Aquí el escritor argentino Jorge Luis Borges (1899 – 1986) presenta el amor como un arrebato supremo. Cuando el alma se descubre enamorada, el resto del mundo pierde importancia.
Con ello, la atención del amante se concentra totalmente en el otro, de tal manera que su vida cotidiana no es más que el fingimiento de que las cosas siguen su curso natural.
Lunas, marfiles, instrumentos, rosas,
lámparas y la línea de Durero,
las nueve cifras y el cambiante cero,
debo fingir que existen esas cosas.
Debo fingir que en el pasado fueron
Persépolis y Roma y que una arena
sutil midió la suerte de la almena
que los siglos de hierro deshicieron.
Debo fingir las armas y la pira
de la epopeya y los pesados mares
que roen de la tierra los pilares.
Debo fingir que hay otros. Es mentira.
Sólo tú eres. Tú, mi desventura
y mi ventura, inagotable y pura.