Diálogos y Acuerdos, sin sentido y sin tiempo

Diálogos y Acuerdos sin tiempos ni sentido ¡!

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La fotografía que nos permite observar una tertulia en dialogo evidente entre guerrilleros y representantes de la dictadura, mostrada por Javier Tarazona, Director de la ONG @FundaREDES quien hoy, junto a otros defensores de derechos humanos ha enfurecido al régimen que ordenó su detención.

Son varios los enfrentamientos entre grupos armados vividos en Venezuela este 2021, entre ellos los ocurridos en Apure, en la COTA 905, La Vega, o El Cementerio en Caracas; también ocurridos en Tejerías, Valencia, Zulia o en la zona minera del estado Bolívar, todos son enfrentamientos entre bandas criminales, por un lado el régimen criminal; del otro, terroristas o las mega bandas del hampa común, cada una buscando expandir el territorio liberado para ellos por el régimen de Maduro en un acuerdo de convivencia, control social y garantía de permanencia en el poder.

Estos enfrentamientos son consecuencia natural del crecimiento, expansión, y evolución de los grupos criminales, escalan la lucha por mas territorios, pero, cada choque deja evidencia clara del empuje por surgir de nuevos emporios que pueden traducirse en nuevos estados, el control de cada una de estas zonas ya no es exclusivo del estado venezolano, ese control se discute en cada enfrentamiento, de allí que la somalización del país va tornándose real.

En el medio se encuentra el ciudadano, desarmado, ansioso de una paz verdadera, de un país unido donde reine la ley y el orden, en el cual pueda tomar decisiones como ciudadano sobre su presente y futuro, son valores que por definición excluyen la criminalidad, esta es la aspiración de un país secuestrado por el mal, del país que rechaza acuerdos como garantía de impunidad y permanencia del poder criminal.

Ahora bien, estos enfrentamientos dejan evidencia notoria de hechos o eventos sociológicos reales, con causa y consecuencias que requieren solución, sus protagonistas también tienen intereses, al menos en una parte del territorio, y en este punto, surge la necesidad de buscar respuesta a una pregunta implícita, ¿qué país queremos? ¿Cuál la naturaleza de ese país futuro? Las respuestas a estas preguntas estarán determinadas por la conducta de los políticos venezolanos, o de sus ciudadanos, la respuesta que se imponga definirá el futuro de todos.

La política pretende construir su respuesta mediante diálogos “Un Acuerdo de Salvación Nacional” para lograr el fin del conflicto en un proceso que culmine en “elecciones libres y justas” previo el ingreso de ayuda humanitaria, la liberación de todos los presos políticos,  el levantamiento progresivo de las sanciones a los saqueadores del país, y con garantía para “todos los actores” a través de una “justicia transicional” que abarque a todos, por un lado al chavismo o defensores del régimen (entraría también el coquí y terroristas); por el otro, la llamada Plataforma Unitaria integrada por grupos de la política que han manejado los dineros públicos retenidos por la comunidad internacional en ejercicio de las sanciones, pero, sobre cuyos manejos se han planteado dudas la propuesta de justicia transicional, no solo equipara a administradores con quienes han saqueado de manera notoria al país durante la llamada revolución, también da sentido al concepto de su inclusión en la justicia transicional pretendida, las formas y modos de su propuesta refuerzan la desconfianza de los venezolanos en ella, en sus actores y en sus fines, no conduce al país deseado.

De igual manera, esta plataforma unitaria que se auto califica como única fuerza democrática en Venezuela, excluye así a otras fuerzas que no comparten su visión para imponer un acuerdo que conlleve compartir el poder y dar impunidad a los responsables de la catástrofe humanitaria y genocidio, estén ubicados donde estén los saqueadores y asesinos.  Esta exclusión busca eliminar y desechar a quienes piden se rindan cuentan y se haga justicia, es un verdadero mecanismo de garantía para el gobierno que surja de esos acuerdos, en elecciones o no, para conservar el ADN criminal del régimen, busca conservaran la naturaleza criminal de sus actores.

Un acuerdo así, desecha la espiritualidad del pueblo, dando prevalencia a lograr un país cuyo único interés sea el bienestar, goce y disfrute de las riquezas y oportunidades en una normalidad fingida, es un error repetido en la historia al banalizar el mal, en otras épocas de esa manera se fomentó y dio oportunidad al fortalecimiento de dictaduras y totalitarismos que dieron paso a guerras que involucraron primero a esos paises que se auto engañaron, es una lección que América Latina y sus políticos debe tener en cuenta, pues, soluciones sin tomar en cuenta la naturaleza real de las partes para solo visibilizar el ser positivos escondiendo el dolor, esconde a su gente, ella es la que soporta el sufrimiento, y pone las víctimas, una solución sin contenido espiritual solo hace posible el materialismo, y fortalece la naturaleza criminal al solo pretenderse goce, bienestar e impunidad, nadie pensara en la gente, crecerá el monstruo que devorará América Latina.
La otra respuesta, la que debe la ciudadanía, requiere definir sin miedo ni engaño la naturaleza criminal del régimen, dejando claro que el país deseado debe ser libre, estar fundado en valores, donde lo espiritual este presente para dar sentido al futuro más allá del goce o disfrute de riquezas, es construir una sociedad donde la formación y educación del hombre esté garantizada, para que pueda expresar con libertad su pensamiento y decidir sobre su desarrollo personal directamente, así la presencia del bien estará segura en el desarrollo individual y social del venezolano y  de la nación, todo será uno respetando el sentir de las partes. Venezuela será libre.

Hoy las acciones represivas del régimen de Maduro patean la mesa de diálogo, la presión y perspectivas del despertar de los cubanos amenaza con derrocar la dictadura aliada en esa isla, hecho que sumado a los enfrentamientos internos provocados por los grupos criminales que alimentó, hoy retan su poder al poner en duda el control de territorios, muestran fuerza mas no poder, y obligan al régimen criminal a mostrar más fuerza, tratando de prevenir un levantamiento definitivo, secuestrando al interlocutor principal y amedrentando al líder visible para la comunidad internacional propensa al dialogo y acuerdos, es un mensaje claro, pero, el momento y la forma abren una nueva oportunidad para los venezolanos de levantar unidos la voz en la calle, dejar de lado los intereses personales y partidistas, asumiendo que el dolor existe, y que el dolor ayudará a parir la Venezuela deseada, pues, es, en la lucha directa donde pagaremos el precio de ser libres, somos los venezolanos quienes debemos hacernos cargo del régimen criminal, sin esperar una reacción de fuerzas de la comunidad internacional, si esta llega, bienvenida sea, pero el tiempo es el nuestro.

Peter George Páez Monzón

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