieron caminando pero ambos sintieron que estaban viviendo el mismo momento pero cruzándose en sentidos contrarios. Doguix se volteó sin parar su marcha para decirle con su mirada que necesitaba una amistad fuertemente para conversar simplemente, pero volvió a girar cuando vio que la chica continuaba su marcha, no se había dado cuenta que la muchacha se había volteado un segundo antes por el mismo deseo. Los dos perdieron las botellas que habían lanzado con un mensaje adentro, esta vez no fue al agua, sino al suelo.
Doguix al llegar al cuarto, le preguntó a Max que se encontraba estudiando:
“Max, ¿qué quiere decir ‘jai’?”.
Max riéndose le dijo:
“Chamo, Chamo…no puede ser, eso quiere decir “hola”, es un saludo corto”.
Doguix le dijo: “Chamo una chamita bien linda viene de saludarme en una calle donde no había una alma y yo no le entendí que me saludaba….que bolas las mías!. Debe ser este frío o el hambre que tengo. ¿Cómo es posible que no me hayan dado esta lección en el Instituto?”.
Desde ese momento, Doguix oyó “Jai” por todos lados como si Dios le hubiese mandado a hacer una plana en el oído para toda su vida. Doguix sintió algo raro por haber sido ciego y sordo con este saludo, dudando si tal vez este saludo lo encajaron recientemente, no hace más de una semana en esa ciudad. Aprendió a escribirlo correctamente seis meses después. Esto le hizo despertar algunas ideas en su cabeza que se explicaba diciendo:
“uhmm lo importante de estar alerta, de estar consciente de algo, es como ponerle ojos y oídos a la inteligencia”.
Seis años después volvió a pensar en su teoría al comprar un carro usado amarillo brillante, al otro día no sabía que habían tantos carros con el mismo color en su ciudad. Veintiséis años después se dijo que había tocado el centro de la razón cuando se refieren a que “tal hijo, tal padre”, ya que el hijo está alerta de la formación del padre. La vive, mientras que los vecinos están alertas de otros mundos, no ven ni oyen el mundo del padre vecino. Un hijo de futbolista tiende a ser futbolista por la conciencia continua que vive en su casa. Se necesita de alguien, de un instituto, de un medio que permita estar “alertas” a cada quien en sus deseos a desarrollar, lo que hace importante, agregaba Doguix, el descubrir todos los sabores, los mas que se puedan. No encerrarse, no rechazar nada sino tener una visión abierta en distancia pero con un buen enfoque al mirar. Sabía que no había estado alerta con esa chica en ese momento. Doguix buscó a esa chica varios días seguidos en el campo de la universidad, en el centro de la ciudad, por la calle en que se cruzaron pero se cansó. Desesperadamente quería verla para corresponder a su saludo: “jai”, perdón “Hi”, seis meses después.
“… Pam!”
Oyó la puerta de su vecino héroe cerrarse bruscamente y le llegó uno de esos momentos en que contaba a las muchachas que entraban y salían mientras perdía de vista su propio cuarto, cuando despertaba sentía un sabor de arrepentido por las posibilidades de que alguna chica hubiese entrado y salido de su mansión mientras admiraba el bello tránsito de su vecino. Aguantó afuera todas las tentaciones de contar o pensar de nuevo en su historia sin fin de la chica del “hi”, simplemente se puso como meta el presentarse a su nuevo amigo que habitaba en ese cuarto de alegrías.
Decidió dormir afuera con su puerta abierta y fue puerta afuera que amaneció por la decisión de Max de ayudarlo a volver a recuperar el punto de equilibrio. Mantuvo una gripe de veinte cuerpos mientras esperaba aún por una sorpresa en su cuarto a puertas abiertas y llegó el día que logró despertar en el día que correspondía, fue a sus clases y en la tarde a sus prácticas de soccer.
Luego de un buen baño en el gimnasio fue a cenar en el restaurante de la residencia. Como siempre fue y como siempre ha sido le tocó aprender como aprenden los loros, sin corazón, su número de pase al restaurante. Este era 1333, sabía de antemano que era un número como ese el que le iba a tocar donde se necesitan todos los dientes y movimientos de boca, lengua, cuerdas vocales y aire pulmonar para pronunciarlo. A pesar de sus ensayos, siempre la persona que acreditaba los pases, necesitaba varias repeticiones en varios tonos y de vez en cuando mostrarlo por escrito. Uno de esos días dentro del restaurante le preguntó a un amigo, quien era líder en el restaurante:
“Bolivia, dime, no tienes una amiga que presentarme”.
Él le contestó:
“Tonto, ayúdate. Vente con la franela del equipo de soccer de la universidad al restaurante”.
Yo aún no sé como dios creador que soy de ésta novela si fue por el deseo de continuar lo que había dejado en casa (su grupo de amigos y amigas) o por comprender lo que le quiso decir Bolivia, que Doguix al otro día se presentó en el comedor con el uniforme completo: franela sudada, shorts con grama, medias sucias y guayos de tacos. No había terminado de recoger completamente su cena cuando se le acercó Bolivia y le dice:
“Venezuela, aquella chica quiere conocerte”.
No habían pasado veinticuatro horas del consejo y ya recibía un evento. Tampoco se puso a reflexionar sobre las razones de lo que sucedía, no había leído tantos libros y tampoco los hubiese necesitado. Se acercó a la sección de tortas donde la chica trabajaba. Él empezó hablando:
“Me like torta. It, it”,
Con la sonrisa la chica le dijo que iban a ser grandes amigos. Al hablar se rió, con su sonrisa le dijo que no le entendía pero que sí. Gritó con el alma sin hacer ruido a su nuevo héroe:
“Bolivia”.
Ellos se rieron pero sabía que le estaba ayudando a acomodar la salida. Ella le dijo a Doguix bajo traducción:
“Espérame afuera del restaurante que al terminar quiero que nos veamos”.
Doguix sin esperar a despedirse, muy emocionado apenas se le oyó:
“O lles, machete!”.
Y disparado como si no hubiese un mañana se dirigió a la aduana del restaurante, dio su número como nunca mas lo volvió a decir, sin acento extranjero, thirteen thirty three en sol mayor, giró hacía la salida y se sentó a esperarla. A los meses sintió que le dio hambre y que esa hambre pertenecía a la deuda que el estómago le estaba haciendo pagar por aquella tarde. No sabía que no había comido.
Cuando salió la muchacha, Doguix recordó ese momento años después: Su traje de trabajo le quedaba tan bien que la vio caminando sobre una pasarela de modelar tropical en cámara lenta donde ella y él eran los únicos en esa playa. La chica le dijo algo y casi de la mano lo llevó a su cuarto. Al entrar, vio fotos de gatos por todos los lados. Doguix rápidamente le dijo:
“Yu like miau-miaus? Ah?”
Ella le afirmó con una sonrisa.
“ Al fin hablas inglés!”,
Doguix oyó una voz desde el techo.
Ella le explicó casi toda la tarde todo lo que le decía. No volvió a oír esa voz del techo cuando le preguntó una y otra vez, como se llamaba.
“A veces hablar un idioma es como tener un carro viejo, bastante viejo: prende y no prende”,
Aprendía Doguix en su mente, escribiéndolo para él.
The Date.
Esa misma noche decidieron ir juntos al cine. Ella y El, el Tu y Yo. El propio “date” de las películas, en su película que vivía en ese lugar raro. Al pasar al frente de su cuarto, le dijo:
“juan momen”.
Y sin usar las manos corrió al cuarto, abrió la puerta, tomó el diccionario, cerró el cuarto y corrió de vuelta a donde Cathy. Él la llamaba Kati. En el cine se hicieron señas y se reían. Al empezar la película inmediatamente la memoria le dañó el momento al refrescarse toda la historia en la mente. La había visto con su primo Renri y su hermano Pegeor en su ciudad recientemente. Doguix en la oscuridad se lo hizo saber:
“Kati, Kati …film ….
uuuuuuuuufffff I see film ..uuuuuuuuuffff”,
Finalizaba con un silbido con viento medio. La gente de atrás gritó algo que no necesitaba luz para saber lo que deseaban. Doguix le volvió a repetir pero más suave. Ella reía y los de atrás chillaban.
Regresaron con pocas palabras y algunas risas. Cuando se despidieron, Doguix entró a su cuarto y lo primero que hizo fue ir al baño con el diccionario. Recitó varias mantras de palabras, pues tenía que hablar perfectamente al día siguiente. Amaneció y al prender el carro de su idioma necesitó empujarlo para arrancar.
Chispazo De Partículas de Amor.
Kati y él empezaban a divertirse estando juntos: fueron a un juego de rugby gringo que parecía un deporte de monstruos en un coliseo romano, algo que le iba a encantar jugarlo sin los golpes y especialmente verlo en su mejor nivel de caracterización al entender sus leyes de gravitación.
Fueron a la universidad y se buscaban entre clases, cuando regresaron por primera vez hacia sus habitaciones, Kati caminó dirigiéndose hacia el cuarto de atrás de su vecino héroe que aún no conocía. Doguix cada vez que se acercaba se entristecía más y le preguntaba a Kati en su inglés accidentado hacia donde iban. Kati no entendía la pregunta pero lo miraba como adivinando:
“A tu cuarto!”,
Mientras abría Kati la puerta con una familiaridad que Doguix sintió un trago de celos de crack de fútbol, pero al mismo tiempo que le retorcía el cuello no lograba digerir que entraron a un pasillo y no a un cuarto pues salieron por la otra puerta que tenían al final. Saliendo por el otro extremo se volteó muy despacio y poooooco aaa poooco, vio desaparecer a su héroe que nunca conoció. Se sintió gigante, le tomó la mano a Kati y la abrazó como cualquier “The End” de películas, dándole un beso de amor con sabor a gracias. Kati le respondió con un beso de cariño. Doguix se dijo:
“Mi héroe vecino resultó siempre ayudándome, sabía que lo único que tenía que hacer era entrar en su cuarto”.
Fueron al cuarto de Kati y se encerraron hasta el amanecer como una fecha inmemorable. Desde ese día se desviaba de vez en cuando para pasar por el pasillo cuando necesitaba llenarse de energía.
Dos pulsos Continuos en la vida.
Iban Kati y Doguix como ya una pareja a la cancha de soccer, se miraban entre jugadas. Iba ella al restaurante a trabajar y Doguix a comer para luego al final encontrarse para salir al campo central de la universidad. Los fines de semana planificaban mas para estar juntos que para descubrir algo nuevo. Todo iba como si hubiese sido planificado segundos antes, bien, pero con la falla del ruido en la comunicación. Doguix podía aguantar aún más, toda la vida. Kati tal vez no. Era duro, necesitaban una isla lejos de la civilización sin ningún contacto y con algunas lluvias para voltear el peso que sentían al abrir el diccionario una y otra vez, y así mentalizarse ambos para aprender juntos, un idioma común. Doguix no había nacido para las lenguas, pero ¿Qué mejor motivación necesitaba? Y aún con esa zanahoria al frente no progresaba como querían sus paciencias.
Llegaban en tiempos separados Kati y Doguix a la cancha de soccer, ya como un par de amigos, donde ella era una espectadora de un solo jugador, ya que no entendía el soccer a pesar de las malas explicaciones de Doguix. Kati lo saludaba religiosamente desde lejos enviándole las mismas sonrisas que solos ellos sabían sus significados. El saludo era compuesto por su mirada, sus movimientos de labios y ojos, su mano levantada y su presencia en la cancha. Su significado era aquel que desea mostrar cariño fiel de amistad de hermanos, o tal vez de dos personas que pudieron amarse fuertemente pero la barrera del lenguaje fue mayor, era en realidad una experiencia que sufrirán muchos de los extraterrestres pioneros y terrestres al llegar a este planeta al tratar de hacer una relación amorosa, de pareja. No serán frenadas por sus gustos y deseos propios sino por una arista de lo que podría clasificarse como un “choque de culturas”.
Luego de varias semanas él entendía menos o la gente hablaba más y Kati tenía callos en los dedos buscando las palabras en el diccionario gringo-cristiano. No volvieron a salir juntos a pesar de que cada vez que se cruzaban seguían riéndose y apreciándose con mucho cariño, pero tanto ella como Doguix sentían un peso como unas cruces con sus clavos, ella en los dedos y él en su lengua. Con un “kiss” curaban todo y con las manos en el bolsillo se despedían Kati y Doguix para seguir sus caminos que ahora eran separados como los dientes de un tenedor.
Distraído Doguix en el andar de regreso a su cuarto con las manos en el bolsillo y cabizbajo vio una lata de refresco en el piso y lo que hizo fue shutearla con fuerza para desaguar un poco el tipo de ganas que llevaba por dentro en ese momento. Al patearla sintió el dedo de su pie derecho, la lata estaba llena y salieron ambos volando sin explotarse, la lata por un lado y él hacia el otro brincando sin parar del dolor.
Se tiró al suelo sobre la grama para “y que pa´ descansar” y recuperar fuerzas en su pie. Ya distraído y apoyado de sus dos manos atrás y los pies cruzados, observaba a la gente pasar al frente. Pensaba que fue su creación la de quitarle la lata del camino a todos ellos y que ya por ese simple acto, él era parte de la arquitectura de las vidas de toda esa gente. Pensó en el arquitecto de su vida quien le botó la misma lata.
Le venían luces muy pequeñas a su reflexión, pero igual desaparecían rápidamente. Luces que le iluminaban un hilo que le unía dos palabras: “causa” y “efecto” en el navegar de la vida, que le unían todo el mundo cósmico, que lo unían a él a la naturaleza total sin ninguna distinción ó separación.
En uno de esos apagones en su cabeza, ya con la boca entreabierta y él aislado completamente del mundo giró su pensamiento a la realidad del momento haciéndolo pensar de la importancia de estar en el tope de toda situación. Mentalmente se hablaba:
“Si hubiera sabido de antemano que algún estudiante dejó caer su refresco en el camino, ó si hubiera observado bien que la lata estaba aún tapada tal vez no vaciaba mi energía con esa lata pero con el poste de la esquina.”, amplificando la imagen del shute con un balón, “no soy tan tonto.” , se re-mentalizaba y sin saber que fui yo quien le puso esa lata cementada en su camino.
Muchos años después, Doguix le repetía este momento a sus hijos y sobrinos en sus edades de adolescentes la importancia de estar al tope de cada situación. Les decía que:
“Si por ejemplo tienen una salida con algunas amistades, es muy importante saber hacia donde van, quienes estarán, que harán. No con el sentido de ser dios en saber todo pero si en el sentido de ser dios en el manejo de la situación y su dinámica de cambios. Es muy normal y hasta natural el no saber todo de una experiencia de antemano, pero si es importante tratar de siempre estar al tope de la misma.”
“Por ejemplo,” hablándole a su hija, “No decidas la carrera universitaria para estudiar basándote en los comentarios de tus amigas y amigos. Tu gusto y vocación están ahí intactos internamente en tu ser, lo que debes es permitirles salir a través de tu misma conocer cuales son todas las carreras que se ofrecen, hasta el no hacer nada. Al conocer más oportunidades de áreas de estudios, mas al tope estarás tu de la situación. Verás que tu decisión coincide ó no con el gusto de tus amistades.”
“Es como hacer el amor”, le apuntaba Doguix a otro blanco con una cara de silbar y tomar el mismo camino del día que dejó a Kati y que pateó esa lata ya famosa. Doguix continuaba mirándole los ojos a su hija:
“Hacer el amor es algo muy natural. No hay nada malo. Lo que no hay que hacer es sufrir por algo natural. El sufrimiento verdadero aparece cuando no se está al tope de la situación. La edad es una indicación, el sexo es otra indicación, la otra persona es un indicador, el momento, la seguridad de uno mismo, el carácter, la personalidad. No hay una filosofía por ejemplo que pueda confundir la realidad física de una mujer y un hombre. Esta diferencia en los cuerpos físicos es un dictado de la naturaleza. El crecimiento y nacimiento de un bebé sucede en la mujer, el hombre llegará siempre a la puerta de esta realidad física. En lo que si somos uno solo es en el ser responsable y en el acto.”
“Sucede lo mismo con cualquier acto en nuestras vidas, actos de amor, amistad, colaboración, trabajo, deportivo, etc. Uno puede ser violado en cualquier sentido por ser inocente, ser violado por no tener valor a negarse, ser violado por no conocer las consecuencias, ser violado por violadores, por amigos, uno puede ser el violador por irrespeto, por ganas, por abusador en el reporte de fuerzas. Pero el estar al tope de la situación es tener la madera resistente para toda experiencia nueva ó cotidiana.”
“No molesta”, le repetía Doguix a su hija, “que salgas a divertirte pero si preocupa el que no sepas en que casa y que harán porque fue alguien mas quien organizó todo. No cuesta el preguntar y aprender más de la invitación para llegar al nivel del tope de la situación. Cuando logres estar al tope puedes dar esos pasos adelante que te tocarán dar y hacer de esta forma evolucionar tu vida con mucha naturalidad y libertad propia como tu lo has deseado sabiendo las consecuencias y ventajas, y que no sea otra persona la que dicte qué debes hacer.”
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