Capítulo XV
La Fuerza del Verbo Accionar.
Doguix despertó sus ojos y buscó la hora en la oscuridad de su cuarto, era una noche de lluvia interminable, suave y tímida. Nada que ver con la fuerza de las lluvias tropicales que vivió desde pequeño. La lluvia que se oía, se vestía de música natural de fondo, hecha con la meta de hacer dormir a la gente, pero Doguix tejió un ritmo a las gotas para hacerlo reflexionar. Esa noche sintió una mutación molecular en su ser, los impulsos nerviosos que le llegaban a su cerebro no solamente palpaban sus ondas sino que las podía ver como un gran operador de máquinas inmerso en su testa. Parecía que él era, como algo aparte de su ser pero formando composición de su ser biológico el gran director de todo eso y comenzó, aprovechando que la lluvia había acelerado su joropo, a enfocarse con la información que llegaba en forma de estímulos enviados por su dormir bajo la lluvia. Como indicación para ese él acostumbrado a ser un ser como un todo, enviaba señales de abrir el párpado izquierdo y cerrar el otro, lo intercambiaba. No solo eso, sino que movía los dedos del pie como si fuesen teclas de pianos, logró hasta voltear el cuerpo completo de un solo lado y levantarlo sobre el dedo meñique derecho. Fue toda una proeza para Doguix el mover y balancear el peso de su cuerpo hacia un punto céntrico como un embudo sólido al revés, fue su prueba final en esa madrugada de que era él, el único que controlaba todo lo que sucedía en su ser como un operador de tractores independiente al resto y con una claridad total de estar viviendo ese momento. Al tener todo bajo su mando como cualquier piloto de avión antes de despegar prosiguió a interpretar los impulsos nerviosos nuevos que llegaban a la sala cerebral. Las imágenes que componía de los estímulos eran vistas que detallaban la acción específica de los policías de la ciudad en la que vivía, veía como los verdaderos maestros de escuelas realizaban una acción particular, que la gente que recogía y traía sus preciosas cartas de correo efectuaban una acción también, que ellos como estudiantes accionaban en lo suyo, que los vendedores que iba descubriendo en las tiendas tenían una acción propia, el Director del Instituto mostraba un accionar en su vida, el Presidente de La Universidad, los mesoneros de restaurantes, los chóferes de las busetas de sus viajes soccerianos, en fin se le fueron unas dos horas identificando acciones específicas en cada individuo, en cada grupo. Aún llovía. Las fotos que interpretaba eran todas apuntando a la acción, la acción de hacer, de construir, la acción de aquel, de ese, de ellas, del otro, era un accionar infinito de íconos. Oyó que su compañero de cuarto se volteaba en la cama de al lado, como dándole un chance al lado frío de la almohada, pero esto no lo distrajo en su tornado cerebral, simplemente fue una corta salida de recreo. Al retomar los impulsos nerviosos para seguir interpretando encauzó su análisis a crear una analogía del producto nacido del accionar. Doguix ya sentado dentro de su cerebro tipió en su máquina central:
“El accionar es tayar (cometiendo un error ortográfico) nuestro medio ambiente, siendo esto el evolucionar de la humanidad. Tayamos (seguía en su error por pensar que ´tallar´ se escribía con ´y´) al planeta, sus ríos, selvas, su atmósfera; tayamos nuestros edificios, escuelas, ciudades; tayamos las guerras, las cooperaciones, las producciones; tayamos las filosofías, las historias, los libros. En fin, tayamos transformando el mundo según nuestro accionar. Son aquellos que accionan como líderes, que accionan por encontrarse en las mesas de decisiones de las acciones a ejecutar, que accionan porque se encuentran en una actividad de acción de importancia, como un ejecutivo de empresa, un gobernador de estado, un jefe de una organización, como un jugador del equipo del barrio, como padres de familia, como director de escuela, todos estos y los que los deben acompañar hacen que la evolución de la humanidad siga el rumbo tayado por este grupo de seres.
Es una marca grabada en una superficie tomando una forma como hace un artista cuando crea una obra sobre la madera. Lo único es que la madera es nuestro planeta, nuestra ciudad, nuestra sociedad, nuestra vecindad, nuestra escuela, nuestra casa, nuestra familia, nuestro ser, nuestro todo”.
Cabeceó perdiendo los controles, empezaba a atacarle el sueño, vio como su ser operador se había derramado por esas mallas filtrantes pero de alguna forma regresó a la silla en forma completa como hace unos segundos atrás. Al ajustarse de nuevo en el asiento y apretando con seguridad las palancas de movimiento, continuó con su interpretación de todo eso que caía como una catarata de río de impulsos. Hizo que las piernas saliesen de la cama dándole un giro al cuerpo y aprovechar la energía en movimiento para sentarse al borde. Logró sentar a su cuerpo como gimnasta olímpico sin crear un ruido desagradable para la hora, estando en esa posición hizo subir su brazo derecho y rascarse la cabeza para ayudarse a recordar en lo que estaba pensando antes de la recaída de control. En eso, aparecieron de nuevo las imágenes de acciones por lo que funcionó su idea de sentarse y rascarse. Repuso la hoja donde tipiaba en la máquina y releyendo lo escrito hasta ese momento, prosiguió:
“Es importante el accionar, mejor dicho el ser actor. Hay un accionar de estudiar, de aprender que nos hace cambiar nuestras conductas, nuestras acciones. Es entonces ocuparse de ser culto pero con un objetivo muy claro de participar en la acción para no permitir que otros actúen sin formación. Hay un actuar interno y hay un actuar social. El accionar social está internamente basado en el accionar interno unido con el resto de los accionares. Es como ser un punto aislado y ser un punto de una red. Nuestro accionar como punto de esa red debe ser efectivo, preciso y especialmente libre. Debemos formarnos para ser actores principales en todo lo que vivamos, participemos, estemos, para que nuestro mundo sea el mundo mejor tayado por una fuerza de acción responsable. No dejemos que mediocres, oportunistas, incapaces tomen las riendas quienes accionan sin mirar ni entender los verdaderos estímulos a interpretar y responder valiosamente. Es por eso queee”
La luz del día estaba ahí mirando por la ventana de su cuarto, Doguix despertó del lado opuesto de la cama, con la cabeza hacia los pies como era normalmente, y sobre su cobija. Doguix levantándose vio unas hojas en su máquina de escribir y leyéndolas le dijo a Mac: “You write this?. Bery interesting, interesting”. Mac se acercó sabiendo ya la respuesta y al tomarlas le dice a Doguix: “Are you kidding me?. This is in Spanish!”, Devolviéndole las hojas y sin preguntarle sobre el tema de esas páginas. Doguix las tomó y dijo: “Epa, is tru”, Pero internamente se decía: “¿Coño quién habrá sido?
Doguix dudó de Mac, dudó en ese momento de que hablaba español. Pero era más fuerte el pensamiento de que tal vez hubiera sido alguien que las dejó en su máquina antes de despertar, pero sabía que la puerta estaba cerrada. Lo único que hizo fue decirse que algo de ese lugar hacía que se produjesen cosas que no lograba entender dejándose ir por la grama mágica y por el empujón invisible.
“Sí entendí algo de esto es que uno debe de actuar porque son ellos los que disfrutan de la taya del medio, mientras que aquellos que no están tayando desde las mesas de decisiones están siendo afectados por la transformación de la madera tayada”, lo escribió en el espacio en blanco de la última hoja que había sido dejada sin terminar.
Le mostró a Max estas hojas preguntándole si había sido él quién las había dejado en su mesa de cuarto. Max, riéndose de sus ocurrencias, le dijo: “Deja la broma porque “tallar” no se escribe así como la escribiste a máquina y a mano, es con doble ele”. Esto le hizo girar su cerebro en la cavidad, sintió el giro, pero no perdió la vista ni el habla. Sencillamente su frente disparó un impulso por todo el cuerpo que lo abrazó como una ola continua fría. Le quitó los papeles de la mano con una sonrisa que le pintó la cara de rojo y no pudiendo esconder la movida de piso de seguridad que sufrió. Max lo notó, Doguix notó que Max le había hecho ver que fue él en algún momento de su vida quién escribió esas letras.
Guardó esas hojas para siempre como un recuerdo de algo que tenía que descifrar sobre ese texto, mientras veía de nuevo, pero esta vez como un disparo, su frase atravesada: “Yo lo que quiero es irme a Los Estados Unidos”, Que torpemente le había facilitado como respuesta a su Mamá, y ella accionando con el cariño de una madre que solamente puede tratar de cumplir con los deseos de su hijo. Su accionar le talló una nueva carretera de vida. Detallaba las acciones que efectuó su Mamá para lograr lo que había interpretado. Leyó en la prensa el anuncio de becas, fue a la oficina de correo a recoger un folleto de inscripción, llenó los datos del documento, regresó al correo para enviar el gran sobre, y esperó sentadita en casa hasta el día que Rayan le leyó entre dormido su aparición en la lista negra. Se dijo: “Uhm…..que sencillo es hacer cosas inmensas”, Felicitando a su Mamá por su eficiencia. Era una felicitación en un solo sentido.
Se paró de la silla donde se había posado en equilibrio como ya tenía acostumbrado a Max, y gritó: “! Participar !, claro participar…hay que participar…es lo que hace realidad la tallada”, mostrando su corrección en la última palabra.