La Justicia fue rápida y el 25 de octubre ordenó la re-programación de la película, propinando un severo correctivo al munícipe por su «atentado grave y manifiestamente ilegal contra la libertad de expresión, la libertad de creación y la libertad de difusión artística».
Es más que eso. Christophe Geffroy, director de La Nef, afirmaba en el editorial del número 384 (noviembre de 2025) que lo sucedido, aunque anecdótico, «es revelador del estado de espíritu de una parte de nuestros dirigentes: nuestra civilización tiene el triste privilegio de alimentar en su seno una franja de población que rechaza visceralmente el fundamento de su propia cultura, con un odio tenaz a lo que nos define, el cristianismo en primer lugar pero también la larga historia nacional», que incluye como episodio de gran impacto multisecular las apariciones que refleja la película. «El mal está en nosotros mismos«, lamenta Geffroy.
Con todo, y consciente del error político cometido (que le ha convertido en censor sin conseguir su objetivo y ha servido para generar una polémica que ha beneficiado a la película), el alcalde Payan ha tenido reflejos y telefoneó al director Steven Gunnell para ‘hacer las paces’ y prometerle que vería la película en alguno de los cines de Marsella donde la ponen.