La respuesta requiere diseccionar los intereses de los tres pilares en juego:
La administración estadounidense: En el corto plazo, su agenda está marcada por el calendario electoral parlamentario en Washington. Necesitan capitalizar acciones inmediatas en Venezuela: energía, recursos estratégicos y apertura de capitales para demostrar resultados. A largo plazo, su prioridad es la seguridad hemisférica frente a la influencia de China y Rusia, buscando estabilidad institucional y control político.
El régimen de facto: Tras la parálisis estructural sufrida después del 3 de enero de 2026, el régimen busca ganar tiempo. Su estrategia es doble: si no puede consolidar el control total, busca mutar de un esquema de poder criminal a una opción política «legalizada» con garantías de impunidad para sus cabecillas. Para lograrlo, están dispuestos a ceder espacios periféricos mientras mantienen el núcleo duro del poder ejecutivo, judicial y represivo.
La oposición dialogante: Al reconocer su limitada base de apoyo popular, este sector opera como instrumento de la tutela extranjera. Su objetivo principal es asegurar cuotas de poder en la transición, operando como un puente táctico entre los intereses estadounidenses y el país que busca reconstruirse.
La mayoría silenciada: El factor determinante
El noventa por ciento de la población, cuyo sentir quedó plasmado en la jornada del 28 de julio de 2024, aspira a algo distinto: una Venezuela libre y democrática fundada en la dignidad humana, la verdad, la ética, el mérito, la justicia, la responsabilidad y la transparencia bajo una visión de bien común. Acompañada de Dios
Se refleja un problema actual: la exclusión de esta mayoría de la mesa de negociación.
Las garantías de los intereses del tutelaje pueden llevar a configurar una junta de gobierno técnica que prolongaría la transición, presentando acciones de gobernanza a lo cual no está llamada esa mesa de negociación, pero que garantizaría los intereses del tutor a través paz y seguridad progresiva que generaría un sometimiento acetado, por esto es imperativo que el país asuma su responsabilidad: su rol de protagonista.