La escritora ucrania Victoria Amelina muere por las heridas sufridas en un bombardeo ruso en Kramatorsk

La escritora ucrania Victoria Amelina muere por las heridas sufridas en un bombardeo ruso en Kramatorsk

La novelista, de 37 años, había aparcado la ficción para denunciar los crímenes de una guerra que finalmente le ha costado la vida

La novelista ucraniana Victoria Amelina, fallecida a última hora del sábado, en una fotografía tomada en Lviv el pasado 19 de junio.VICTORIA AMELINA (VICTORIA AMELINA EFE)

LUIS DE VEGA (ENVIADO ESPECIAL)

La escritora ucrania Victoria Amelina, de 37 años, es la víctima número 13 del bombardeo ruso del pasado martes en Kramatorsk (región oriental de Donetsk), según anunció en la noche del domingo Pen Ucrania, una organización que defiende los derechos de los autores y la libertad de expresión, a la que ella pertenecía. La autora, que engrosaba la lista de más de 60 heridos, sucumbió a última hora del sábado a las heridas en la cabeza que sufrió como consecuencia del impacto de un misil sobre el popular restaurante Ria. Entre los fallecidos hay tres menores, dos eran gemelas de 14 años. Un día antes de producirse la muerte de la novelista, el presidente español, Pedro Sánchez, le rindió un homenaje durante su tercera visita a Kiev. “Necesitamos mujeres como ella para escribir la historia”, afirmó Sánchez el sábado durante una intervención ante el Parlamento ucranio.

“Con nuestro mayor dolor, les informamos de que la escritora ucrania Victoria Amelina falleció el 1 de julio en el Hospital Mechnikov, en Dnipró”, señala el comunicado. “Estamos anunciando esta noticia ahora, cuando todos los miembros de la familia de Victoria se han enterado y con su consentimiento”, añade para explicar el tiempo pasado entre el fallecimiento y el anuncio.

Amelina era autora de libros infantiles y de dos novelas, pero a la sombra de la gran invasión rusa lanzada en febrero de 2022 dejó atrás la ficción y se centró en la investigación de crímenes de guerra. Entre sus reconocimientos figuran premios como el Joseph Conrad o el haber sido finalista del Premio de Literatura de la Unión Europea. En España se acaba de traducir su novela Un hogar para Dom (Avizor).

La presencia de la escritora en Kramatorsk era casi accidental. Se había embarcado a última hora en un viaje junto a los colombianos Héctor Abad Faciolince, escritor; Sergio Jaramillo, excomisionado de paz en ese país, y la reportera Catalina Gómez. Habían partido desde Kiev primero hacia la región de Járkov y, después, hacia la de Donetsk. En Járkov tuvieron la oportunidad de conocer de cerca el caso del escritor local Volodímir Vakulenko. Durante la ocupación rusa el año pasado, Vakulenko decidió enterrar sus diarios en el jardín de su vivienda en el pueblo de Kapitolivka, cerca de la localidad de Izium. Poco después fue asesinado por los invasores y su cuerpo trasladado a una fosa común. Amelina descubrió sus manuscritos y sacó a la luz lo ocurrido, otra atrocidad cometida por los rusos en Ucrania.

La escritora conoció durante el fin de semana antes del bombardeo de Kramatorsk a Abad Faciolince y Jaramillo en un acto de la feria del libro de Kiev. Ambos habían acudido a presentar la campaña “Aguanta Ucrania”, de solidaridad de Latinoamérica con la población del país. Por eso, casi sobre la marcha, decidió acompañarlos junto a Gómez, también con una sólida experiencia durante el conflicto armado en esa zona del país.

El último tuit de Amelina data del mismo martes del atentado. En él aparece fotografiado Abad Faciolince sosteniendo la edición en ucranio de su famoso libro El olvido que seremos, en el que reflexiona en torno al asesinato en 1987 de su padre, un conocido médico, catedrático y activista de derechos humanos. La imagen, en la que está abrazando a una librera llamada Yulia, fue tomada en Kapitolivka, un lugar que Victoria Amelina quiso que la delegación colombiana conociera. “Es como un abrazo solidario de América Latina a Ucrania”, escribió la novelista junto al lema “Aguanta Ucrania”.

El propio Abad Faciolince rememoró durante una conversación con EL PAÍS la simbólica entrevista que mantuvo con Amelina en el jardín de la casa de Vakulenko. “Este era un viaje testimonial y, de pronto, se ha convertido en un viaje trágico en el que nuestra colega Victoria Amelina está entre la vida y la muerte. Y nosotros, tristes y consternados, volvemos a donde podamos… A donde todo parece perfecto”, lamentaba el escritor y periodista colombiano. La explosión rompió un momento de risas en el que el grupo, sentando en una mesa del restaurante, bromeaba sobre la hora del toque de queda y la ley seca que impide tomar alcohol. “No sé si voy a volver a ver otra vez el rostro de Victoria entre esas risas de la cerveza”, rumiaba dolido el escritor. Pasadas las horas, seguía sin alcanzar a comprender: “Por qué estábamos nosotros bien y ella, no”. Más allá de las contusiones, ninguno del grupo, incluido Dima, el conductor, sufrió heridas, salvo Amelina.

“El 27 de junio de 2023, Rusia cometió otro crimen de guerra al enviar un misil Iskander con una ojiva altamente explosiva al restaurante Ria” y “entre las personas gravemente heridas en este crimen se encuentra nuestra querida colega Victoria Amelina: una brillante escritora ucrania y activista de derechos humanos galardonada y mundialmente conocida”, denunciaron tres días después del atentado las organizaciones Pen Ucrania y Truth Hounds, que investiga crímenes de guerra. Amelina formaba parte de ambas.

La novelista ucrania Victoria Amelina. el 19 de junio en Leópolis. VICTORIA AMELINA (VICTORIA AMELINA EFE)

AMELINA EFE)

“Esta es una ruleta en la que a uno le cae una esquirla y a otros, no. Es espantoso estar así, tener que vivir en un mundo en el que ocurren estas cosas, pero hay que dar testimonio y oponernos a ellas”, defendió Héctor Abad Faciolince mientras se alejaba en coche del “infierno” de Donetsk, al tiempo que los médicos trataban de salvar la vida de Amelina. La escritora fue trasladada el miércoles en ambulancia desde el hospital número tres de Kramatorsk a uno mejor dotado de la ciudad de Dnipró. Estuvo en coma hasta su muerte.

“No creo que el derecho y los derechos humanos sean campos reservados para personas con títulos. La ley trata de seres humanos en última instancia, o al menos debería tener a las personas en el centro; eso es lo que hace que el derecho se asemeje a la literatura”, explicó en abril al periódico Kyiv Independent. Y siguiendo la estela de esa forma de pensar, al mes siguiente, Amelina se unió al viaje en el que Abad Faciolince y Jaramillo querían acercarse a esas víctimas objeto de su campaña de solidaridad.

El restaurante Ria, como pudo comprobar este enviado especial cuatro días antes del bombardeo, es un lugar muy popular frecuentado por periodistas, trabajadores humanitarios, voluntarios de diferentes organizaciones y militares. No es en ningún caso una infraestructura del ejército, como aseguró Rusia para justificar el ataque.

Kramatorsk ya había sido el 8 de abril del año pasado escenario de un brutal ataque ruso contra civiles que estaban siendo evacuados desde la estación de tren hacia otras regiones más seguras del país. Las víctimas mortales ascendieron a 59.

Las autoridades de Ucrania anunciaron el pasado miércoles la detención de un vecino de la ciudad al que consideran un agente prorruso. Aseguran que el mismo día del bombardeo grabó un vídeo del restaurante Ria y sus alrededores antes de enviarlo a las autoridades rusas. “Todo aquel que ayude a los terroristas rusos a destruir vidas merece el mayor de los castigos”, señaló el presidente ucranio, Volodímir Zelenski.

Este es el panorama que dejó pintado Victoria Amelina el pasado 24 de junio: “Por la noche observaba las bolas de fuego en el cielo desde mi balcón en Kiev y escuchaba las explosiones. Me fui a dormir sin revisar las noticias. La guerra tiene lugar cuando ya no puedes seguir todas las noticias y llorar por todos los vecinos que murieron en lugar de ti a un par de millas a la redonda. Aun así, no quiero olvidar de aprenderme los nombres”.

Sobre la firma
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Luis de Vega
Ha trabajado como periodista y fotógrafo en más de 30 países durante 25 años. Llegó a la sección de Internacional de EL PAÍS tras reportear año y medio por Madrid y sus alrededores. Antes trabajó durante 22 años en el diario Abc, de los que ocho fue corresponsal en el norte de África. Ha sido dos veces finalista del Premio Cirilo Rodríguez.

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