Recorren largas distancias,
Largas charlas en los bares
Para no ser distancia.
Esperan toda la noche
En busca de las más perfecta
Y remota madrugada.
Corren a gran velocidad
Lo noto en sus ojos, desorbitados
Y en la locura de su mirada, frenética.
Ansían llegar
Y no ser ellos.
Navegan en ríos de saliva,
Se guían por el olfato,
Buscan el perfume más intenso
que los pierdan.
Quieren tocar fondo.
Se embarcan en los flujos y corrientes
más profundas.
Quieren estallar, estallar y olvidar.
Y estallan
y olvidan
y la mañana los levanta inciertos,
desconcertados, extranjeros en su cuerpo.
Y se van, remotos,
más remotos aun que cuando llegaron.
Y recorren largas distancias,
en los días, en las noches,
y hay tanta fuga en sus miradas
que se diría que quieren morir lejos,
muy lejos.
Pero no, no es eso,
quieren marchar,
tocar el infinito
y volver.
Y vuelven,
La elipse de su deseo los arroja de nuevo
a esta orilla,
al lado más oscuro de la noche.
Traen un extraño temblor entre sus manos
y un terror renovado en sus miradas.
No entiendo su espanto enfurecido,
cuando me miran y no se acercan.
cuando me miran y se van.
Una vez mas
la inefable voracidad de la mecánica celeste,
los arranca de mi lado.
Se deben a sus orbitas fijas.