Ir a un concierto o pintar nos repara emocionalmente

Ir a un concierto o pintar nos repara emocionalmente

Desconectar en un concierto o cantar, leer un libro o escribir, perderse en un museo o pintar no solo sirven como vía de desconexión y disfrute, sino también de reconstrucción emocional.
JUÁREZ CASANOVA

PATRICIA FERNÁNDEZ MARTÍN

Billy Wilder decía: “Si el cine consigue que un individuo olvide por dos segundos que ha aparcado mal el coche, no ha pagado la factura del gas o ha tenido una discusión con su jefe, entonces ha conseguido su objetivo”. La cultura es un espacio sanador. Es algo que hemos visto en los dos últimos años. Desconectar en un concierto, leer con atención un libro, perderse en un museo o emocionarse con una obra de teatro no solo han servido como vías de desconexión, evasión y escape, sino también de aprendizaje y reconstrucción emocional. No nos referimos solo a las actividades culturales en las que somos espectadores pasivos, sino también a las actividades que realizamos activamente, como escribir, esculpir o pintar.

Existe evidencia científica de que cualquier actividad cultural, sea pasiva o activa, beneficia la salud mental en diferentes niveles. Si nos fijamos en la parte cognitiva, focaliza nuestra atención ante una dispersión de datos y estímulos diarios que nos saturan. Reflejar los miedos, dudas e inseguridades en un diario o en un texto, por ejemplo, sirve para ordenar las ideas y calmarse. Ver una película puede fortalecer nuestra memoria episódica y semántica por el esfuerzo al almacenar las secuencias que se irán consolidando como recuerdos. La intensa reflexión sobre cuestiones existenciales y antropológicas retratadas por los grandes directores, pintores o escritores nos aporta referencias y conocimientos que nos estimulan intelectualmente. A nivel social, asistir a la ópera o al teatro nos anima a compartir opiniones, ideas, desarrollar el pensamiento crítico y hacernos más tolerantes.

A nivel físico, la cultura nos oxigena y revitaliza al poner en paz nuestra mente disminuyendo los niveles de ansiedad y de estrés. Escuchar música, por ejemplo, tiene un efecto beneficioso en las sustancias químicas del cerebro, como la dopamina y la oxitocina, y puede ayudarnos a disminuir los niveles de cortisol. En el aspecto emocional, estas actividades nos ponen en contacto con nuestros miedos y temores, lo que permite aceptarlos mejor. La identificación con los personajes similares en una película o en un libro, por ejemplo, aumenta nuestra introspección y nos ayuda a conocernos; pero, a la vez, vivencias de personajes antagónicos son un desafío al cuestionar nuestros puntos de vista. También dedicamos tiempo a la cultura por el propio instinto de placer y de entretenimiento. “Además de la lógica, para sobrevivir a esta realidad necesitamos la imaginación”, dijo Alfred Hitchcock.

La tesis de que las prácticas artísticas tienen efectos positivos sobre la salud y el bienestar se ha visto respaldada, al fin, por los organismos institucionales. Así lo publicó la Oficina para la Región Europea de la Organización Mundial de la Salud en noviembre de 2019, en un informe apoyado en más de 3.000 estudios científicos. La OMS ha instado a los gobiernos europeos a introducir las artes en sus políticas de salud y bienestar. El Senado de España realizó en septiembre de 2020 una declaración institucional al Gobierno en la que solicita la declaración de la cultura como bien esencial.

En los entornos sanitarios algunas iniciativas tratan de humanizar la experiencia hospitalaria de los pacientes, familiares y personal a través de propuestas culturales y artísticas, como la que propone la fundación Cultura en Vena. En una de ellas, la exposición Goya en un hospital muestra reproducciones de obras del Museo del Prado que incluyen textos de mediación que conectan con las vivencias emocionales de los espectadores. Living Museum es otro movimiento dedicado a crear espacios de arte en instituciones de salud mental.

Otra forma de acercar la cultura es promoviendo la actividad lectora. Diariamente, los pacientes asediados por la angustia, la depresión o el desamparo se acercan a las estanterías en búsqueda de alivio. Como dice Guillermo Lahera, profesor titular de Psiquiatría en la Universidad de Alcalá, “la literatura es una poderosa fuente generadora de significado”. Y para este propósito, las recomendaciones literarias o biblioterapia son muy útiles porque el lenguaje estructura la psique. Hace unos años, la iniciativa británica Reading Well Books on Prescription obtuvo una amplia aceptación de los clínicos y de los pacientes. En España se han llevado a cabo proyectos similares, como el de Biblioterapia-Lecturas Saludables, promovido por la Consejería de Sanidad de la Xunta de Galicia. Da la posibilidad de elegir un libro entre un listado dividido por temáticas.

El incremento de la incidencia en sintomatología ansioso-depresiva, insomnio y estrés ha alertado a los expertos ante la búsqueda de soluciones complementarias al tratamiento habitual que mitiguen este impacto. Los sanitarios tenemos un momento propicio para aconsejar actividades culturales que ayuden a reconstruir el mundo y sanar el alma. Como decía Almudena Grandes, “la cultura es un ingrediente de la felicidad”. Es el aliado perfecto en esta transición, porque la filosofía, la literatura y las artes ayudan a entender mejor la complejidad de la realidad humana y a reconciliarse con lo vivido.

Patricia Fernández Martín es psicóloga clínica en el Hospital Ramón y Cajal de Madrid.

Tomado de https://elpais.com/eps/2022-06-23/la-reconstruccion-emocional-que-da-ir-a-un-concierto-pintar-o-escribir.html

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