Anónimo de un Venezolano en la Realidad

Anónimo de un Venezolano en la Realidad

Literatura fantástica de la pobreza.

De entrada, te aclaro lector. Entramos en un limbo. En un lugar de tiempo suspendido. Donde se ralentiza el ritmo de vida. En medio de este cuento de huida o parábola del despojo he perdido peso. Antes era talla de pantalón 40 y ahora 28. Aunque aún conservo algo conocido como conciencia moral y me acuesto lleno de emociones positivas. Ustedes pensaran que les describo un pordiosero. Se equivocan soy un ser exótico, digno de estudio. Un profesional de un Estado ficticio desaparecido.

Todo depende de cómo percibamos la realidad, o mejor dicho de la violencia con que ocurren las cosas.

A innumerables hermanos se les empujo a irse. A cambiar la precariedad de la “Tierra Negra” por el dolor del desarraigo. Del Estado donde eran diariamente humillados. Desde todos los frentes sociales y políticos. Seres críticos con la realidad del país que los vio nacer y crecer como personas; mas no como dignos profesionales.

Debido a las políticas impuestas desde la ‎monarquía absoluta, con sede en el noroeste de Mordor, cerca de Monte del Destino. Que obtuvo como resultado grandes avances y logros históricos; los cuales cada quien es libre de evaluar el impacto que han tenido en su propia vida. Mientras piensan, voy a echar un camarón.

Soy un alma en pena intentando llegar al más allá. Me resulto imposible alimentarme con un miserable sueldo mínimo. 

Me acompañan muchos que no están en el mundo de los hechos. Olvidados. Excluidos.  ¿Cuantos millones estaremos en la misma situación?  Espero que alguien pueda rezar lo suficiente por estas almas. Las redima y saque de ese limbo en que se encuentran. Las salve a través de los rezos.

Mientras tanto dejo encargado al Guachimán.
Como dudo de mi propia humanidad.
Estoy en el anonimato.

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