Tenemos talento para romper lo que tocamos
En busca del interruptor
chocamos contra un estante
que nos cayó encima.
Éramos los mejores
echando a perder los muebles,
el silencio,
la ley seca.
Se nos hizo costumbre romper
lo que estaba a nuestro paso.
Las manos se me astillan
de pensar que últimamente
no he arrancado a un árbol
una ramita con la cual rasgar tu espalda
hacer que des la vuelta
y me mires con la complicidad
de quien desea quebrar el mundo
en unas horas.
Sismo
Tomé la mano de alguien que no amo,
ni amaré
aunque al día siguiente
enredara mis piernas a las suyas
como si intentara echar raíces a su cuerpo.
Tomé su mano con la angustia
de quien sabe
lo fácil que es morir a cualquier hora,
quedar bajo el escombro
de las casas,
del peso de mis casi treinta años.
Sería un mal chiste de la vida
morir en un departamento
que aún no tiene en la mesita de la sala
el retrato enmarcado
de lo que puedo perder.
Práctica de respiración nocturna
Una vez confesaste
temerle a la quietud
que me cubría por las noches.
Ponías una mano frente a mí
cerciorándote de que aún respiraba.
Últimamente me pregunto
si al igual que yo
necesitas recibir la corriente
que entra por la ventana
acompañado
de otro par de pulmones,
recibir el aire que se va ensanchando
y amenaza con ahogar
a quien lo enfrente solo.