También es muy importante mantener la vida social. La razón es que «relacionarse con las personas nos “obliga” a mantenernos activos, a utilizar el lenguaje y a poner en marcha nuestra cabeza». Por eso, es fundamental no encerrarse en uno mismo y seguir relacionándose con los demás, tanto a nivel familiar como con amigos, compañeros o excompañeros de trabajo, etc.
Una forma muy eficaz de entrenar la memoria es contar historias del pasado. Tanto si se es joven, como si se está en la mediana edad o ya se es abuelo, siempre hay cosas que contar, a los amigos, a los hijos, a los nietos, etc. Incluso, si la vida social falla, se puede seguir adelante con este truco escribiendo un diario en el que poder plasmar los recuerdos de cada día.