capitulo 3

Capítulo III

Lo Extra-Terrestre De Lo Nuevo.

Los días pasaron como una película, Doguix no los vivía los veía. Cada persona era vista como un actor, le gustaron las actrices. Fue a comer en un lugar que pensaba estaba lejos en los primeros capítulos, luego al familiarizarse con el escenario volvió a ser feliz en su sangre al ver que el mismo restaurante lo habían movido atrás del motel. Quiso agradecer a ése coreógrafo quien le habría observado su conducta y decidió colocar el restaurante donde le favorecía mejor, como premio. Pero esto no pasó con un stadium donde jugó softball durante esos días por primera vez en ese nuevo territorio y nunca más supo donde se encontraba. Los jugadores eran lentos y no jugaban, lo que hacían era fumar y reír a pesar que no les oía hablar. El decir de “mundo pequeño” le hizo encontrar una pareja donde la muchacha era de su ciudad de origen y el muchacho de ese planeta pero quien había estudiado con él. Fue tarea oscura para Doguix tener recuerdos de él en su colegio, reconoció su cara de pasillos solamente. Y también sintió que había algo en su lógica al hablar que no era de su equipo. Compartiendo tiempo con ellos dos, vio que ambos eran autistas pero en otro nivel. Doguix prefería el autismo del otro tipo, el de la lengua rara que usaban, por lo menos sabía los pasos a dar para llegar a sentir la existencia de la gente rara. Dejó de verlos y ellos dejaron de verlo a él. Fue un convenio sin plan y sin palabras, fue el único momento que se comunicaron correctamente. La firma de ésta colaboración se produjo cuando Doguix le habló a su amigo haciendo uso de las pocas palabras que había aprendido en el avión. Este le escribió en un pedazo de papel un mensaje que Doguix no entendió y su amigo no le explicó en el momento. Simplemente le dijo en español:
“Anda a tu cuarto y tradúcelo”.
Doguix descifró la propuesta con ayuda de su compañero de cuarto que leía:
“Deja de usar groserías”. Esto, Doguix lo entendió: “Deja de verme”.

Además de ver lo que un tonto puede llegar a escribir en su autorretrato, notó que los habitantes de ese pueblo eran medio tontos también, ya tendían a ponerse pantalones cortos como si no conociesen a la señora Sol. Doguix miraba su película y decía: “Fíjate este, mira aquel, mira esas lindas piernas de esta, que tremendas la de aquella”.
Doguix aprovechaba también la tontería de las chicas con sus amigos.

Fueron una noche a comer en un restaurante que vendían algo que nunca le había gustado cuando su Mamá le dio a probar, pero ante la situación de no contar con su comida acostumbrada, sabía que empezaba a escalar una montaña donde tenía que recoger todo lo que podía para no sufrir una falta de oxigeno mas tarde. Esa noche le encantaron las pizzas pensando:
“!Uy lo que hace el hambre!”.
Esto lo graduó como “chef” de cocina, de esos con medallas reconocidas. Su método perfecto, el que utilizó muchos años después en su ciudad preferida era el de invitar a cenar a su casa y esperar hasta que los invitados perdiesen la pena de preguntar “¿A qué hora cenamos, Doguix?. Media hora después empezaba a hervir agua, mientras les ofrecía vino y cervezas. Al notificarle alguien de los invitados, generalmente era todos, a Doguix de la brincadera del agua en la olla, abría una lata de maíces y un paquete de spaghetti que metía juntos como si supiesen los ingredientes por si mismos preparar el plato. A la siguiente hora la mesa estaba preparada con sus anfitriones alrededor y sus botellas de salsa de tomate, mayonesa y mostaza. Doguix siempre les ofrecía un poco de papel picado sobre los spaghetti. Nunca le sorprendía la tonalidad del “Si, lo que quieras”, y la forma silenciosa en que comían. Todo terminaba con el comentario que no fallaba: “Estos son los spaghetti más sabrosos que he comido en toda mi vida”, raspando la olla y nunca les interesaba si quedaba alguien sin comer. Spaghetti con maíz era el único plato que aprendió a cocinar, aparte de las cotufas micro-ondeables y los perros calientes, pero su ´cordon blue de cuisine´ se basaba en el tiempo de espera. Llevaba a sus invitados al nivel de hambre ciega donde degustaban hasta papel, idéntico como aquel día que saboreó con gusto la pizza por primera vez y como un día que estaba ya programado en su adn de vida, que lo recordaría por el hambre que le hizo ver a una dama en candela perteneciente a otra frecuencia y que lo graduaría por la gran lección de campo, en el secreto de su propia cocina.

Respirando en Diferente Atmósfera.

También Doguix empezaba a entender que vivir en lugares extraños era un proceso de adaptación y que entre más inteligente fuera en este proceso más provechoso sería. Inteligente en identificar y respetar los principios de base. Los principios de su ser, de su familia, de su cultura y de la cultura nueva en la que convivía.

Doguix se dijo:
“El respeto a los principios no debe ser una pared en mi evolución productiva y creadora. Los principios deben ser las ruedas en mi vehículo del vivir, no las velocidades a las que debo moverme.

Si llegase a algún lugar del cosmos como por ejemplo a cincuenta y seis años luz de aquí, menos extraño que éste pueblo, donde se caminase sobre un montón de tablas aisladas y cortas regadas sobre las calles llenas de metras, siendo mi principio de marcha la de caminar de pie, estaría entonces ante el reto de cambiar de principio debido a la gran posibilidad de partirme la cabeza en la primera caída. Debo hacer un cambio de ruedas, tendría tal vez, como nuevo principio, que arrodillarme sobre la tabla para avanzar y enfrentarme a la adaptación. Lo que debo es estar al tope de la situación para saber mantener intacto el principio de calidad de fabricación de las nuevas ruedas.”

Doguix vio como la falta de comer con plátano le afectaba su comer. Vio como los nuevos platos que probaba le afectaba su comer. Estratégicamente, en un tiempo dosificado, logró sustituir el plátano por el pan. Esto le permitió pasar al segundo plan: comer los nuevos platos. Entendió que su teoría de cerebro repartido conseguía de nuevo otra prueba: Su paladar parecía hablarle indicándole que necesitaba tiempo para reconocer las nuevas comidas y tener paciencia para así enviarle el código correcto a su ser central. Doguix se estaba volviendo un monje universal.

Otra noche, en el mismo restaurante que le habían movido de lugar cuando tocó tierra, conoció en las papilas la hamburguesa. Sufrió para llegar a probarla. Una preciosa chica lo atendió. Doguix le decía:
“Mírame los dedos para que me entiendas, por favor”, Señalándole al tablero de menú. La chica no le entendía su destreza. Doguix se dijo:
“Dedos, dedos por favor señalen bien!”. Pero el pedido se iba transformando en unas vueltas a una pista atlética, Doguix empezaba a sudar. Sudaba por él, sudaba por la cola de gente que lo acompañaba a todos los lugares y que siempre se preguntaba:
“¿No querrá nunca esta gente llegar antes que yo ?”,
Sudaba por comer solo después de todos sus amigos idos, sudaba porque ahora sentía que había salido de la pista atlética a las calles. La chica anotó algo, Doguix cruzó los dedos y guardó silencio. La preciosa muchacha rubia le entregó la bandeja de comida reconociendo que al fin no iba a comer al gusto de la comunicación y le dijo a Doguix:
“Gracias y Regresa pronto!”, en un español perfecto con un lindo acento de altas montañas. Doguix y la chica se rieron a grandes carcajadas, la chica alegre de verle la cara de sufrido, Doguix de “lastima que no te pueda dar una nalgadita”. La risa de Doguix le salía con ruido de dientes como los ríos removiendo piedras. Pero la belleza de la muchacha superaba el asfixio del maratón recorrido. Era una chica de Bolivia, rubia con una cabellera perfecta por la que continuamente se acordaría de invitarla a salir en horas imposibles, de madrugada, y olvidaría como falla mental al salir la luz del día.

Aprendiendo un Idioma.

Llegó el aviso de iniciar clases de inglés. Doguix fue con un aire mezclado de interés, de derrota, y de querer ser futbolista. Le preguntaron sus datos por escrito, hubo líneas que dejó en blanco, casi todas. Lo evaluaron. Al siguiente día publicaron los grados de conexiones neuronales del idioma. Fue el peor, se sintió feliz por saber que él estaba mas claro que todos para asistir a ese instituto. Le colocaron en el salón que merecía sus conocimientos del idioma, aunque pronto supo que los habladores de inglés que entraban y tomaban las tizas fueron tentados de abrirle un grado mas bajo. Se debatían entre tener un solo dolor de cabeza o aislar el tamaño de ese dolor de cabeza. El primer día de clases, la señora pasó la lista, Doguix se dijo: “ Caramba no me nombraron!”,
Pero sí logró observar que había faltado una sola persona. Se dijo que esa persona había empezado muy mal. El se quedó callado porque callado era la razón por la que él conocía ese edificio. Al siguiente día, cuando pasaron la lista sucedió lo mismo. Se dijo entonces:
“Esa persona no empezó mal, empezó como un rico”. Al tercer día, la misma historia. Dijo entre sí: “Ya perdió el curso!”.

Pero se acercó a la señora para notificarle su derecho de presencia en la lista. Vio que se reía, La maestra le dijo algo que no entendió hasta setentas horas después de ver que dejaron de nombrar a la otra persona por él, en la misma posición. Empezó a entender que ese idioma iba a ser una pelea contra Mohammad Ali. Pero aprendió a divertirse en clase con la profesora. Hacía preguntas indecentes en ese idioma. Solo los “genios” de su nivel se reían, la “teacher” se “rojizaba” y él simplemente ensayaba su patrón de vida.

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