Charlotte y su celular

Charlotte y su celular

 

 

El día que partió nuestra hija de nuestro mundo le dije a su mamá con todo y vivo dolor abrazados de incomprensión y llanto: “¡No se llevó su celular, ahora cómo se va a comunicar con nosotros!”.

Esa realidad se nos explotó en el corazón, en la cara. Fue un grito en todo el cuerpo que se transformaba mucho en lágrimas, gritos de lágrimas.

Hoy hemos logrado calmar lo interno porque desde el primer día de su explosión de este mundo, inició un proceso de implosión en nuestro ser que crece cada presente, pasó a vivir nuestra bella hija en uno. Es vivir cada segundo con ella arropada en un cocuyo de amor. Ha sido una manera real de tenerla ahí, con uno, de tenerla aquí, de este lado.

En su primer día de cumpleaños de nuestra ‘Lolotte‘, me dije muy temprano: “Hoy no iré a dar clases, subiré a la laguna de Mucubají, yo solo”. Arrodillado con dolor y llanto tuve un llamado que nunca se me había ocurrido y en todo caso era la primera vez. Le pedí a mi ‘Papita’ que le diera una señal de vida a su mamá, que no se ocupara de mí, que yo resuelvo a lo mero padre mi dolor, pero el mero dolor de madre de su mamá que lo resolvieras tú Charlotte. Hazle una señal de vida, hoy día de tu cumpleaños, a tu mamá, no a mí, ni a tu hermano, ni a nadie de la gran familia, sabiendo que es un gran dolor para todos. 

Así entonces subí a la facultad a prevenir mi ausencia en todo ese día y seguí mi ruta solo hacia el páramo en búsqueda de desahogo, de poder vaciar la tormenta de la impotencia, del vacío externo, de la realidad inamovible de su partida.

Al llegar a la laguna, después de casi tres horas, me estacioné y a pie, me adentré en el campo de frailejones opuesto a la laguna. Entre más penetraba el terreno abierto y sin árboles abundantes, lleno sí de frailejones, ya muy adentro sentía más a mi hija, era lo que buscaba, y de repente me sonó el celular. Era su mamá desde la ciudad de París, no me había comunicado con ella una palabra en el día y lo primero que me dice con un fuerte tono de alegría: “Charlotte m’a fait un signe de vie!, Charlotte m’a fait un signe de vie!, Charlotte m’a fait un signe de vie!”, gritando de alegría con lágrimas sueltas.

Era un rayo de luz que siempre les encantaban a las dos compartir y esa vez fue un aparecer inesperado, fue su señal a su mamá. De inmediato le conté lo que le había pedido a su Lolotte, a mi Papita, a nuestra hija. Ella me replicó con algo que no había sintetizado aún, emocionados los dos: “Te hizo con esto una señal de vida también a ti. Terminé diciéndole: “Esta es la forma de comunicación con nosotros y nosotros con ella. ¡Este es su celular!”.

De estas llamadas hemos tenido ya un buen número, todas impresionantes en su cualidad comunicacional y siempre con su “marca de agua” Charlotte Tifaní; y las otras más automáticas es la comunicación interna con ella y templarse uno con la frecuencia de la fe ha sido una verdadera onda comunicacional de serenidad. DlaB.

Gerard Páez Monzón

Nota: Charlotte falleció en plena juventud, este relato es real y sus padres aún mantienen experiencias de comunicación con señales de vida

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