Contar las mismas historias…

Contar las mismas historias.

La psicología dice que cuando las personas mayores de 75 años cuentan las mismas historias una y otra vez (el compañero de guerra, el primer coche, la noche en que se conocieron), no están perdiendo la memoria; los investigadores lo llaman revisión de vida, y están haciendo la edición final de qué versión de sí mismos se conserva

Que una persona mayor hable más del pasado no significa automáticamente que esté estancada en él.

Escuchar a un adulto mayor repetir la misma anécdota suele asociarse al paso del tiempo. Sin embargo, la psicología sugiere que este hábito esconde un proceso mucho más profundo.

En la década de 1960, el psiquiatra Robert Butler introdujo el concepto de «revisión de vida». Según su teoría, mirar hacia atrás ayuda a ordenar décadas de decisiones y pérdidas. Él denominó a este proceso revisión de vida. No se trataba solo de contar historias, sino del trabajo más amplio de reflexionar sobre todo lo sucedido y determinar su significado.

Butler pensaba que el trabajo podía generar aceptación, coherencia y, en algunos casos, algo parecido a la sabiduría. Esa es la primera corrección a la suposición de la familia. Que una persona mayor hable más del pasado no significa automáticamente que esté estancada en él. Mirar hacia atrás puede ser parte del desarrollo personal en la edad adulta, no una evasión del pasado.

REDACCIÓN CLARÍN

En la década de 1960, el psiquiatra Robert Butler introdujo el concepto de «revisión de vida». Según su teoría, mirar hacia atrás ayuda a ordenar décadas de decisiones y pérdidas.

 

Esta práctica no representa un retroceso ni un olvido. Funciona más bien como una edición final, donde la persona selecciona activamente qué versión de sí misma quiere legar al futuro. No se trata tanto de olvidar, sino más bien de editar. La persona selecciona, de entre todo lo sucedido, la versión que se conservará

Las historias que triunfan una y otra vez

Las personas mayores tienen unas 10 historias desde 1965 y siempre las repiten. Sin embargo, décadas enteras apenas se mencionan. Pero eso todavía no explica por qué siempre son las mismas historias y no las otras mil cosas que sucedieron.

Las personas mayores tienen unas 10 historias desde 1965 y siempre las repiten

Los investigadores identifican un fenómeno llamado «pico de reminiscencia». Este concepto explica por qué los recuerdos más intensos se concentran entre los 10 y los 30 años de edad.

Ese es el período en el que las personas acumulan sus primeros trabajos, primeros amores, matrimonios, servicio militar, se independizan y otras experiencias que dan forma a la persona en la que se convierten.

Los investigadores identifican un fenómeno llamado «pico de reminiscencia». Este concepto explica por qué los recuerdos más intensos se concentran entre los 10 y los 30 años de edad.

Investigadores de la Universidad Queen’s descubrieron que cuando los adultos mayores cuentan historias repetidamente, el 87 por ciento de esas historias provienen precisamente de esta ventana.

El resto de la vida también tiene acontecimientos, pero tienden a repetirse.

En ese período se acumulan hitos como el primer empleo, los noviazgos o la partida del hogar. Son vivencias clave que terminan de moldear la identidad de cada individuo.

El estudio también descubrió que los relatos se seleccionan según el oyente. El narrador entrega recuerdos específicos a personas específicas, como quien hereda un objeto valioso.

El psicólogo Jeffrey Webster diseñó una escala para medir la reminiscencia. Destacó dos funciones clave de estas historias: reafirmar la identidad y transmitir enseñanzas. Al repetir una hazaña, el mensaje implícito es «Fui valiente. Recuérdenme así». El valor real no radica en el dato exacto, sino en la enseñanza y la identidad que se transmite.

Según la investigación de Queen’s, las personas ensayan unas diez historias específicas. Estas se convierten en la versión portátil de su existencia para que otros las conserven.

El estudio también descubrió que los relatos se seleccionan según el oyente. El narrador entrega recuerdos específicos a personas específicas, como quien hereda un objeto valioso.

Con el tiempo, la anécdota deja de pertenecer solo a quien la vivió. Los familiares aprenden los remates y las replican en reuniones, asegurando la supervivencia del relato. Es importante diferenciar este proceso de la demencia. El deterioro cognitivo suele acompañarse de desorientación temporal, problemas con tareas cotidianas y cambios de conducta.

En una reminiscencia saludable, el adulto mayor reconoce a su interlocutor, mantiene la coherencia del relato y expresa emociones que coinciden con el contenido de la historia.

Si los detalles cambian constantemente o el narrador se muestra sorprendido por sus propias palabras, se requiere atención médica en lugar de una simple escucha paciente.

Esas historias recurrentes son las vigas que sostienen su identidad. Al repetirlas, logran que los más jóvenes las aprendan y las mantengan vivas cuando ellos ya no estén.

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