Tumba de Dante Alighieri en Ravena. Fotografía de PetarM | Wikimedia
Dante 700
Toda esta Italia pandémica organizando actos para recordar los 700 años de la muerte del
Sommo Poeta florentino, muerto lejos de Florencia en su exilio de Ravenna. Visité su tumba y me conmovió el recuerdo de su suerte desterrada, comiendo el pan salado del exilio (en la Toscana de su tiempo, e incluso ahora, en la producción artesanal, no le agregan sal a la preparación del pan). No imaginaba en aquel momento que la tragedia del exilio me iba a afectar de manera tan extendida. No debe haber un habitante de Venezuela que no tenga por lo menos un familiar viviendo fuera del país natal. En mi caso, todos mis hermanos y sobrinos, menos una que todavía enseña en la Universidad de Carabobo, la única de mi núcleo familiar que, en este momento, está residenciada en la tierra de origen. Nuestro destierro, sin embargo, como el de la mayoría, no está sometido a los rigores del exiliado en tiempos clásicos, o en la Florencia de Dante. Como Ovidio, el Alighieri no podía regresar a su ciudad so pena de ser condenado a muerte. No sé todavía si toda su familia, como la mía, tuvo que abandonar lo que se conoce dudosamente como el suelo patrio. Recuerdo que tuvo dos hijos, Pietro y Giacoppo, también castigados con el destierro; del resto sé que tuvo por lo menos una hermana y que su madre murió temprano; que su padre volvió a casar y que vivió, y probablemente nació, en la que hoy se conoce como Casa di Dante en pleno
centro storico de la ciudad del Arno. Confío en que la reciente biografía que Alessandro Barbero ha dedicado al poeta (no recuerdo que alguna vez una biografía de Shakespeare se haya convertido en best-seller, pero el libro de Barbero lo fue durante muchos meses) venga a completar las informaciones que sólo conozco por el libro de Giovanni Boccaccio, cuya biografía de Dante sigue siendo la obra de referencia.