Esta dualidad en el mensaje es un reflejo directo del estilo comunicacional de Donald Trump, sustentado en la credibilidad institucional que le otorga la presidencia de los Estados Unidos. Trump suele expresarse en dos direcciones opuestas, valiéndose de la vaguedad y la falta de precisión para acomodarse a cualquier resultado. De este modo, transmite un mensaje confuso que los receptores interpretan a su conveniencia, lo que le permite sostener diálogos paralelos donde sus contrapartes perciben que avanzan, pues ninguna posee el poder de imponer límites a su narrativa.
En la práctica, esta realidad favorece al régimen, que mantiene el control territorial directo. Dado que nadie puede precisar la oferta real del mensaje, tanto el régimen como la oposición consideran estar logrando progresos. Estas posturas son alimentadas por opinadores, medios digitales y analistas; sin embargo, todos sufren sobresaltos cada vez que la frialdad de los hechos desmiente la narrativa, reiniciando el ciclo una y otra vez.