En el CICIPC de la avenida Urdaneta, antes de la corriente eléctrica, un funcionario detuvo la tortura.
“Ya va, todavía no le hagan nada. Esto yo lo tengo que grabar”
Salió. Buscó una cámara. Volvió. Solo ENTONCES empezó.
No lo torturaban para sacarle información. Lo torturaban para filmarlo. Lo torturaban para enviarle el video a su madre y obligarla a entregarse.
El cuerpo de un niño convertido en herramienta de chantaje.
Lo soltaron, pero Moisés no salió de la cárcel
Abandonó los estudios. No duerme. Las muñecas perdidas de sensibilidad por los cartones y las esposas. No aguanta tres partidos de fútbol sin quedarse sin aire. Ve un uniforme en la calle y le da un ataque de pánico.