La guerra contra Occidente: la pretensión de anular la cultura occidental sin discriminar razonablemente lo que ésta tiene de positivo

La guerra contra Occidente: la pretensión de anular la cultura occidental sin discriminar razonablemente lo que ésta tiene de positivo

Tras el éxito de La masa enfurecida, obra en la que analizaba las llamadas «nuevas políticas de identidad», Douglas Murray retoma el tema desde otra perspectiva complementaria en La guerra contra Occidente, libro publicado en castellano en 2022 por la editorial Península (403 págs.).

Por: Benigno Blanco

En esta nueva obra el periodista británico estudia la actual moda intelectual que describe como «una guerra cultural y despiadada contra las raíces de la tradición occidental y contra todo lo bueno que ésta ha dado de sí»; afirma que para muchos intelectuales y académicos de hoy Occidente parece haber cometido una gran infamia que debe expiar con su propia disolución, pues todos los males de la humanidad serían causados por el Occidente del hombre blanco mientras que parecería que «el mundo no occidental estaría compuesto por seres de una inocencia edénica».

Douglas Murray: La guerra contra Occidente. Cómo resistir en la era de la sinrazón. Península, 2022

Murray detecta que «nuestra época se define ante todo por una cosa: un cambio de civilización que viene fraguándose desde hace años», cambio que supone un intento de destruir todo lo que ha caracterizado a nuestra cultura occidental como si ésta no hubiese generado más que injusticas y males sin cuento y sin mezcla de bien alguno. «En pocas décadas, la tradición intelectual occidental ha pasado de ser elogiada a convertirse en algo vergonzoso, anacrónico e incluso ignominioso. Su relato ha dejado de ser inspirador y nutricio y ha adquirido tintes infamantes». Esta guerra contra Occidente supone un ataque simplón e irracional a los mejores frutos de esta cultura que no se reconocen como tales: la ciencia, la libertad de mercado, el pensamiento más rico de la historia humana… «todos los aspectos de la tradición intelectual están bajo ataque. La tradición judeocristiana, que fue la piedra angular de la tradición occidental, se halla especialmente expuesta y denostada; pero también la tradición secular e ilustrada…».

Como consecuencia, los jóvenes, indica Murray, son educados en el desprecio a la libertad de pensamiento y expresión y en el rechazo al humanismo, al método científico y a la religión tradicional de occidente. De ahí que Murray escriba un libro beligerante en defensa de Occidente y sus logros, aunque también reconozca los errores.

La teoría crítica de la raza

El libro se estructura en cuatro grandes capítulos articulados a través de los grandes ejes de la crítica académica y política actual a Occidente: raza, historia, religión y cultura. En cada uno de esos capítulos el autor hace un repaso o estudio de hemeroteca de los casos habidos en los últimos años —sobre todo en Estados Unidos y Gran Bretaña— de opiniones y actitudes beligerantes contra la tradición occidental como si ésta no fuese más que una cultura impuesta por los humanos de raza blanca al resto de razas y pueblos para su opresión sistemática, opresión de la que ahora habría que liberarse atacando la blanquitud y todos los personajes e ideas en que ésta se ha reflejado en la historia.

El libro recoge la beligerancia contra la tradición occidental como si ésta no fuese más que una cultura impuesta por los humanos de raza blanca al resto para su opresión 

Al analizar la raza (capítulo primero, págs. 27 a 96) Murray expone la teoría crítica de la raza que ha proliferado en las universidades americanas desde hace décadas y que en la pag. 36 del libro define en los siguientes términos: «Una obsesión absoluta por la raza como principal medio para entender el mundo y las injusticias; la insistencia en que las personas blancas son todas culpables de albergar prejuicios —sobre todo de tipo racista— desde su nacimiento; la afirmación de que el racismo está tan profundamente arraigado en las sociedades de mayoría blanca que las personas blancas ni siquiera caen en la cuenta de que viven en sociedades racistas; la convicción de que exigir pruebas de algo es una prueba de racismo; y, por último, la obstinación en que ninguna de las respuestas que las sociedades occidentales han ideado para abordar el racismo resulta mínimamente adecuada ni es capaz de resolver la cuestión […] incluso la idea de que aspirar a ser «ciego al color» en lo tocante a cuestiones de raza es en sí profundamente racista».

Este conjunto de prejuicios ideológicos (la teoría crítica de la raza) ha generado el clima cultural que permite entender, según el autor, la explosión de violencia y protesta que han generado en Estados Unidos las muertes de Michael Brown en 2014 y George Floyd en 2022 y el movimiento Black Lives Matter: toda una generación ha sido educada para pensar que la raza es el único prisma a través del cual observar la sociedad; y que el racismo impregna y explica todo lo malo que existe en la sociedad americana (cfr. pág. 44). En esta ideología, subraya Murray, las percepciones subjetivas sustituyen a los hechos y los hechos positivos en materia de lucha contra el racismo se minusvaloran sistemáticamente a la par que los negativos se exageran; del mismo modo que solo se ve racismo en Occidente mientras que en el análisis de otras culturas y pueblos (por ejemplo, la actual China a la que Murray dedica el interludio de las págs. 97 a 118) se aplican criterios radicalmente distintos.

Toda una generación ha sido educada para pensar que la raza es el único prisma para observar la sociedad; y que el racismo impregna y explica todo lo malo de la sociedad americana 

Los culpables de todos los males serían siempre los blancos y Occidente; el resto de culturas son disculpables en sus errores que se supone siempre han sido inducidos por el imperialismo y el colonialismo occidentales. De ahí la fobia contra la cultura occidental que Murray analiza en el capítulo segundo (págs. 119 a 184) con abundantes ejemplos de la cancelación de estatuas y de personajes como Churchill (al que dedica decenas de páginas del libro) y a la falsificación sistemática de la historia de Occidente en las universidades americanas y británicas especialmente en lo que a la esclavitud se refiere que se presenta como la clave de la construcción de Estados Unidos y como si solo la hubiesen practicado en el pasado los blancos occidentales. Un segundo interludio (págs. 185 a 205) sigue a este capítulo y se dedica a la moda actual de las reparaciones que se supone Occidente y los blancos deben pagar al resto de pueblos y razas por su pasado colonial y opresor.

El asalto a Occidente y toda su cultura

El capítulo tercero («Religión», págs. 207 a 268) no se corresponde mucho con su título pues analiza cómo ese nuevo racismo crítico convertido en ideología está cancelando en todo Occidente a pensadores como Aristóteles Kant, Hume o Locke por ser hombres blancos que hicieron en su día comentarios que hoy no serían políticamente correctos en materia de razas. Murray destaca cómo en el fondo de lo que se trata es de atacar sistemáticamente la cultura occidental y su confianza en la razón: el trasfondo sería descalificar la verdad y la capacidad del hombre de acceder a ella, para proclamar la primacía total de las emociones como fuente de certeza y el relativismo más absoluto. No se priva Murray de resaltar cómo esos ataques a los grandes intelectuales del pasado no se extienden a aquellos que se han caracterizado por intentar demoler la cultura occidental como es el caso de Marx o Foucault, a pesar de que uno y otro no están exentos de ideas y actuaciones racistas.

Se cancela a pensadores como Aristóteles Kant, Hume o Locke por ser hombres blancos que hicieron en su día comentarios considerados hoy políticamente incorrectos 

En este mismo capítulo, el autor pone de manifiesto cómo algunas iglesias —especialmente se refiere a la anglicana británica y a la episcopaliana norteamericana— se están rindiendo también a los postulados de la teoría crítica de la raza. Y en las págs. 261 y ss. cita ejemplos de cómo este asalto a Occidente no se detiene ni ante las matemáticas y las ciencias empíricas, que son calificadas por algunos académicos como «problemáticas, elitistas y –cómo no- eminentemente racistas»; y refleja las ideas de algunos autores que critican a los blancos por «valorar la lógica por encima de las emociones» en la enseñanza y que proponen «desmantelar el racismo en la enseñanza de las matemáticas».

El capítulo siguiente («Cultura», págs. 283 a 333) continúa con ejemplos de ataques y propuestas de cancelación a literatos (como Shakespeare u Homero, por blancos y racistas) músicos, artistas, edificios … y hasta de la jardinería que distingue entre plantas nativas o no… con un claro criterio de exaltación de las plantas del mundo occidental frente a las plantas de otros sitios. También ilustra Murray con ejemplos varios la denuncia hasta límites ridículos de la llamada «apropiación cultural», es decir, el trabajo de autores, traductores o actores occidentales que osan atreverse a asimilar o representar inspiraciones o personajes de otros pueblos robando así a esos otros pueblos su patrimonio cultural y su identidad.

Conclusiones

En el excelente Interludio (págs. 269 a 281) que media entre los dos últimos capítulos el autor identifica el resentimiento como el factor sicológico preponderante en quienes participan de esta locura de la teoría crítica de la raza y actúan conforme a sus consignas. Citando a Nietzsche, Murray afirma: «el resentimiento es, en el fondo, un anhelo de venganza motivado por la apetencia de amortiguar el dolor por vía afectiva. Los resentidos necesitan una emoción más violenta que su dolor y, para ello, se agarran a un pretexto: Alguien tiene que ser culpable de que yo me encuentre mal» (pág. 272). Y añade: «En las últimas décadas, Occidente ha sufrido un gran proyecto de deconstrucción y destrucción alimentado por el resentimiento y la venganza».

Junto al resentimiento, Murray resalta la incapacidad de esos críticos de Occidente de ser agradecidos a todos los que, con los errores y prejuicios propios de otras épocas, han construido una sociedad libre y sometida al Derecho y han hecho prosperar las ciencias y las artes y han sabido abrirse a todos los pueblos y civilizaciones ofreciendo lo mejor de occidente y a la vez aprendiendo de los demás.

El resentimiento y la falta de agradecimiento son los factores que Murray detecta como grandes incapacidades de los críticos con Occidente 

El libro concluye con veintidós páginas en que Murray hace un canto a todo lo bueno que Occidente ha aportado a la humanidad a la par que denuncia el absurdo de la pretensión de anular la cultura occidental sin discriminar razonablemente lo que ésta tiene de positivo, que es mucho.

El libro peca de un exceso de anglocentrismo, pero eso no le quita relevancia ni interés; dado que lo que pasa en Estados Unidos y Gran Bretaña —por lejano que nos parezca— nos llega a todos; pues todos somos consumidores del cine, la moda, la literatura, la música y el pensamiento que se gesta en la gran potencia económica y política que son los Estados Unidos.

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