La pareja tiene cinco hijos. Durante años, Luna los llevaba al colegio cada mañana antes de ir a su trabajo como conserje.
Eso era antes. Últimamente, agentes se han presentado en el centro comercial donde trabaja y cerca de la escuela a la que asiste su hijo menor. Un día, un comerciante conocido la llamó para decirle que retrasara su llegada al trabajo para evitar encontrárselos.
“Nosotras hemos sido la fuerza laboral”, dijo. “Ahora tenemos que correr, escondernos o quedarnos adentro”.
Pero no siempre. El próximo mes, cuando la hija mayor de Luna complete su entrenamiento en Camp Pendleton, al sur de Los Ángeles, se convertirá en infante de marina de los Estados Unidos.
Luna estará allí, dijo a nuestros reporteros, sin importar lo arriesgado que sea estar en la carretera.
“No quisiera perderme su graduación”, dijo. Su sueño americano sigue vivo.
Ahora, pongámonos al día.