La manito rota del Niño Jesús

La manito rota del Niño Jesús

Por Elizabeth Sanchez Vegas
@elhabito

En muchas casas venezolanas, el Niño Jesús del pesebre tiene una manito rota. O le falta un dedo. O está pegado con algún tipo de adhesivo que ya se secó hace años. Pero eso no impide que cada diciembre vuelva a ser colocado con cuidado, envuelto en servilletas, sacado de una caja vieja como si se tratara de una reliquia. Y en cierto modo, lo es.

La manito rota no avergüenza a nadie. No se oculta ni se reemplaza por una figura nueva, aunque pueda comprarse otra. Al contrario, ese daño visible, esa cicatriz material, es lo que lo vuelve más propio, más humano, más nuestro.

Y sin embargo, o precisamente por eso, es recibido con amor intacto. Se le acomoda el espacio, se le enciende la velita, se le canta el aguinaldo. Nadie le exige que esté entero para recordarnos lo que representa.

En el fondo, el Niño Jesús con la manito rota es el país. Herido, parchado, incompleto. Pero presente, con historia y con memoria. Y con algo más profundo: la capacidad de seguir despertando ternura.

Quizás por eso lo esperamos cada año. Porque viene a decirnos que todavía somos capaces de cuidar lo que ha sido dañado. Que no todo lo roto se descarta. Que hay nacimientos que no se detienen por una fractura. Y que, así como el Niño Jesús con su manito rota sigue siendo el centro del pesebre, Venezuela, con sus partes remendadas, su historia golpeada y su ternura intacta, sigue siendo el centro de nuestro amor.

 

Tomado de X @elhabito

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