La tercera inscripción, ubicada en el panel norte, dice: “Gaiano, también llamado Porfirio, centurión, nuestro hermano, hizo realizar este suelo de su propia cuenta como un acto de liberalidad. Brucio llevó a cabo el trabajo”. No solo la mujer Akeptous donó para la construcción del lugar, sino que un centurión romano que se había convertido al cristianismo pagó para la obra del Mosaico.
Esto nos trae a la memoria al centurión que quería que Jesús sanara a su siervo, por lo que envió a unos ancianos judíos a convencerlo, argumentando su donación de la sinagoga: “Cuando ellos llegaron a Jesús, le rogaron con insistencia, diciendo: ‘El centurión es digno de que le concedas esto; porque él ama a nuestro pueblo y fue él quien nos edificó la sinagoga’”, Lc 7:4-5 (NBLA).
Parece que el Mosaico se hizo durante el reinado del emperador Alejandro Severo –del 222 al 235–, quien no persiguió de manera tan sangrienta a los cristianos como lo habían hecho Nerón o Domiciano. Sin embargo, la persecución que hubo desde Nerón nunca se detuvo sino hasta el tiempo de Constantino en el siglo IV. De hecho, la oposición llegó a un clímax con Diocleciano, quien reinó entre el 284-305, y decretó en el 303 que estaba prohibido para un oficial romano ser cristiano.
¿Por qué era importante para los enemigos del cristianismo prohibir a los oficiales romanos ser cristianos? ¡Porque había bastantes! Y una prueba contundente de ello es Gaiano, quien dio el dinero para la construcción del Mosaico. Tal era el impacto de la fe cristiana, que aun los oficiales del Imperio estaban siendo convertidos.