Hogar y Coraje
Hogar y Coraje
Una escena impactante de la Odisea tiene lugar cuando Odiseo finalmente regresa a Ítaca después de veinte años de guerra y peregrinación.
Cabría esperar que la historia terminara con una celebración, con el héroe volviendo a casa, la familia reunida y el orden restablecido.
Homero hace algo mucho más extraño.
Odiseo llega disfrazado de mendigo, porque Atenea le advierte de que el palacio ha sido ocupado por más de cien pretendientes que llevan años viviendo allí, comiendo su comida, bebiendo su vino y presionando a su esposa Penélope para que se case con uno de ellos.
Creen que Odiseo está muerto y, en su opinión, el reino ya les pertenece.
Así, el rey de Ítaca camina por sus aposentos vestido con harapos mientras los hombres que roban su casa se sientan cómodamente a su mesa. Se burlan de él, le arrojan desperdicios, e incluso uno de ellos lo golpea, y Odiseo lo recibe. Esa es la parte más notable, porque el mismo hombre que cegó al Cíclope y sobrevivió a veinte años de calamidades ahora permanece impasible mientras extraños lo insultan en su propia casa. Homero nos dice que siente una opresión en el pecho y que desea atacarlos de inmediato, pero se contiene y espera.
En lugar de atacar, Odiseo estudia la sala con atención. Cuenta a los hombres, observa sus costumbres y analiza con calma qué sirvientes le son leales y cuáles lo han traicionado. El héroe de la Odisea hace algo que la mayoría de la gente no puede hacer: posponer la venganza hasta el momento oportuno.
Finalmente, Penélope anuncia un concurso y saca el gran arco de Odiseo, declarando que se casará con el hombre que logre tensarlo y disparar una flecha a través de doce cabezas de hacha alineadas. Uno a uno, los pretendientes lo intentan y fracasan, pues ninguno puede siquiera tensar el arco. Entonces, el mendigo pide su turno. Los pretendientes se ríen al principio, pero finalmente le entregan el arco.
Odiseo la toma entre sus manos y la tensa sin esfuerzo. Homero dice que el sonido de la cuerda al tensarse resuena en el salón como el canto de una golondrina. Luego coloca una flecha en la cuerda y la dispara limpiamente a través de las doce cabezas de hacha.
En ese instante, el mendigo desaparece. Odiseo dirige el arco hacia los pretendientes y revela su identidad.
Lo que sigue es una de las escenas más brutales de la literatura griega. Las puertas se cierran herméticamente y los pretendientes se dan cuenta demasiado tarde de que están atrapados dentro del salón. Odiseo, su hijo Telémaco y dos fieles sirvientes comienzan a matarlos uno por uno. No hay escapatoria, ni piedad, ni negociación. Los hombres que pasaron años consumiendo la casa de otro mueren dentro.
Es un final violento, pero Homero quiere que comprendamos algo importante. El verdadero peligro para Odiseo nunca fueron solo los monstruos y las tormentas durante el largo viaje de regreso a casa. Era la posibilidad de que alguien más ocupara su lugar mientras él estaba ausente. Cuando Odiseo finalmente regresa, les recuerda a todos en Ítaca una verdad simple: el hogar de un hombre no le pertenece verdaderamente a menos que esté dispuesto a luchar por él.
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