El racismo, a veces, no se ve.

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OPINIÓN · 6 JUNIO, 2020

El racismo, a veces, no se ve.

Por: Leoncio Barrios | @Leonciobarrios

“Sin darnos cuenta, podemos ser más racistas, clasistas, xenófobos, homófobos”

Las protestas por un crimen visto en las redes sacuden a un país y ocupan parte del espectro informativo mundial. El criminal, miembro de una institución estatal llamada a preservar el buen comportamiento ciudadano, la policía, es de piel blanca. La víctima, un detenido por un delito menor, es de piel negra. Una escena de racismo. Un tema de estos días, de siempre.

El racismo, el desprecio a una persona o grupo por el color de su piel, textura del cabello o rasgos del rostro, es una de las tantas fobias sociales que mucha gente ha expresado históricamente. Es motivo de vergüenza, pero también de orgullo callado.

El racismo es multiforme

El racismo no es exclusivo de un país, ni de un sector social, ni tiene una sola forma de expresión. Es como si el racismo se apareciera como un monstruo a media noche, como el Klu Klu Klan, pero también lo hace en cualquier lugar, hora y de múltiples formas: desde las violentas hasta en chistes. Es mucho más generalizado de lo que puede imaginarse.

El racismo es un espejo. Los grupos que desprecian a otros, también son despreciados en viceversa. Blancos contra negros, negros contra blancos, negros contra latinos, también lo contrario. Pero no es solo cuestión de piel. Hay aspectos culturales, estilos de vida, formas de comportamiento que se integran a lo despreciado. El racismo, aunque es cuestión de piel, no va en la sangre. Como todo odio, este se ha aprendido.

Racismo es expresión y ratificación de poder. En todas las sociedades un grupo tiene supremacía sobre otros. Esos grupos suelen tener características físicas que determinan a gran parte de sus miembros. La estatura, el color de piel, del pelo, los ojos. Pareciera un tema solo de color. Pero no, lo es de percepción. De lo que hemos aprendido a ver como hermoso, valioso, poderoso o despreciable. Racismo y clasismo van de la mano.

Cuestión de estereotipos, pero no tan solo eso

Un estereotipo es un rasgo atribuido y generalizado a todos los miembros de un grupo. Una creencia que se aprende y como toda generalización, errada. Aun así, esa creencia arrastra sentimientos de afecto o desprecio y se asume como una verdad de quien la profesa.

En casi todas las sociedades se enseña a que ser de piel, pelo y ojos claros, es mejor. Blanco, amarillo y azul son los colores que dan prestigio. Más si la contextura es alta y delgada. Asimismo, se enseña que las pieles negras son feas, huelen mal, que el pelo rizado es “malo”, lo bueno es alisado. Cuestiones subjetivas.

África, el continente de negros por excelencia, fue colonizado por grupos europeos que esclavizaron a los africanos y los vendían en América. Era trata de personas. Un crimen que hoy es de lesa humanidad. Los negros aparecieron en la historia como pobres. Y, buena parte de la gente aprendió que los blancos son superiores, mejores que los negros. Un estereotipo que pasa de generación a generación a través de la familia, las comunidades, la escuela, las iglesias, los medios de comunicación, entre otros.

Lo cierto es que hay grupos poderosos socialmente por razones históricas, económicas, políticas, familiares, no biológicas, no raciales. Pero las comunidades de negros han seguido siendo predominantemente pobres, con menos educación formal, discriminados, despreciados, en casi todo el mundo.

Cuestiones objetivas.

La esclavitud se abolió. La gente negra se hizo libre, pero quedó presa de las creencias generalizadas por lo que el poder creó sobre ella: que era pobre, ignorante, peligrosa. La aporofobia, el desprecio por ser pobre, se suma al racismo.

Las creencias denigrantes sobre los negros han sido tan poderosamente extendidas que han generado el endoracismo. El rechazo a las propias características físicas. En comunidades negras es posible escuchar: “Hay que mejorar la raza”, en el entendido de que mejorar es aclarar el color de la piel, el cabello, los ojos.

Racismo no es solo contra negros
El racismo es un sentimiento más generalizado, enraizado, de lo que se cree. Y un análisis de su expresión debería comenzar por uno mismo: ¿qué tan racista soy?

Lo políticamente correcto nos ha llevado a ocultar hasta de nosotros mismos nuestras auténticas opiniones y lo que es peor, nuestros auténticas creencias y sentimientos. Sin darnos cuenta, podemos ser más racistas, clasistas, xenófobos, homófobos, o tener cualquier otra fobia social, de lo que creemos.

Hay racismo también contra los indígenas, los asiáticos, los árabes. Particularmente, en Latinoamérica, el racismo hacia los negros, pudiera pasar hasta desapercibido. Entre otras cosas por la mezcla de razas que en algunos de esos países se han producido donde lo negro está presente.

Lo que pudiera ser intolerante para un latinoamericano es tener rasgos indígenas. Lo indígena se aprecia en lo pintoresco, lo turístico, lo serviles que pudieran ser, pero mientras más lejos, menos se acerquen a nuestra sangre, mejor. Racismo y xenofobia, cuando se trata de gente de afuera, se suman.

Black is beautiful

Como toda creencia y estereotipo es aprendido puede cambiar. Muchas formas sobre cómo se percibe a los negros, indígenas, asiáticos, pobres, árabes, homosexuales pudieran haber cambiado, aunque sea un poco. Sin embargo, hay que denunciar, protestar cualquier fobia social. No solo el racismo.

La actual Miss Universo es negra y no lo es por su color de piel o forma del cabello, lo es por la belleza de su rostro, la esbeltez de su cuerpo, la gracia al desplazarse. Como ella, millones de negros no solo de cuerpo, sino de alma. Como los blancos y los amarillos y los marrones. Y es que la gente es mucho más que colores.

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