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Capítulo XIV

Choques en el Espacio.

“Market Rules”.

Doguix comenzaba a manejarse con cierto grado de comodidad en la ciudad para esos días. Fue al centro de la ciudad, al “downtown” (abajopueblo) a comprar unas gomas para entrenar con más dominio de balón y jugar “racquetball” con Roy. Pero al ver los zapatos que había traído de su ciudad con unos huecos en ambas suelas sintió pesar de dejarlos atrás, pues le gustaban esos zapatos por lo cómodo y por el estilo que nunca abandonaría. Decidió entonces buscar un lugar de reparación de calzados. Encontró uno a través de un muchacho de San Cristóbal que era además un gran ciclista quien le enseñó la efectividad del ritmo constante en el ciclismo, lo que usó para muchas otras cosas en la vida.

Fue al sitio en la ciudad y no le pidieron ningún pago anticipado, sino simplemente le dieron un recibo con una fecha para regresar a buscarlos. No quiso retrasarse un día y al llegar al lugar y mostrar su recibo, el señor muy amable le mostró el arte que había ejecutado sobre sus zapatos. Le impresionó lo pulido que estaban y lo nuevo que se veían. Sus suelas estaban completamente nuevas. Un trabajo muy profesional. Le hizo señas al mismo tiempo que preguntaba:

“How many?”.

El señor seguro que al oírle la pregunta, hizo lo mismo, le escribió en un papel mientras le decía:
“Fifty four dollars”.

Doguix ya se le habían tapados los dos oídos cuando vio el número 54 en el papel. Los ojos se le cerraron pero esta vez de una forma muy rara, era como si tuviese un hilo tejido alrededor del borde de los ojos, como un bolso con hilo, y alguien lo hubiese halado para cerrarlos, igual le pasaba en el cerebro. Cuando logró abrirlos, le dijo al señor:

“Ay ay ay!! Me no tener many dollars”,

Y le hizo una seña con las manos como haciendo un giro para indicarle que “mañana, mañana”. Al salir, los dos como los zapatos también sabían que Doguix no iba a regresar por ellos.

Doguix murmuraba mientras caminaba de regreso a su residencia imitando a Cantiflas :
“Tampoco que pues, que yo no, pues es que acaso si, no no no es tanto ese cariño que digamos, pssshuhis no pues si por unos zapatitos, pues no!”,
Y regresando a él se decía:
“! Que vaina !, le gustaron los zapatos a ese señor. Chao contigo zapatos, entiendan me pusieron una pistola en el pecho.”

No paraba el trote para llegar a la hora de la cena con tranquilidad y aún murmurando en voz para él solo:
“Fíjate que las cosas tienen un valor y una barra. No haría daño identificar las dos cosas antes….ay zapatitos esa barra no la puedo saltar.”

A los meses se compró unos zapatos por $8.50 dólares incluyendo impuestos.

“! En Garde !”

Doguix siguió viajando los fines de semana representando a la universidad en soccer. Nunca llegó a sentir de nuevo lo mismo cuando jugaba fútbol. Eran dos deportes diferentes. En su curso de inglés mantuvo un solo objetivo que era perfeccionar la pronunciación. No le importaba que no aprendiese mucho vocabulario, ni tampoco su gramática. Lo que le llegó solamente a interesar era darse a entender. Rechazaba lo que no apreciaba hasta durante las actividades en las clases. Un día la profesora le preguntó por qué no redactaba la descripción sobre su Mamá como todos sus compañeros de clase. El simplemente le contestó:
“El inglés no es bonitamente perfecto como para hablar de mi Mamá”.

Esto fue uno de los últimos actos que la profesora aguantó, salió del salón y Doguix fue llamado por el Director del Instituto. El Director le preguntó el por qué de su rebeldía, (El Director hablaba Español), Doguix le contestó que era parte de su derecho humano. No se volvió hablar más de las reflexiones de Doguix. Y Doguix sintió que ya tenía al Instituto bajo control, como si hubiese tocado una tecla mágica que lo llenó de tanta claridad.

Subiendo A La Torre De Control.

Doguix asumió posesión de la situación, las personas que tomaban las tizas para supuestamente enseñar inglés lo veían ahora con mucho respeto y tal vez mucho miedo. No era miedo de sufrir daño pero si miedo de que ya alguien había descubierto que no eran maestros verdaderos sino simplemente gente necesitada de trabajo. Un día uno de ellos se atrevió a incomodarlo inventando que cada quién en la clase tenía que hablar brevemente de una persona de valor internacional de su país de origen. El plan que tenía este profesor sin profesión era el de crear un circulo con todos los estudiantes donde él también iba a participar en el “juego” y consistía en que cada persona debía señalar un individuo de fama mundial de su país de origen que hubiera contribuido con cualquier beneficio a la humanidad. Si la persona de turno agotaba su lista de quién quería hablar debía retirarse del círculo hasta llegar a un solo ganador. Doguix oyó el consejo de su hermano Edher: “No te dejes joder por nadie”, que él había completado su traducción a “No te dejes faltar el respeto para que sepan que estás al tanto de su acto mal intencionado”. El señor de la tiza se sintió superior, mas por falta de cultura que por la inmensa lista que tenía preparada. Pero otros tenían unos paquetes de ejemplos como para durar varias noches sin comer, especialmente los Árabes. Lo que terminó con el plan fue cuando Doguix en su primera ronda dijo que la persona que indicó la ruta completa y detallada para ir a la Luna, “Mister Pala Luna Voy Y Vengo” fue alguien de su casa. Esto terminó destruyendo al de la tiza que paró todo con una voz que lo puso al descubierto ante toda la clase de que su nivel de inglés era peor que el peor de todos en la clase (Todos miraron a Doguix y le hicieron una señal de animo, el peor era otro) . Ya la clase confundida de haber pensado que el “profesor” finalmente no se había incluido en el juego por alguna razón de inseguridad, sino de pertenencia. El señor no hablaba ya en ese momento, un buen inglés y no se le volvió a ver mas en el Instituto. Doguix se reía pero no en plan de burla sino en plan de competidor. Era Doguix quién tenía la claridad de su lado, especialmente tranquilidad, la misma tranquilidad de culpabilidad que siente un inocente quien ha sido atacado.

Bye Bye Max.

Un día de cielo despejado con una claridad como de una lámpara encendida, entra al cuarto Max de regreso de sus clases donde su nivel de estudio del idioma era término medio y al encontrar a Doguix apretándose sus zapatos dispuesto a salir con Samantha le dice:
“Doguix necesitamos separarnos. Quiero irme a otro cuarto a vivir”.

Doguix levanta la cabeza sin dejar de ocuparse de sus zapatos y le contesta:
“¿Tu me estas pidiendo divorcio?, dame tus razones”.

Max riéndose pero tratando de mantener la seriedad de su plan le cuenta que es importante que se hagan un favor con el idioma, que ya han pasado una buena cantidad de días y siente que su inglés no mejora a pesar del regalo de catira. Que habla mucho en español durante el día, que requiere un mejor nivel porque desea empezar pronto los estudios universitarios, etc, etc. Ya para este momento, Doguix se encontraba sentado contra la pared con las dos piernas dobladas sobre la cama y la almohada sirviéndole de apoyo, escuchaba lo que Max hablaba. Le parecía mas una exposición de fin de año que una toma de decisión. Al finalizar Max su propuesta, Doguix le contesta:
“Busca tú el abogado y yo firmo los papeles. Es tu idea, vos decíme lo que es mejor para ti que yo estaré de acuerdo. Si vos queréis que sea yo quien se mueva tu dices. Yo entiendo que tienes razón, para las horas que invertimos como compañeros de cuarto. Ahora tendremos que medir el tiempo que invertiremos como amigos cuando nos veamos en el campo de la universidad. Epa, una pregunta: ¿Si nos vemos por ahí, nos evitamos encontrarnos para no hablar en Español ó nos comunicaremos en English?”.

Max suelta la carcajada con la tranquilidad de poder resolver su problema que traía arrastrado desde que empezó a molestarle su nivel de inglés, contestándole:
“In English, please!, only English”.

Al siguiente día fueron los dos juntos a la oficina central de la residencia para introducir su pedido. A los días fueron barajados en la misma residencia pero con compañeros nativos del país, cumpliéndose así el pedido sobre la práctica en el idioma. Doguix no le hizo mucho caso a todo esto, ya este cambio le venía como un simple paso, muy sencillo a dar.

RoomMate

Cuando Doguix llegó a su nuevo cuarto, estaba su nuevo compañero sentado amarrándose los zapatos militares. No se levantó para darle la bienvenida, estaba ocupado con la trenza de su botín. Doguix lo saluda, presentándose:
“I am Doguix”, posando su maleta en el suelo para comenzar a vaciarla.

El muchacho termina, pidiéndole disculpas y le dice que su nombre es Mac. Doguix lo vuelve a mirar y le dice:
“Max too?”.
Mac le contesta:
“No, just Mac”.
Doguix se quedó sin entender ahora si era Noyás Max o solamente Max.
Mac le preguntó:
“Where are you from?”.
Doguix esta vez no iba a equivocarse:
“Venezuela”.

Doguix notó de inmediato lo limpio que estaba ese cuarto, no solo limpio sino ordenado a la escala de altar de catedral. Pensaba que con solo abrir su maleta, ese cuarto empezaba a caer a altar de parroquia, lo que hizo que la cerrara de nuevo y tratar de mantener una conversación con su nuevo compañero de cuarto Max versión dos.
“Guat do yu estády?”,
Le preguntó Doguix lentamente como en su primer día de clases, en un “repeat after me” . No estaba acostumbrado a hablar inglés en su cuarto y menos con un Max. Mac le contestó:
“What? Say that again, please”.
Doguix le dijo:
“Ah okay”,
Diciéndose: “Que ¿qué???”.
Tanto Mac como Doguix se mantuvieron en silencio por un rato pero más por darle el chance al otro para decir lo esperado. Los dos viéndose en espera mutua decidieron seguir otro plan. Mac le dijo algo y salió del cuarto, apenas oyó un “gualcom” y Doguix volvió abrir su maleta para invadir su propiedad. Apenas terminó, salió a visitar a Max Uno. Max se le reía de su primera experiencia y le explicó que seguro le dijo al final que “Welcome” que es “Bienvenido”.
“Ay carajo, no le di las gracias”, dijo Doguix.
Le agregó a Max que se llamaba como él, Max no lo podía creer. Doguix al preguntarle por su compañero, Max le informaba que al empezar el próximo trimestre tendría su compañero de cuarto. No era mucho tiempo lo que faltaba.

Doguix al regresar a su cuarto, Mac estaba leyendo al borde de la cama. Vio que no paró su lectura, por lo que Doguix simplemente dijo:
“Hi”
y tomó sus libros de inglés, quería también cumplir con sus responsabilidades. Al rato, Mac invita a Doguix a ir con él al restaurante para la cena, lo que Doguix aceptó. No hablaban mucho ya que Mac era de poco hablar y Doguix también de pocos vocabularios bien pronunciados. Doguix sabía ya que no iba a ser fácil hacer amistad con Max dos, no por su inglés sino por su personalidad. Era un muchacho introvertido pero decente. Con el tiempo, Doguix supo que Max dos, era en verdad Mac uno y que Mac fue un veterano de la guerra de Vietnam. Mac le explicó como aprendió a preparar su cama como desde el primer día que entró a este sepulcro. Era una cama militar lo que tenía al frente. Nunca le oyó quejarse de su experiencia en Vietnam y entendía la diferencia de edad que había entre los dos. Mac le gustaba, por lo menos era lo que mostraba, su modo de ser ordenado y limpio en sus cosas. Doguix le dijo a su amigo Perú:
“No te molestes, pero no puedo presentarte a mi nuevo compañero de cuarto y mucho menos dejarte entrar en mi habitación. No se si lo hago por ti, o por Mac, o en verdad es por mi”.
Jaime simplemente le replicaba con una risa mezclada con una voz larga, quebrantada y cantada como de su tierra:
“Chuuuuchaa Maaadre contiiigoo, Doguix”.

Doguix y Mac no hablaban mucho ni dentro ni fuera de la habitación, sentían las desventajas de cada uno, pero sí mantenían su compromiso y amistad de compañeros de cuarto. En el restaurante el último en llegar se sentaba con el otro en caso de verlo y de estar solo. Doguix no sentía incomodidad con Mac pero si se decía que Max debió haber sido el que se hubiese mudado para acá, tenían mas cosas en comunes, pensaba en la disciplina de los dos.

Max tenía una amistad mas completa con su nuevo compañero de cuarto. Ellos se hablaban bastante y se veían a menudo juntos caminando en el campus de la universidad. Eran los propios compañeros de cuarto universitario. Doguix se le reía y le hacía su señal de “éxito” en su idea cuando le explicó aquella tarde sobre la segunda botada que sufrió Doguix en esta residencia. Max no necesitaba palabras para entender su apreciación.

Max en verdad aceleraba su hablar, era bien interesante porque hablaba lo mismo de siempre pero mas rápido y con mas comodidad. A el le encantaba estudiar el inglés, era una de sus pasiones. Doguix hacía su progreso pero no era nada vertiginoso, él tampoco sentía tan clara la importancia de conocer mejor esa lengua. El vivía aún una película, mientras Max le comentaba que su segundo plan era ir a estudiar a Miami, quería acercarse a Venezuela, aprovechando esta oportunidad. Max, usaba esos términos como “oportunidad”, “estudiar”, “aprovechar”, etc.

Unos meses después, Max buscó a Doguix urgentemente para informarle que salía en tres días a estudiar en Miami, pero ¡ Oklahoma !. Andaba que botaba baba y candela por la boca de la rabia que sentía que hubiesen entendido tan mal la gente encargada de mover a los estudiantes a las diferentes universidades del país.
“No te puedes quejar mucho, por lo menos te cumplieron con lo de ‘Miami’, tal vez sean la misma vaina todas las miamis”, le animó Doguix.

Max le pedía consejos a Doguix sobre que decisión tomar:
“¿Me voy, Doguix? ¿o No?. ¿Espero para que soliciten a la Universidad de Miami, Florida? ¿o no?, ¿Qué harías tu?”.
Doguix trataba de ayudarlo pero lo único que le decía es:
“Verga, no se. Prueba esa vaina y así comienzas ya y si no te gusta pides cambio. No se Max, no se que decirte. Lo único que sé es que en lo que se invierte dedicación, en lo que se acciona es lo que sucede y esa gente organizadora es la que está moviéndose. Te veo en Oklahoma.”

Max salió en la fecha correspondiente de Logan, Utah (ya no era “juja” para Doguix) rumbo a su Miami equivocada. Lo acompañó hasta el aeropuerto local y esa fue la última vez que vio a su amigo. No supo más de él.