LA LIBERTAD

LA LIBERTAD

Por Marta Monforte
microrelato

Bajo los faroles mortecinos de la calle Defensa, el aire olía a humedad mezclado con el dulzor de los jazmines. Julio apretó el gatillo sin dudar; el marido de Elena se desplomó contra la puerta de un anticuario, tiñendo de rojo el mármol gastado.
​—Ya eres libre —susurró Julio cuando ella apareció entre las sombras.
Elena no lloró. Se acercó al cadáver, le quitó una llave del collar de oro que pendía del cuello y miró a Julio con una frialdad desconocida.
​—Gracias, amor —dijo ella, guardando la llave—. Él tenía la llave del tesoro, pero tú tienes la culpa del crimen.
​Y gritó «¡Asesino!¡Asesino!» mientras llamaba a la policía.

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