¿Democracia en Venezuela?

¿Democracia en Venezuela?

Bansky, Artista Urbano.
(Robin Gunningham ¿?)

La democracia como sistema de organización social funcional exige de sus miembros entender, comprender y apreciar el valor de vivir como individuos libres, donde el respeto al otro define los límites y la armonía necesaria para la convivencia social. Desde este principio de derechos, autonomía, e independencia se genera el respeto sobre los distintos espacios individuales o de grupo definidos por el interés común conforme a sus respectivas especificidades, es la forma de hacer posible en el individuo soñar y avanzar en libertad en el desarrollo de su personalidad, y en la sociedad, su progreso y bienestar, de allí que la toma de decisiones en democracia sean adoptadas de manera individual y/o por el grupo conforme a sus especificidades, o por la sociedad en general cuando involucran el interés nacional, cualquiera de ellas, de manera directa o indirecta. La democracia no es solo elegir.

La democracia demanda tanto del estado como de los individuos que en ella conviven, comportarse extraños a las especificidades del otro como individuo, o comportarse extraños a las especificidades de los grupos sociales que surjan en el espacio de convivencia nacional donde su especificidad le excluye, absteniéndose de intervenir en su diseño y actividad; la democracia es un modelo de convivencia social fundado en espacios de libertad, donde no exista inherencia absoluta de la fuerza o poder del estado, ni de  individuos o grupos ajenos en esos espacios de interés que determinan y definen el desarrollo del individuo como persona o de los grupos de individuos. La democracia excluye de esa manera el intervencionismo y todo totalitarismo, por ello los intereses del individuo o del grupo no pueden ser definidos por el estado, ni sometidos a su vigilancia y control absolutos.

En Venezuela el totalitarismo existe, hay un país secuestrado en un modelo construido desde la organización de una minoría, que, fundida en el estado pretende abarcar, controlar o regular toda actividad del individuo y/o la sociedad; ha destruido las instituciones para dictar normas que le dan presencia y control en la política, la cultura, el comercio, la seguridad, la justicia, la religión, los servicios, e incluso en la alimentación, movilidad, ocio, educación y trabajo del hombre.

La omnipresencia del partido-estado abarcar toda actividad humana como fórmula de control social y garantía del poder, de manera  natural su implementación genera un ADN mafioso que crea necesidades, estableciendo nudos de control donde se deciden modos y formas de minimizar esas necesidades, allí roban tiempo al hombre limitando su espacio, condenándolo a sobrevivir; es un sistema de miedo, desesperanza, sumisión y control, por eso existen los jefes de calle, las ubch, los consejos comunales, las caas clap, las colas para surtir gasolina, y para obtener una bombona de gas, etc.. nace de esta manera un régimen criminal con sistema de vigilancia comunal que toca todo.

Para que funcione su sistema han deconstruido el concepto de democracia, reduciéndolo al ejercicio del voto (NO ELEGIR), por ello han moldeado su oposición política a través de la corrupción, la administración de justicia y/o el sistema electoral, de esta manera eliminan la confrontación desde el argumento y/o la protesta, sin contrapesos se genera desconfianza y desesperanza que expulsa al ciudadano honesto, y originan la migración, el éxodo reduce la oposición real. Todo discurso político tiene contenido emotivo y sensible, el cual, en Venezuela, al no estar presente produce una sensación de abandono que da marco al juego del régimen criminal, borra la confianza y seguridad del ciudadano expuesto al dilema: aislarse en silencio, o salir en búsqueda de su tiempo en espacios de libertad donde pueda forjar futuro, en ambos casos, a la espera de nuevos liderazgos y oportunidades reales para romper el círculo.

En este recorrido sin fin ha entrado el espectro de la política venezolana al sentarse en la mesa electoral del régimen, con distintos matices se mantienen formas y modos de la vieja manera de hacer política, con el agravante que silencia la vida del país, minimizando la exposición de su crisis y causas; censurada la discusión se transmite un mensaje de cohabitación y “normalidad democrática”, alejando la participación. El proceso electoral no es percibido como un mecanismo de liberación por el ciudadano, esta realidad no ocupa a los inmersos en las primarias.

Incluso la insignificante respuesta de la migración venezolana al llamado de inscripción ante el órgano electoral de las primarias, es una expresión incomprendida por esa política, no existe en el migrante razón para avalar esta cohabitación; la migración venezolana ha estado desamparada, abandonada por el estado y por todas las instituciones políticas del país, incluso por el gobierno interino o por la Asamblea Nacional legitima, todos ellos han transformado el hecho migratorio en negocio, y han guardado silencio y acción ante el diseño y propagación del sentimiento xenofóbico contra la migración venezolana en América Latina de manera especial, así como ante las normas, regulaciones o leyes dictadas en esos paises de acogidas dirigidas a impedir o expulsar la migración venezolana, que, abandonada, queda expuesta al tráfico humano, a la prostitución y a la esclavitud moderna representada en el trabajo en negro en esos paises, de esta manera se instala su desarraigo, y nadie parece observar.

Ningún candidato es distinto, todos están sentados en la misma mesa, tal vez unos más coherentes que otros en discurso y acción, pero, todo análisis deja evidente no existir un hilo conductor entre el problema y la solución planteada, lo electoral como proceso en el cual no es posible elegir, no conduce a un “hasta el final”; el secuestro y totalitarismo tiránico en el país lleva a la cohabitación en la percepción de las mayorías, representando una ruta para satisfacer intereses personales de candidatos y/o partidos; es un proceso diseñado por el régimen, sin garantías de elegir, nacido de acuerdos entre minorías, sin confianza entre ellas, sin confianza ante el país, producto de la presión de paises urgidos en negocios y espacios de influencia internacional, sin aportar medidas que garanticen un proceso electoral autentico, libre, transparente y donde se elija, por ello, está condenado al fracaso, aumentando la tragedia y desesperanza.

Para romper el círculo es necesario asumir la realidad de vivir en un sistema totalitario, tiránico y criminal, parte de un entramado geopolítico que no da cabida a rutas democráticas, que exige confrontarlo, para esto, es necesario diseñar desde el debate crítico y positivo, caminos que rompan la dependencia del estado, y permitan surgir una opinión publica consciente que asuma con voluntad de lucha y esperanza la confrontación hasta lograr la salida, así lo hizo el pueblo ucraniano, hoy su voluntad de ser libre y firmeza generan divisiones y dudas en la tiranía rusa de Putin, la cual, se desmorona; en Venezuela hay síntomas de división y choques de mafias, Tareck El Aissami es prueba de ello, la CPI presiona también, a otra oportunidad, la dictadura tiránica y criminal parece segura, pero vive intranquila.

@PeterPaezMonzon

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