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Capítulo XII

El Clima sin Sol.

El frío era el pan de todos los días y todos los panes que comió ese primer invierno estaban fríos. Una noche regresando de una fiesta en la Universidad orinó atrás de unos árboles abriendo un hoyo en la nieve. Se sorprendió que se congelara el orín en el aire, se sintió escultor, construyó varios palitos de hielo, se reía pensando en sus hermanos para contarles, no se lo iban a creer. Terminó de orinar, mientras otros estudiantes se reían viéndolo en su acción fisiológica, situados detrás de los arbustos. Sin comprenderlos y sin mirarlos se subió el cierre del pantalón y aceleró el paso hasta llegar a su nido. Al cerrar la puerta que separaba el frío y el calor, sintió un relámpago en el interior de su interior como si se le estallaba su pipí. Se puso a correr como siempre lo hacía cuando se golpeaba pero esta vez las piernas formaban un arco iris. Enderezó sus piernas a altas horas de la noche del sueño que tenía, repitiendo con mucho cuidado de no romper ningún nervio en su cuerpo:

“No vuelvas orinar estatuas al aire libre, Miguel Angel!”.

 

Lo Artificial de La Naturaleza.

Ir a clase para esos días era toda una proeza que merecía condecoraciones a diario, especialmente por que se tenía prohibido ser escultor. También era muy divertido el caminar en la nieve y entre más blanco era el camino, más jugaba Doguix con ésa harina de hielo caída del cielo. Habían días que solamente cuando se paraba de jugar era que sentía frío y a veces también se daba cuenta que había pasado días en ese plan ya que al llegar a clases las tareas a entregar estaban obsoletas. Pero en verdad era más la confusión de pensar que  se había  quedado jugando como un zombi cada vez que veía que tenía tarea retrasada.

Una noche estudiando repetía las frases que se sabía y no sentía  acento extraño al pronunciarlas. Ese momento fue muy feliz, vio que era cuestión de proponerse. Al llegar al salón de clases y  al tratar de cantarlas cuando se le preguntó le traicionaron las cuerdas vocales. Creyó por unos instantes que la mente y el cuerpo eran dos cosas diferentes unidas en un solo ser, pero fue el ser al que vio, en el siguiente instante, como la única parte unida a todo a su alrededor como un superser. Las notas de acento que generó fueron tan extrañas como el cuarto día. No le prendió el carro.

“!Extraterrestre!”, se llamó.

 

Llegó un momento en que construía una conversación en inglés con cierto esfuerzo artificial. Cuando iba a una fiesta se desafiaba. El resultado fue que ésa es la prueba tope en el aprendizaje de un idioma. La prueba consistía en entrar en un círculo de personas y participar. Participar oyendo y participar hablando. A los segundos de iniciar las pruebas Doguix salía reprobado. Todo su nivel de inglés era: si, si ó no, no ó ja, ja; sin tener idea de lo que conjugaba con sus respuestas en tono menor, muy menor de lo que veía al grupo decir.

 

A la mañana siguiente se levantó de la cama con gran pesadez. Era una pesadez de un solo lado de su balanza personal. No se sentía mal completamente, solamente cuando se paraba a pensar por qué se sentía mal y llegaba a la conclusión de la razón: Tener ya más de seis meses y su inglés seguía como la primera vez que oyó una clase de inglés, mal. Salió a caminar por el campo universitario deseando encontrarse en el suelo un chicle para recogerlo y masticarlo, así tal vez se le pegaba el inglés de quien lo botó. Pero no tuvo suerte, solamente masticó chicles de gente que tampoco sabía de inglés. Entró en la residencia y vio un amigo suramericano que veía la televisión con gran pasión. Le preguntó cuanto tiempo necesitó para comprender a la perfección  ese aparato. Su    amigo le respondió:

“Tres meses”,

Doguix sintió una puñalada de verdad en una pierna al oír esa respuesta y sin mirarlo, continuó viendo el programa sin entenderlo pero sobándose ahora la extremidad herida.

 

La Hora de La Verdad.

A las semanas presentó la evaluación más importante de inglés para entrar a la universidad. Desayunó ese día como nunca, sabía que iba a requerir de todos los soportes para lograr mantener una mente clara durante el examen.

La prueba se inició con una historia contada a través de una cinta, él pensó en lo que comió para esto, mientras el megáfono hablaba en voz alta. Ya en ese momento estaba claro que todo iba a ser un fracaso, no podía aceptar que era el café con leche lo que su cerebro le enviaba como mensaje al oír esa cinta. No podía ser. El resultado fue lo que sintió y nada parecido a lo que le contestó a sus amigos sobre su prueba. A los dos días publicaron las notas en orden de mejor a peor.  Su nombre lo buscó de abajo hacia arriba. Al ver el nombre y la nota del primero que chequeó se dijo:

“Mañana tengo que hacer un mierdero de goles!”.

Tomó una resolución, se dirigió a su cuarto, llamó a su hermano quién se encontraba en otro estado y le dijo:

“Jowi, he decidido empaquetar mis maletas y regresar a casa. No aprendo inglés,  comienzo a olvidar el Español, y antes que me quede mudo tengo que ayudarme regresando a casa”.

Jowi le pidió calma, que le comentase más detalles sobre su aprendizaje. Doguix le dijo que venía de obtener la peor calificación entre 180 estudiantes extranjeros en la prueba principal, su nota fue 250 puntos sobre mil. Jowi rió fuertemente y le dijo:

“Mira, hace unos días leí que un mono había tomado la misma prueba y había obtenido 380 puntos!”.

Doguix le contestó: “Te veo en casa!”

Y colgó con la tranquilidad de un gran gurú en su arte del té cuando posa la taza….al quemarse.

Se fue a jugar fútbol, hizo todos los goles de su equipo, mucho más de tres.  Durante el partido nadie lo reconoció por la forma como tomó control del equipo, del juego y la forma como gritó. No eran gritos de alarma pero sí gritos de dirección. Al final del juego se quitó sus guayos los ató por los cordones y  con una sola mano los mantuvo sobre el hombro. Descalzo en medias, caminó a su habitación se bañó y entró a descansar su jornada.

Doguix tomaba siempre fuerzas a través del fútbol. Sabía que estaba por encima de esas evaluaciones de conocimiento y por encima del extraño idioma. Hablaba ya uno y esto era su mejor prueba y su mejor apoyo.

Al otro día llegó a clases pero antes de entrar la profesora lo llamó para hablar con él aparte sobre la evaluación del examen. Lo llevó a una oficina donde la mesita era muy pequeña y las sillas quedaban uno al frente del otro. La profesora  le dijo con una entonación muy templada:

“Doguix, You will never learn English!”

Doguix le contestó, dándose a entender entre palabras y dedos, que no le gustaba el color verde de la pantaleta que portaba en ese momento bajo su vestido. Se paró y cuando dio el primer paso para irse, la profesora molesta cerró aún más sus piernas y le pidió que se quedase porque aún no había terminado. Doguix con mucho respeto le contestó en español:

“Me quedo si habla Castellano”.

La profesora con un acento agradable pero aún molesta le contestó afirmativamente. Doguix entonces le dijo:

“Profesora, mi molestia es que usted piense que es una diosa del saber de mi vida. Nadie sabe lo que será de mi vida, ni el autor de este libro (“!Es verdad¡”). A cada segundo vivimos pruebas de como los dados siguen en movimiento desde la primera lanzada sobre este tapete del azar que llamamos universo.

Nuestras sociedades  aún insisten en ser un mundo determinista como  reflejó usted con lo que me dijo. En nuestra educación se habla aún de raspar y aprobar, de saber o no saber, de memorizar, de copiar, de apuntar. No entiende el sistema que somos unos seres libres, completamente libres que vinimos a vivir. Que en esta vida debemos desarrollarnos como individuos libres sin un programa determinado por ningún gobierno, sociedad, ó individuo. El único “programa” no es un programa, es simplemente una danza impresionante e incomprensible que se vierte en una catarata de danzas, la danza atómica, la danza del fútbol, la danza cósmica, la danza de la naturaleza, la danza de la información, la danza de todas las fuerzas físicas, en fin la danza de la vida. Somos libres a escoger cualquier camino y que ese camino como todos los otros ofrecidos por la danza de la vida no tiene ningún grano de determinismo y nada es fundamental. Estamos para vivir. Es importante responder a las responsabilidades, al estudio, al camino, pero ninguno de estas respuestas predice el futuro y apenas llegan solamente a ser importantes cuando cada espíritu es libre.  Frases como la suya no tienen veracidad alguna en este mundo con tantas fuerzas físicas diferentes y tantas variables escondidas. Simplemente esos pensamientos no existen. Igual que los exámenes y resultados  dados y obtenidos del maestro rígido y obsoleto que aún insiste en que su pensamiento autoritario de educación es el mundo a seguir por su alumno, omitiendo la realidad de la vida del vivir del estudiante quien lo único que hace es seguir creciendo como un ser libre.  Qué importa la asignatura, qué importa el contenido, qué importa si aprende ó no cuando no se permite ser el ser natural. Nada de esto importa si es impuesto por el mundo autoritario, que toma notas equivocadas de un supuesto dios, sobre el futuro de cada individuo. Aún no entiendo como usted puede ver más allá de mi vida. Yo en este mundo vine a respirar oxígeno por ahora, no a seguir una vida según sus planos, ni de la sociedad, ni de nadie. Yo quiero ser una persona sana inteligente, cooperante, productiva y especialmente un crack del fútbol. Ese es mi deseo libre hoy por hoy, es simplemente ser hoy porque no sé lo que seré en el próximo segundo”.

La profesora le pidió ayuda a Doguix a levantarse de su silla:

“Por favoorr ayudame para parar de la silla a mi. Uhmmmm….. No poder soltar manos, tampoco piernas”.

Doguix le costó pedirle que relajase las manos que tenía aferradas con las uñas a los mangos de madera de la sillita,  y tuvo que además quitarle los zapatos para lograr desenvolverle las piernas cruzadas en dos lazos.