Como en otros lugares de América Latina, Venezuela albergaba grupos armados ilegales mucho antes de la actual crisis económica. Las guerrillas colombianas han utilizado el campo venezolano como refugio durante décadas, y las barriadas descuidadas de Caracas han sido durante mucho tiempo hogar del crimen organizado.
Pero pocas veces las organizaciones criminales han ejercido tanto control territorial y económico —y el gobierno tan poco— como ahora, una potente ilustración de la descomposición de la nación durante el gobierno de Maduro.
“Venezuela está caminando a ciegas hacia la fragmentación por los grupos armados”, dijo Andrei Serbin Pont, analista de seguridad de América Latina. “Recuperar el control territorial será un desafío inmenso para quien ocupe el poder en Venezuela en las décadas siguientes”.
En su día, Venezuela, repleta de riquezas petroleras, construyó durante décadas un Estado fuerte que se extendía a las aldeas más alejadas a través de escuelas, estaciones de policía y carreteras.
Pero los ingresos por exportación de petróleo de Venezuela cayeron casi un 90 por ciento desde el inicio de la crisis económica en 2014, según Pilar Navarro, economista radicada en Caracas. Los salarios públicos se han desplomado. Los funcionarios del Estado han recurrido cada vez más al soborno y la extorsión. Los agentes de seguridad empezaron a vender armas e información a los grupos criminales y a cobrarles por su protección, según entrevistas con agentes de policía, y el gobierno empezó a replegarse en grandes franjas del país.
En el sur de Venezuela, los brutales grupos armados conocidos como sindicatos que dominan la minería ilegal gestionan el suministro de electricidad y combustible, a la vez que proporcionan equipos médicos a las clínicas de las ciudades que controlan.
A lo largo de los 2219 kilómetros de frontera de Venezuela con Colombia, el ELN y otros insurgentes ejercen su influencia. Hace apenas una década, la ciudad de Paraguaipoa, en la península de la Guajira, tenía varios bancos, una oficina de correos y un juzgado. Desde entonces, todos han cerrado. El hospital no tiene medicamentos básicos. La electricidad se corta durante días. Las tuberías de agua están secas desde hace años.