“Ay!! Mi sombrero”
Hoy me desperté con el pie derecho,
pero el sombrero decidió que no.
Se escapó volando por la ventana,
haciendo piruetas como un acróbata en el aire.
Corrí tras él por la plaza y el parque,
los pájaros se reían y los gatos se escondían.
Un perro ladró y salió corriendo conmigo,
y hasta la señora del quiosco aplaudía.
El sombrero dio un salto, se coló en un árbol,
y yo pensé: “¡Hoy será un día de aventuras!”
Salté sobre charcos, esquivé bicicletas,
y me encontré con tres niños que reían sin parar.
Finalmente, el viento cansado lo dejó caer
justo sobre mi cabeza, como si nada hubiera pasado.
Y allí estaba yo, despeinado, riendo a carcajadas,
rodeado de risas, charcos y un perro feliz.