
Salon del Micalvi, buque mercante declarado histórico por la Comisión Internacional de Buques Históricos. Es un punto de reunión de aventureros lleno de banderas que van dejando los intrépidos navegantes que se aventuran en esas aguas.
“Eso está lleno de banderas y mensajes de quienes han ido al Cabo y han pasado por ahí y no había ninguna bandera de Venezuela, yo dejé una”, agrega el joven.
Sobre lo que sí está seguro el productor audiovisual es del orgullo que sintió al dejar la bandera de su país en un puerto tan importante.
“Dejar la bandera de Venezuela ahí para mi fue un orgullo, porque emigrar es duro para todos y sobre todo en las condiciones en las que uno lo hace (…) para mí es un orgullo en cualquier cosa que logro poder decir yo vengo de Guatire (ciudad dormitorio cerca de Caracas), de ahí vengo yo. Es como un patriotismo que tengo y no se me puede quitar, me genera mucho orgullo” expresa.
Experiencia enriquecedora
Para Leonardo Rodríguez la experiencia de navegar en velero hasta el Cabo de Hornos fue impactante. Gracias a ello descubrió que para este tipo de viajes se requiere de planificación y adaptación a los espacios.
“Mi experiencia fue emocionante e impactante porque estas son aventuras que ya no se hacen. En el sentido de que navegar a vela requiere mucha atención, conocimiento, planificación y también requiere adaptación para poder asumir y afrontar los cambios de todo”, apunta.
Sin embargo, el venezolano reconoce que en una aventura de este tipo también hay dificultades. A su juicio lo más difícil es la convivencia debido al espacio reducido en el que se encontraban y el tiempo que duró el viaje.