E mito de Sísifo, de Camus (Alianza).
La actitud camusiana frente a la realidad fue siempre cordial. O lo que es lo mismo, damos sentido al mundo, sobre todo, a través de la emoción, del corazón: el ser humano debe alcanzar ciertas evidencias sentimentales para, solamente después de obtenidas, profundizar en ellas racionalmente y que así el espíritu las tenga claras. Es posible que lleguemos a Marte, que habitemos otros mundos o que la tecnología y la ciencia avancen hasta un grado ahora inimaginable, pero siempre habrá alguien, en todas esas circunstancias, que se preguntará por el sentido de la existencia.
Incluso Galileo, que tuvo la certeza de haber descubierto una importante verdad científica, no dudó en abjurar de ella con toda tranquilidad cuando vio que su vida corría flagrante peligro. Apunta Camus: «En cierto sentido, hizo bien. Aquella verdad no valía la hoguera. Es profundamente indiferente saber cuál de los dos, la tierra o el sol, gira alrededor del otro. Para decirlo todo, es una futilidad. En cambio, veo que mucha gente muere porque considera que la vida no merece la pena de ser vivida».