Lo Absurdo

El Absurdo En Busca De Sentido.

Por Alejandro Marengo Pérez Duarte

El hombre encuentra lo absurdo de la existencia y después busca el sentido, el hombre necesita creer para existir.

Lo absurdo

El absurdo en busca de sentido.

Aquí estamos, reducidos a ser unos productos que trabajan para: corporaciones, empresas, gobiernos, metas, objetivos, visiones, misiones.  Un número de seguridad social, un nombre más, una tumba más, un epitafio más, vivir en los recuerdos de los otros que se amó, un humano insignificante más. Intercambiables, desechables, indignos de derechos, ricos y pobres, todos compitiendo, asfixiándonos hasta el último día por obtener dinero honrado para vivir una vida mejor. Como el fumador compulsivo abre su caja de Pandora de la desaparición, los sujetos del capital, queremos dinero para tener una vida mejor. Para vivir una vida mejor, ¿qué hay de malo con esta vida que necesita estar mejor? ¿Necesita comodidad, necesita espacio, necesita tiempo? Y cuando pasa esto, surge el aburrimiento de los que lo tienen todo, y, aun así; no pueden escapar a su obscura y azul melancolía. 

La vida mejor no está en los palacios formidables, solitarios, adentro de ellos exceptuando al glorioso arte; sólo existe la fatuidad, el resentimiento, la soberbia y la superioridad del que se aísla en su propia fortaleza.

La vida mejor no es vivir descansando porque tienes servidumbre y empleados, la vida mejor no puede ser la metáfora de un pantano estancado, acostado en un camastro tomando el sol a perpetuidad, la vida está asociada a los acontecimientos sociales.  No existe el ocio sino los negocios, no existe la contemplación existe la ocupación, el movimiento, no existe la tranquilidad, existe la ansiedad, no existe la paz existe la guerra, no existe la cordialidad, existe la ambición, no existe la bondad y la trascendencia, existe la soledad y la inmanencia, el aislamiento.
La vida mejor es ilusoria, fantasiosa; existe la comodidad, la belleza, los sentidos, la fugacidad, las unívocas advertencias médicas, el pavor a la muerte, el duelo en compañía, el café y las galletas, los funerales para los vivos. La vida mejor es relativa, ¿es preferible ser un acumulador preso de las condiciones del mercado, es preferible vivir perpetuamente ocupado?

Existen absurdas costumbres como valorar a los escritores después de muertos, existen cientos de hombres que confundimos el desencanto con la verdad, existió la industrialización de la muerte, existió Hitler, existió Stalin, existió Mao, a ellos se les recuerda y se les vanagloria más que a tantos héroes anónimos. La vida mejor no ha existido, ha existido el colonialismo y la tiranía.
La vida está en las palabras y su historia, las historias son lenguaje, estamos hechos de palabras, algunas acciones insignes de los hombres quedaron inscritas en ellas. La humanidad pareció olvidarse de las palabras y su importancia, pareció olvidar los libros, la aventura, la cordialidad.

La vida se despide en nuestras lágrimas y los aeropuertos, en las terminales, en los cuartos lóbregos de hospital, la vida fue ese instante, la vida está en las palabras de los otros, la vida también inventó el cáncer, el universo que se expande, y todo este, 《 absurdo en busca de sentido》.

El hombre encuentra lo absurdo de la existencia y después busca el sentido, el hombre necesita creer para existir. Unamuno, Dostoievski, el desesperado Kierkegaard, son mis creyentes favoritos, los escucho en el delirio de mis palabras. Hasta el humano más ateo que conozco; cree en otro humano al menos, en sí mismo, en la fuga, en la vida distinta, en la impasible nulidad contraria a la vida. Sólo perdiendo lo que se ama, se comprende   el valor de la vida y la intensidad con la que se ha amado, vivir es creer y amar.

Más allá de ese fuego interior en la razón humana, más allá   de la débil luz del logos, más allá de la naturaleza innominable e impasible de nuestro cuerpo, está esa desesperación por creer en medio del absurdo y la inmensidad, del universo en expansión; el fulgor de la luz de la razón es la creencia.
El deseo de una vida mejor nace por la conciencia del sufrimiento, el concepto de paraíso nació del infierno terrenal, de lo ausente que suele estar la felicidad entre los hombres que habitan el mundo.

 El hombre buscó significado a su lenguaje y su vida, el día que descubrió que la vida es: absurda, vacía, cruel, el día que encontró que muy probablemente la muerte era la nada. Ese día, el hombre, encontró el ser.

crisolhoy.com

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