Qué significa la frase “estamos condenados a ser libres”, de Jean-Paul Sartre

Qué significa la frase “estamos condenados a ser libres”, de Jean-Paul Sartre

  • El francés esgrimió una teoría que ganó adeptos y detractores.
  • Qué quiso decir y contra qué pensamientos previos apuntaba.
REDACCIÓN CLARÍN

Desde el origen de la filosofía, la libertad ha sido uno de los temas centrales del debate filosófico. Aunque Occidente y Oriente, por sus diferentes concepciones religiosas, han desarrollados distintas explicaciones y tratamientos sobre el tema, no fue hasta los siglos XIX y XX que el problema sobre la libertad y el «ser libres» se planteó de manera radical.

Uno de los pensadores que puso foco en esta discusión fue Jean-Paul Sartre, filósofo, escritor, novelista y dramaturgo, entre otras cuestiones, que vivió entre 1905 y 1980.

El filósofo parisino legó a la posteridad la siguiente afirmación: «El hombre está condenado a ser libre». Para Sartre, la existencia precede a la esencia, una premisa que divide el mundo en dos categorías fundamentales: ser-en-sí y ser-para-sí, delineando así los principios ontológicos que fundamentan su pensamiento.

Entender estos dos conceptos es crucial para captar la profundidad de su célebre afirmación. Sartre emplea la analogía de un artesano que fabrica un abrecartas para ilustrar que los «objetos inconscientes» poseen una esencia integrada, fija y definitiva.
Esta esencia determina su vida y por lo tanto no son libres de ser de otra manera. Están condenados a ser lo que son y nada más. Siguiendo esta base, si un ser humano es creado por un «artesano celestial» como Dios, entonces se determina la esencia del ser humano. Esta concepción esencialista se remonta al alemán Gottfried Wilhelm Leibniz, nacido en 1646 y fallecido en 1716. El filósofo consideró que «Dios determinó la esencia de cada hombre y luego le permitió actuar libremente de acuerdo con los requisitos de su esencia».
Según Sartre, si Leibniz y los esencialistas tienen razón, entonces el ser humano queda reducido a un “gesto original”: “El hombre es un ser cuya esencia no se puede afirmar, porque esto está en contradicción con el hombre y su poder de transformarse indefinidamente”, consideró.
Sin embargo, para él no existe un patrón preestablecido para la naturaleza humana, “cada hombre hace su esencia”. La separación operada por Sartre sobre la existencia y la esencia da lugar a una ontología diferenciada. Primero, ser en sí mismo. Este grupo de «cosas» tienen las siguientes características: no son libres, no son responsables, tienen una esencia determinada, fija y completa. A diferencia de estos “objetos no conscientes», existen los seres por sí mismos. Estos «sujetos» conscientes tienen las siguientes características: libres, responsables de sí mismos, sin una esencia determinada.

Sartre y la libertad

Sartre insiste en que no sólo el ser humano es libre de elegir en todo momento, sino que está “condenado a ser libre”: le es imposible ser de otra manera. Ser libre no significa «obtener lo que se desea”, sino “determinar por sí mismo, lo que uno desea”. Sartre elimina en un solo gesto a Dios como figura paterna determinista y como consuelo. Muy pocas personas, según Sartre, están dispuestas a aceptar y asumir su libertad y, por tanto, a ser responsables de sí mismas. Esta responsabilidad de autodeterminación es la causa para la mayoría de las personas de la angustia y la desesperación, la gente prefiere poder proyectar la responsabilidad de su situación en alguien o en algo más. Sartre ve la “angustia” como una experiencia más que como un estado emocional provocado por la realización de la total libertad y responsabilidad, y cuando elijo, elijo por mí y por los demás, por todos.

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