Aunque amamos las papas sin importar su tipo, existen diferencias entre sus variedades. Por ejemplo, la papa blanca es más suave y cremosa, mientras la amarilla tiene una textura más firme y es más difícil que se desmorone.
La papa es un tubérculo originario de América, donde tiene gran importancia dentro de la gastronomía de los diferentes países que la componen. Pero, ¿sabías que no hay solo un tipo de papa? En realidad, tanto en México como en el mundo, existe una gran variedad.
Una forma de clasificarlas es por su color, ya sea blancas, amarillas, moradas o rojas, aunque cada una de ellas tiene diferentes variedades. En México es más sencillo conseguir la papa blanca o la roja, pero también es posible encontrar la amarilla, cada una con características especiales.
Justo estas cualidades, las hacen perfectas para diferentes usos. Por ejemplo, la papa blanca, caracterizada por una piel clara, tiene una textura más suave y mantecosa, además de sabor delicado, lo que la hace ideal para purés, sopas, papas al horno y guisos donde busquemos esa textura.
En contraste, las papas amarillas, con una piel más dorada, conservan su textura firme, incluso después de cocinarse, lo que les permite mantener la forma. En cuanto al sabor, es más intenso y ligeramente dulce.
Por sus características, las papas amarillas son perfectas para ensaladas, masas, papas gratinadas u otros platos donde queramos papas más firmes.
Prepara esta sencilla masa de papa para empanadas y rellénala con lo que más te guste. Eso sí, para mantener su forma y evitar que se te desmorone, es mejor usar papa amarilla.