capitulo 7

Capítulo VII

   

Sus Nuevos Amigos.

 

Ya Doguix se comunicaba con su familia de varias formas, ya Doguix comía los platos de la nueva cocina, ya Doguix se contentaba en jugar al soccer, ya Doguix tenía novia y  ahora Doguix había hecho grandes amigos. Habían cinco fuera de serie:

 

Glenn y Golden.

Glenn y su perro Golden, un muchacho del Este del país quien le decía a Doguix:

“Tu fútbol es para el nivel de estrellas y da un gran placer verte jugar con ese balón”.

 

Doguix sabía que Glenn era el mejor jugador de los criollos y tal vez se posicionaba entre los 3 mejores, pensando en el peruano. A Glenn le encantaba la marihuana, como también la guitarra, aparte del fútbol. La guitarra y Golden lo acompañaban a todos los lugares, eran simplemente inseparables. La amistad entre Doguix y Glenn era de viejos amigos, como si viniesen del mismo barrio. A pesar de su desequilibrio en el idioma se entendía muy bien con Glenn. De ahí empezó Doguix a entender que en verdad no había gente rara, sino gente nueva que no conocía pero que eran como él y gente nueva diferente que tampoco conocía que eran como la gente diferente que sí conocía en su ciudad. Se reía al pensar que eran “panas” y que en sus conversaciones había mucha riqueza de amistad, más que la de algunos de sus amigos de su tierra natal que ya conocía desde el primer día de avión. El propio Glenn le dijo a Doguix después de unas cervezas y de haber Glenn fumado su marihuana preferida:

 

“Doguix, yo aquí en Juja me siento como tu, bien extraño. Esto no es los Estados Unidos. Esto es otro país”.

 

Luego unos años después usaría esto como ejemplo para explicar una teoría que le vendría sobre el racismo, tema que descubrió en ese país raro. Su teoría era muy sencilla y consistía en que una raza está definida por el volumen de puntos comunes y no por color de piel, idioma, o valor económico. Un futbolista era más de su raza que un guitarrista..y pensaba en Max su compañero de cuarto quién venía de su misma cuadra. Lo único que le molestaba era que usaba nuevas neuronas para ocuparse de este tema. Doguix y Glenn iban a re-encontrarse en otro lugar lejano de este pequeño mundo después de perder sus rastros, pero iban a perderse de nuevo como un juego a gran escala del escondite infantil.

  Joao.

Joao, el brasileño del juego de “softball” y su traductor en los juegos era un brasileño bien brasileño. Era mayor que él como todos sus amigos, pero Joao era el mayor de todos, por lo menos lo reflejaba con su barba y su experiencia. Su inglés era perfecto y se mezclaba sin problema en ese ambiente en el que ya vivía desde hacía buen tiempo. Doguix siempre le decía a Joao en español que también entendía:

“Joao, vos sois tremendo modelo a seguir para mi aquí en este planeta”.

Joao siempre le decía:

 

“Mantén tu risa que siempre es por ahí que uno vive feliz mas tiempo”.

Los dos se entendían muy bien pero Joao tenía su camino adelantado en ese mundo que Doguix aún tenía que atrapar. Doguix veía eso muy claro y sabía que nunca lo atraparía porque pronto se iría de ese lugar.

 

Jaime, alias “Perú”.

Jaime, apoyado levemente por todos como “Perú” por el punto de origen de su primer viaje en avión, era quién le corregía siempre cualquier traducción que Joao hacía. Perú y Joao se entendían mejor y peor que entre Doguix y ellos por separado. Este detalle era bien interesante para los tres. Perú parecía un muchacho de la familia Robinsón….bien perdido en el espacio. Como cualquier muchacho que pierde la forma de regresar a su casa, pero por muchas razones. Una de ella era de querer regresar como decía él mismo:

“Con un título para regalárselo a mi Vieja”,

Refiriéndose con cariño a su Mamá. Otra razón  era que simplemente andaba perdido en su vida universitaria. Y por último Doguix le decía riéndose:

“Lo que te pasa es que perdiste todos los mapas por desordenado”.

A Doguix le encantaba estar con él porque tenía su toque para ver las cosas. Siempre era de tomar todo con calma, de no desesperarse para nada:

“Doguix pregúntate para que estamos en este mundo”,

Le decía varias veces Perú.

El continuaba:

“Estamos para vivir bien y tomar cervezas. En verdad no se envejece, se vive mas…!Que sabroso!”,

Doguix estaba consciente de que su amigo no insinuaba que eso era la foto completa de su vida.

“Jaime”, llamó Doguix a su amigo por su nombre, “hay tiempo para todo, ¿verdad?”.

“Claro, ¡chucha!. Al fin alguien quien me entiende con pocas palabras. Gracias Doguix, no sabes el peso que me quitas del cuerpo.”, le contestó Perú semi-riéndose.

Doguix sabía que el andar con gente nueva era una función especial para entender el verdadero sentido del lenguaje, ese lenguaje que está en el centro de todas las palabras y frases que se oyen. Además  las palabras de sus padres en casa,  le aseguraba que era un pedacito de la vida la que le contaba su amigo con esta frase, pero su epicentro era el buscar ser feliz.

Un minuto después Doguix le replicó a Perú:

“Lo que si debemos saber es saber que hay tiempo para todo y que este tiempo tenemos que administrarlo lo mejor posible para obtener responder a nuestras responsabilidades. Debemos tener tiempo para estudiar, tiempo para bailar, tiempo para jugar, tiempo para comer, tiempo para dormir. Este es un secreto del aprovechar la adolescencia, la juventud, el saber que se puede hacer todo y de todo. Y como gran secreto te digo que si hay que aprovechar algo es el presente. Es el presente el momento cuando uno actúa y es ese momento que hay que saber hacerlo y para eso hay que responder en el presente bien y a full-chola.”, dijo esto pensando en las palabras de su hermano Charro, “no todo es jugar al fútbol”.

Perú lo miró a la cara con una cara de “Que ¿qué?” pero aprobándole sin saber exactamente lo que dijo:

“Si Doguix, otro día me lo explicas. Vamonos ya”.

  Doguix se reía mucho cuando lo buscaba en su cuarto para salir por ahí, especialmente en las mañanas porque toda la ropa que tenía se encontraba tirada en el suelo. Parecía un cuarto revisado por la policía secreta bajo un gran apuro. El se reía y sin quejarse iba seleccionando sus medias, una camisa por ahí, el pantalón por  allá, todo recogido del piso y siempre con un:

“Chucha hermano, que dolor de cabeza…no recuerdo nada…que pena siento…¿qué habré hecho?”.

Esa habitación era el acabose final pero bien feliz, o si no una prueba fiel de que el “big bang” aún mostraba su efecto de onda. Doguix luego de hacer familia se reiría con un placer interno porque eso se le contagió a su hijo mayor como si fuese un virus que tendría in vitro desde esos días de amistad con Jaime y despertó al saltar sobre su hijo, era casi una fotografía similar los dos cuartos.

 

Algo que le enseñó Perú a Doguix fue pasear el centro de la ciudad, ir a un bar estudiantil, divertirse en la noche y regresar a la residencia sin caminar. Su secreto era tomar una bicicleta de los compañeros de residencia sin permiso, sin saber quién era su dueño. Simplemente que la seguridad era tan grande que la gran mayoría no aseguraban sus bicicletas con candados. Perú llevó a Doguix una de esas noches a vivir una de esas aventuras. Doguix no paraba de reírse pero se reía mas de lo sano de la intención que de la realidad que vería un  juez ante ese “delito” de tomar una bicicleta sin permiso y devolverla al final de la jornada a su sitio exacto. No repitieron esto mucho pero si cada vez que se les ocurría. El gusto por la bicicleta nocturna le hizo comprar a Doguix una bicicleta para cubrir con el gusto por la bicicleta diurna. Pero Perú mantuvo su gusto nocturno intacto como siempre, muy estudiantil.

La seguridad por la propiedad privada fue uno de los grandes placeres que  Doguix vivió.  Para él fue como un semi-descubrimiento, algo que conocía ya desde su ciudad pero no tan extendido como en ese lugar. No era completo porque aun habían señales de candados, pero le llamaba mucho la atención ver un guante en el suelo por varios días, unos lentes olvidados en los baños por varias horas, bicicletas y juguetes en los patios del frente de las casas durante el momento oscuro de la jornada. Sentía que se prendían unos motores en su ser. No era el movimiento de esos motores lo que le resaltaba, sino el saber que existían en su cuerpo. Algo que se decía es que esto es un buen comunismo.

“¿Es éste el comunismo que he estado estudiando yo?”, se preguntaba y llegando de madrugada a su cuarto en una de esas noches de aventuras con las bicicletas de Perú, se quitó los zapatos solamente y se tiró a la cama a dormir más por el cansancio que por la hora. Girando su cuerpo hacia su lado derecho con la cabeza sobre la almohada y las dos manos unidas por debajo, se puso a pensar con los ojos abiertos:

 

“Esta tranquilidad espiritual y el placer del fruto de este nivel de seguridad por la propiedad hace que uno piense en un siguiente plan, en otro nivel, en desarrollar, en producir, en crear nuevas cosas,  ya que no bloquea estos motores que siento. En dos palabras, uno crece, se transforma en un ser práctico.

El ser práctico no es el ser “vivo”. La viveza es tomar un atajo  salvaje donde tal vez le permita  a uno de llegar al objetivo pero con la diferencia que se llega siempre mal, sin experiencia para el futuro y mucho menos sin conocimientos.”,

 

En ese instante sintió Doguix un “flash” de unión entre el avenir y el presente, apenas le hizo parpadear sus ojos como guardando así el reflejo en algún lugar escondido de su cerebro, pero continuó con su pensamiento que le hacía saborear la frescura de la funda:

“Es una llegada temporal a la meta sin memoria, debido a que la viveza solamente captura momentáneamente la percepción inmediata de la acción actual. No existe en el mundo de la viveza, una historia en la cual confiar las decisiones que se deben tomar, repitiendo entonces, errores y aciertos como jugando a una ruleta perpetua. Su crecimiento es muy oscuro y atrofiante, su mundo es otro mundo. Mientras que el mundo práctico se apoya en un nivel de confianza formado por el constante chequeo de la historia, haciendo así reducir las probabilidades de errores en las decisiones para permitir crecer con claridad y placer a la siguiente generación, su mundo es universal. Esto es lo que es construir historia. Coño este lugar debe ser su gente bien práctica, si todo aquí es como con las bicicletas  de Jaime”. Teorizaba Doguix ya con sus dos ojos cerrados por la oscuridad del cuarto, no había luna llena arriba. Continuaba pensando  Doguix su conversación consigo mismo:

“La practicidad es un camino construido en base a la experiencia. La historia es una herramienta de creatividad y verificación, donde se van anotando los errores y triunfos de cada evento vivido.

 

La seguridad arropa bajo su manto una confianza en el otro miembro de la sociedad, en la otra institución, en el otro con el que nos interrelacionamos. ¡Coño fíjate!, es importante también entender y aceptar que todos estamos interrelacionados como sociedad, hasta este pueblo y esta gente de aquí unidos. Coño que machete! Ahora veo que hasta tenemos otros caminos de comunicación. Lo que hacen aquí debemos sentirlo allá en casa y viceversa. Uhmmm…que arrecho!”.

  Se sorprendía Doguix con lo que amasaba en su cabeza y proseguía sin sentir sueño aún:

  “Aquel que “sea vivo” en su actuar, hace daño a todos, afecta negativamente a la armonía natural. No estamos inmunes a ninguna actuación en todo el sistema, somos un todo.

Antes que me duerma debemos ofrecer confianza y para esto se debe bailar una danza de juicios establecida por la naturaleza humana, llena de interrelaciones sociales y ecológicas, de manera seria y responsablemente. Este reclamo debe ser parte de un engranaje completo de un sistema de intereses naturales de toda la sociedad. Es un camino a la confianza, a la seguridad, a la practicidad, a la construcción de historia.

  Ese día de ser prácticos seremos unos grandes creadores de ideas porque tendremos tiempo disponible para pensar, para hacer, para concentrarnos en otras cosas útiles y no como el vivir en esa pérdida de tiempo en colas, burocracia, en pre-ocupaciones, en la desconfianza. La practicidad no garantiza en ningún momento que las creaciones sean benignas para nuestro mundo. Es el ser moral que lo garantizará”.

    Este era el impulso que veía con sus nuevos motores encendidos. Doguix, como siempre lo anotó en su caja de valores para su familia y esta vez ya durmiendo su segundo sueño vería que muchos años después iba a precisar mejor esto con un amigo del fútbol universitario con quién fue un sólido pana en el deporte y en las discusiones sobre el marco socio-político-económico, Jonsul, se llamaba.

  Seguía en cama pensando en su familia contándole la aventura de las bicicletas de Perú  y unos segundos después pinceló una sonrisa en su cara dando muestra de la llegada a casa con su vehículo molecular.  …….zzzzzzzZZZZZzzzzzZZZZ.

  Roy, the kid.

Roy, un muchacho tranquilo quien introdujo a Doguix en el juego de “racquetball” era su cuarto gran amigo. Se entendían mucho por razones muy parecidas a la Organización de Naciones Unidas. Roy sentía que Doguix estaba muy lejos de su país y  él entendía muy bien lo que era eso porque él venía de Boston, otro Estado de Los Estados Unidos y sentía mucha nostalgia también por su tierra natal, por su familia. Además había lo común y es que ambos eran nuevos en la Universidad. Ellos, fuera de jugar fútbol, solamente salían juntos para jugar “racquetball” y los días de primavera a jugar “volleyball” con Sue, la novia de Roy, en el campo verde de las residencias.

  George.

Entrando a comer en el restaurante, Joao llama a Doguix para presentarle a un nuevo amigo, recién llegado a la universidad. Fue alguien que llegó como un paracaídas sin orden de calendario escolar. Al conocerlo esa tarde, fue muy fácil conocerlo, George hablaba perfectamente el español, a pesar de ser un brasileño de nacimiento y crianza infantil, pero suizo por sus estudios de bachiller y por su madre. Ese muchacho hablaba todo a la perfección, por lo menos eso es lo que notaba Doguix en su poco nivel de catador de idiomas, hablaba portugués, francés, español, inglés, y tal vez otro más por ahí. Su nombre inicialmente no iba con su cara, pero al saber lo equivalente de dos meses de amistad con él, veía que se le amoldaba. Su padre brasileño y madre suiza lo vieron nacer en Brasil, su divorcio lo vieron vivir en suiza, y su vida de adulto lo llevó a los Estados Unidos. Doguix sin mucho entender sobre este recorrido, pareciese sentir que iba a realizar un camino parecido en su vida pero lo que no sabía era que daba los pasos en sentido contrario.

  George visitaba muy a menudo a Doguix porque intercambiaban ideas de todo tipo, menos de “futebol”. Conocía de clubes pero no era una pasión, su pasión era la lectura y los idiomas, a Doguix le agradaba el lado cultural y en lo que coincidían era en los libros y el hablar sueltos por horas de cualquier cosa que les llegase a la cabeza. Su deporte era nadar por placer y no por competencia, iba todos los días a la piscina de la universidad. Se sentía tan a gusto ahí que olvidaba hasta las cosas básicas como el ponerse su traje de baño.

George y Joao se entendían bien por su portugués de los dos, se entendían bien porque los dos se entendían bien con todos. No se les oía criticar a nadie, simplemente reírse de muchos. Pero eran diferentes, muy diferentes, pero en verdad George era muy diferente a todos, a pesar de eso, hablaba hasta con Perú.

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