Han llegado las horas de la espera
y son largas, muy largas y tediosas;
tienen sabor de angustia y desesperan
como todas las cosas caprichosas.
Porque sólo te encentro en el recuerdo,
mi vida va sin rumbo, acongojada;
te alcanzo a divisar; pero te pierdo,
cual barco sin timón en la marejada.
Tendrá que tener algún momento
ese capricho tuyo de distancia;
no puede ser eterno el sufrimiento.
Perfumará mi vida tu fragancia,
porque eres mi pasión, todo mi aliento,
y te quiero, mujer, desde mi infancia.