Con ingenio y perseverancia, Rondón convirtió la adversidad en una oportunidad. Tras dormir en la calle, logró trabajar como albañil en Perú y alquilar una habitación.
Su negocio de chicha venezolana que fundó en Lima quebró debido a la pandemia.
Decidido a buscar un futuro más seguro, emigró a Estados Unidos, donde llevó su exitoso emprendimiento por la chicha venezolana a las calles de Nueva York.
El sabor de Venezuela se convirtió en el estandarte de Anthony por las calles de Nueva York, donde su chicha venezolana se ha vuelto popular entre neoyorquinos y latinos por igual.
A pesar de los desafíos diarios se esfuerza por llevar su producto a cada área de la ciudad. Además, sueña con expandir su negocio y llevar el sabor de Venezuela a cada rincón de Nueva York.
Incluso planea montar una distribuidora de chicha venezolana para que todos puedan disfrutar de su producto.