Acudir a tu cita armada de información siempre es útil. Por ejemplo, es bueno tener una idea de tu pérdida de sangre habitual, ya sea usando copas menstruales para medir el volumen o controlando cuántos artículos sanitarios usas en cada ciclo.
Llevar un diario menstrual o usar una aplicación de seguimiento también puede ser útil, así como saber si la afección es hereditaria. Si no has hecho esto, es probable que tu médico te pida que realices un seguimiento de estas cosas durante algunos meses antes de diagnosticar la condición.
Tu médico podrá recetarte ciertos medicamentos que pueden disminuir el efecto del sangrado menstrual abundante, incluida la píldora anticonceptiva o el ácido tranexámico (que controla el sangrado y ayuda a la coagulación de la sangre). También puede ser necesario recurrir a opciones quirúrgicas si la condición es causada por otro problema, como fibromas.
Si crees que puedes tener anemia, es igualmente importante realizar un seguimiento cuidadoso de tus síntomas, especialmente cómo te siente antes y después de tu período.
Muchas afecciones comunes, como la ansiedad, la tos, la gripe y las alergias alimentarias, tienen síntomas superpuestos con la anemia por deficiencia de hierro, por lo que es importante pedirle a tu médico un análisis de sangre, ya que te dirá si tienes anemia o no.
Si te diagnostican anemia, es posible que te receten suplementos de hierro para ayudar a tu cuerpo a generar nuevos glóbulos rojos. Una dieta sana y equilibrada que contenga alimentos ricos en hierro, como carnes oscuras, garbanzos, frijoles, verduras de hoja verde y nueces, también puede ayudar.