Además, Hausmann es consciente de que “la reputación del venezolano por esta migración se ha ido descomponiendo”. No duda en admitir que la “xenofobia” resultante de los flujos migratorios venezolanos ha provocado sentimientos negativos hacia esta población en muchos países de América Latina y en Estados Unidos.
“Quiero luchar contra esa xenofobia con una historia más representativa de mi cultura, que retrata a una familia que trabaja, que se quiere, que tiene grandes ambiciones, que desea lograrlo todo, que quiere salvar al mundo”, añade, lamentando el “estigma” que rodea al migrante venezolano a raíz de varios reportes de casos de violencia.
Hausmann confiesa que siente “muchísimo” la situación, “porque al ver a tu país tan herido, tan dolido, atravesando momentos tan complicados, y ver a personas tratando simplemente de vivir su vida y crear una nueva existencia, y que el 0,1 % de quienes buscan una mejor vida nos haga a todos parecer mal, es muy frustrante”.