Un llamado de atención

Un llamado de atención

La visión y misión de los gobiernos ha estado dirigida y sustentada en una simbiosis entre ciencia y política con fines de poder, alejados de la filosofía, del pensamiento, son “lideres” hábiles en producir beneficios, comunicación y progreso, pero, sin que ello constituya como objetivo político el servicio a la humanidad, más si como desarrollo y progreso.

El coronavirus ha desnudado a  estados y gobiernos, cualquiera sea su signo, nos deja ver con claridad sus objetivos, poder y mercado, aseguran el poder mediante el desarrollo de la ciencia como herramienta armamentista, para dar oportunidad y garantías al bienestar material a través del mercado, centrando todo en esta visión de progreso construyen armas, comodidad e inteligencia artificial para facilitar la vida sin rumbo, el camino conduce a sustituir al hombre en sus características del estar, pensar, relacionarse, trabajar, soñar y crear para evolucionar, nublando la visión del hombre individuo y social, les interesa el progreso medido en desarrollo material, meta de “progreso o desarrollo” material cuantificable y sensible, que desconoce lo no sensible y/o espíritu del hombre, llamado a definir y moldear el rumbo de la “evolución humana” que dé sentido a la vida de individuo y comunidad humana.

Decomponer de esta manera al hombre en su unidad como ser, permite que aquellos aspectos que dan sustento “al estar”, es decir, a las acciones comprendidas entre nacer y morir,  solo perciban por parte de los gobiernos, una inversión apenas suficientes para cubrir la “normalidad”, mediante sistemas privados o públicos de salud, educación o trabajo, solo una población estadísticamente pequeña privilegiada componen esa “normalidad”, esto explica la gran cantidad de hombres que hoy no tienen acceso a los sistemas que otorgan beneficios o soporte de vida dignos, más aun, no ha existido preocupación de una manera consciente para cubrir la prevención, tratamientos y equipamientos necesarios para  enfrentar enfermedades o pandemias, incluso de ser estas provocadas o creadas por  los gobiernos, quienes, en su inversión armamentista han previsto su uso, por ello existen esas armas, pero, no su control o como neutralizar sus efectos, evidenciado con las carencias de los estados ante el coronavirus, han despreciado la vida, los sistemas de soporte de una vida digna, relegados por los gobiernos como carga social, empeñados en desarrollo y progreso, conceptos definidos para establecer competencias y dar sentido a las fronteras; olvidaron la política como ejercicio de servicio al hombre para asegura su evolución..

Estos gobiernos definidos por el cálculo de política y ciencia, escriben el rumbo de la humanidad ante el silencio cómplice del hombre individuo y social, que, adormecidos por comodidades, diversión e información, relegamos sin conciencia esta responsabilidad en un poder frio y calculador, incomprensible y absurdo, de esta manera  el ejercicio de las potencialidades del ser humano, estar, pensar, relacionarse, trabajar, soñar y crear para evolucionar, se encuentran invisibilizados a costa del progreso y poder de naciones.

El coronavirus hoy nos pide frenar, reflexión, discernir, cambiar el rumbo, cambiar la historia, será una nueva oportunidad si tomamos conciencia de esta realidad y actuamos para cambiar, si comprendemos que Covid-19 como emigrante o viajero sin fronteras, cuestiona todo, llama a redefinir las relaciones humanas y de naciones, conceptos como gobierno, soberanía, frontera, trabajo, educación, líder, entre otros, deben ser revisados, para escribir y asegurar evolución, la humanidad es primordial.

La desnudez evidenciada por el coronavirus en cuanto a la pérdida del sentido de vida en comunidad humana puede observarse en la reacción de los países, ocultan información, cierran fronteras, imponen el aislamiento nacional, sin importar el hombre como individuo, prevalece el cálculo económico, la solidaridad no se observa, se hará presente sin mercado de por medio, luego del fracaso de esas acciones aisladas, luego de comprender que las fronteras son creación del hombre y que todos viajamos a bordo de la misma nave, somos comunidad humana, en ella el hombre.

Peter Páez Monzón

@PGpaez

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