Capítulo X
Formación en Vida Espacial.
Doguix llegó a un biorritmo idéntico para esos días: clases, fútbol, comer, televisión y dormir. Mantuvo ese cuadro por un tiempo hasta que empezaron a salir a jugar representando a la Universidad en sitios lejanos. No era mucho lo que le atraía viajar por carro y menos cuando se paraban a desayunar con Jamaica a su lado. Fueron a pueblos cercanos, lejanos, fueron a sitios que no le parecían diferentes de donde estaba. Solo que las canchas variaban algo. Y así se caracterizó toda su vida por el resto de los días, descubrió que todo lo que hacía concluía en el fútbol y giraba alrededor de su Madre y el resto de la familia.
Nueva Novia.
Kati y Doguix no sufrieron más cruces de clavos. Ahora se reían con oficio. Grandioso fue para ellos repasar los momentos de diccionario. Su inglés no era ningún secreto, seguía de un mal nivel pero se concentraba en pronunciar mejor las palabras. Kati le preguntó que quiso decirle en el cine la primera noche. Le contó, repitiéndole varias veces para ser comprendido. Ella le comentó que se asustó algo por los gritos de semi-lobo que hizo varias veces esa noche en la sala. Doguix le replicó riéndose que lobo era de sangre esa noche por ella, pero sin luna llena. Nunca se le ocurrió explicar el origen de su primer beso a la salida del pasillo de su héroe. No volvieron a salir ni cuando Doguix mejoró su inglés. Ya no era la misma ventana de espacio-tiempo que los dos compartían. Ahora tenían una relación entre ellos donde había un sabor con ingredientes de hermanos, a pesar de que Doguix insistía internamente que todas las probabilidades entre ellos dos estaban aún en juego.
Pasaron varios días que había dejado de salir con Kati por mutua asunción, por lo que Doguix comenzó a salir con una nueva chica que le enseñó algunos nuevos secretos de conejos, a pesar de que fue una linda relación, no memorizaba su nombre pero sí su ser. Era una chica de bachillerato que salió con él inicialmente basándose en un engaño religioso. Doguix mintió al ser preguntado sobre su fe religiosa en el primer contacto. Fue la primera pregunta que le hizo Samantha y fue la primera mentira que le funcionó. Rápidamente Samantha supo de esa mentira pero ya era tarde para romper con sus gustos. Las revolcadas de muchachos fueron todas experimentales, sus salidas fueron todas cariñosas, sus conversaciones fueron todas de muchachos.
Doguix empezaba a sentir un cambio de fuerza en la entonación de sus palabras en inglés, gracias a la repetición en su rol de novio de Samantha. Doguix veía que Samantha era una chica muy cosquillosa y simpática que le era fácil conversar y reír. A Samantha le agradaba mucho estar con Doguix por la mezcla que sentía de aire natural y exótico para su ambiente, pero había fundamentalmente, el encanto que generaba la facilidad de esa relación. No sentían compromisos, no sentían responsabilidades, no sentían amor, sentían sencillamente el placer de verse y compartir tiempos juntos. Samantha le trataba de ayudar en algunas pronunciaciones pero solamente lo hacía sin pensar en que corregía. Doguix la llamaba en español con mucho aprecio e inocencia personal, “mi diccionario de pelo largo”, como su hermano Jowi le había aconsejado el día que vivieron en Nueva York. Samantha se congraciaba con él haciendo un movimiento de bailarina con el que lograba hacer volar su cabello largo a su alrededor.
Un día Doguix le pidió el favor a Samantha de traer una amiga para presentársela a Max,
“Y asegúrate que no sea mas linda que tu”,
Se lo dijo con unos ojos de “por favor”.
Doguix fue al cuarto y le dijo a Max que se preparase porque iban a salir en un “double date”. Fue Max quien le enseñó el término tratando de abrirle los ojos a Doguix para que le diese una mano en esto. Esta fue la catira que le trajo Doguix a Max, era una chica linda donde Doguix le dijo a Samantha en el oído:
“Bery close, Bery close”, para indicarle lo cerca que estuvo de quemarse con la candela de la belleza de su amiga. Max no creía lo que veía, lo que hacía era reírse de la realidad que no llegaba aún a asimilar su realidad y le chequeaba aprentándole la mano a Doguix esporádicamente como señal que no era un sueño. Salieron al campus universitario a tomar unos refrescos y comer hamburguesas, de ahí fueron a bailar en la misma sala de baile donde Doguix había mentido a Samantha que era Mormón. Al final de sus cansancios dejaron que Max y su amiga fuesen de su lado y ellos por el lado que ya conocían.
Cuando el día amaneció, Max estaba ya vestido, leyendo uno de sus libros, el cual cerró cuando vio a Doguix despertar de sus entrañas, y le dijo:
“Hoy pago yo el desayuno, vamos al centro a comer”.
Max continuó su amistad con esa chica y con cierto empuje, hablaba ya el lenguaje en un nivel aceptable para su edad, lo que le permitía crear las conversaciones deseadas, además de ser muy aplicado para todo esto. Doguix era mas bien alguien que vivía aún una película, aunque había creado ya su estrategia final y fija para aprender este idioma, pues sabía que su mejor herramienta era Samantha a pesar que nunca la vio como pieza ni como algo de interés para mejorar su idioma, era simplemente su amiga a quien apreciaba mucho, eso era todo. Doguix entendió por su propia medida que el hablar con alguien nativo era la mejor medicina que podría tener para hablar a la rata de velocidad normal y sin acento. Era cuestión de ser loro y niño en el aprendizaje, repetir sin razonar pero sintiendo completamente lo dicho, lo oído. La gramática vendría de las clases, el vocabulario de las lecturas, el oído del televisor y la radio, pero el hablar y el acento eran de Samantha, de Kati, de Roy, de Sue, de Glenn, de esos pocos que frecuentaba en su vida diaria. Esto se lo dio como dato de premio Nóbel a su familia:
“Dime con quien hablas y te diré como te entienden, dime cuanto lees y te diré lo que tu entiendes”.
El Intelectual.
Doguix poco a poco iba descubriendo una nueva sociedad, nueva no en sus habitantes, pero si en su organización, en su arquitectura, en sus cosas cotidianas, en su suelo. Algo había que lo hacía sentir efectivo en lo que salía a realizar, pareciese que todo estaba a su disposición y a su alcance. Recordaba cuando salió a reparar sus zapatos, cuando salió luego a comprar unos nuevos, cuando iba a comprar un libro, un “sweater”, una hamburguesa, lo agradable que sentía el ambiente y su comodidad al prepararse para un entrenamiento de fútbol, y luego después al vestirse de nuevo, la tranquilidad de no perder cosas, pareciese que tenía todo el tiempo para sus estudios, para producir o construir ideas, cosas. Doguix a veces le exponía estas inquietudes a Max, siempre era cuando Doguix ponía los dos pies sobre la mesa del escritorio y se apoyaba hacia atrás en su silla como haciendo equilibrio de circo, mas que buscando una posición de descanso. Esto lo hacía primero pensando y luego se lo dejaba al instinto, así evitaba ser distraído por las intrigas, igual como un buscador de tesoros perdidos. Max no lo atendía nunca, ya que gastaba toda su concentración en conseguir esa misma posición de equilibrio que Doguix en un santiamén lograba, apenas era exitoso en gemir un “si” o un “no” referente a lo que Doguix le exponía. No había opinión de parte de Max. Pero así como Max estaba en lo suyo, Doguix se perdía en lo suyo constantemente sin notar nada extraño a su alrededor, como en su primera fiesta de Glenn.
“Fíjate Max, que me acostumbré ya a no pensar en llevar un paño al gimnasio cuando voy a jugar fútbol”,
Le comentaba Doguix ya con sus dos brazos doblados atrás como sosteniendo su cabeza en el aire:
“Esto me dice ya, que voy a tener problemas cuando vaya a regresar a casa, se me olvidará llevar un paño. Tendré que pensar en llevar uno, en no olvidarme, preocuparme de tener un paño limpio, disponible en casa. Bueno, también volveré a la normalidad. Bueno, en verdad es a salir seco del vestuario a lo que en sí me he acostumbrado”.
Mientras terminaba una frase, la encadenaba con otro pensamiento:,
“uhmmm…Fíjate Max. Ahora estamos como vistiendo nuestros cuerpos con piel de extraño, piel de esta gente, de aquí. Báilame ese trompo en la uñita”, le agregaba Doguix como desafiando a Max a buscar una respuesta como contrincante, pero era en verdad él mismo quien se exigía una buena explicación.
Max seguía poniendo un pie en el suelo, caía continuamente de la posición de yoga que Doguix aún mantenía sin movimiento alguno.
“Max, creo que uno lo que debe hacer es lo que estamos haciendo pero de una forma natural, sin razonar mucho como lo estamos haciendo (incluía a Max), simplemente vivir la vida. Debemos digerirla como lo hacemos con la comida, usar el buen sistema digestivo y comer cosas sanas. Pienso aún que la idea es girar alrededor de los principios formados en casa y crecer en cada giro como una espiral que abre sus alas cada vez más. Evitar que el orgullo y la pena crezcan con esta comida del vivir cada día nuevas experiencias, sino que crezca el sentir, el querer, el respetar, el producir, el hacer cosas nuevas y sanas”,
Recordando las palabras de su Mamá.
Al mismo tiempo le agregaba:
Pero para mi es el corazón la llave del vivir, si aún funciona, aún permite vivir”
Y
“Pum-PaKa-Tupan!”
Se oyó una caída de espalda alborotosa. Era Max en su maniobra, Doguix se volteó bruscamente a mirarlo en el suelo sin perder su punto flotante y le dijo:
“Max, creo no sentir lo mismo que vos”,
Max se sobaba su cabeza, Ó golpe! que venía de darse,
“Necesito mas tiempo, pero creo que estoy cerca de una gran teoría”,
Bajando los pies y la silla suavemente, le dijo a Max en “Espanglish”:
“Vamos al “bookstore”, necesito oler nuevos books”.
La Confianza En El Otro.
Max y Doguix estando en la librería de la Universidad revisando libros y accesorios deportivos, se toparon con un muchacho conocido de la residencia que compraba ropa de atletismo. En ese momento el muchacho se guardó una franela debajo de su camisa. Max y Doguix lograron ver el acto como dos invitados y mirándose los dos se preguntaron en una sola mente, en la de Max:
“¿Chamo, tu viste lo que vos viste?”.
El amigo los miró enviándoles una sonrisa de cómplice y normalidad de muchacho. El monstruo salió de la tienda como si estuviese en el patio de su casa, atrás mientras tanto, se quedaban como petrificados los dos panas. Max, quien no paraba de reír y Doguix quien comenzaba a sudar pensando que era él quien tenía la franela escondida. Les costó salir, pero lo hicieron finalmente.
Fueron a tomarse un refresco cerca de la librería y al sentarse Doguix reta a Max diciéndole:
“Vos no sois capaz de robarte una franela del “bookstore” como ese chamo”.
“Tu menos!”.
“Te apuesto que una franela no, pero si un short que necesito”, Soltando una carcajada.
“Vamos pues”,
Cuando regresaron ambos de nuevo a la librería, Doguix le pidió a Max que se alejase de él. Fue directamente a donde estaban los shortes y se metió uno debajo de su camisa sin titubear para nada. No sudó nada, y llamó a Max estando ya afuera. Max, al acércasele le dijo:
“Vamos ya a cenar antes que cierren y esta noche me pagas el cine por bocón”.
Doguix sacó el short de debajo de su camisa y se lo tiró a las manos de Max que éste por instinto lo atrapó, diciéndole:
“Max me debes el cine y cuídate que te están mirando”.
Max pensó que se moría en ese instante, no sabía que hacer. Doguix se lo volvió a quitar de las manos y lo volvió a guardar debajo de su camisa. Sin dirigirle la vista ni la palabra a Max, volvió a entrar en la librería y colocó el short en su lugar. Max aún no recobraba el oxígeno para cuando Doguix le dio una palmada en la espalda diciéndole:
“Lázaro, levántate y camina”.
En el camino, al recuperar el habla, Max le preguntó algo molesto: ¿Por qué se había arriesgado tanto?, ¿Qué quería probar?. Doguix le contestó:
“No probar, sino comprobar, comprobar Max, comprobar que este sitio es diferente, es raro, tiene algo que hace efectivo a la gente, hasta a los ladrones. No se, es a lo que ahora estoy tratando de buscarle una respuesta. Pero te digo aquí entre nos, en verdad no me interesa conseguir la respuesta a esto en estos momentos del presente. Lo que me interesa es vivir esto sanamente.”
Y terminó preguntándole:
“¿Tu sabéis como se llama el chamo ese que se robó la franela?”,
Tratando de imitar la forma de hablar de Max.