Les cuento, no más para que sepan:
ayer mi sombra me entregó su carta de renuncia,
me informó que se retiraba,
que había pedido asilo político ya en otro lugar,
habló de no estar contenta con las condiciones,
que no tenía nada que ver con su salario,
que tenía miedo, que estaba cansada,
que llevaba años sin dormir
y de cargar mis ataúdes totalmente llenos,
de trabajar horas extras y ser siempre un completo extraño,
de andar arrastrada y desnuda y tener que abotonarse toda,
de guardar mis poemas en sus bolsillos,
sentirse amarrada y no poder escribir los suyos,
que, al igual que a mí, dejo que la pisen,
que el mundo, los autos, la vida, le pasen por encima,
que los malos tratos ya le han pasado factura,
pues la han visto flaca y hasta el alma sin pellejo,
con sus ojeras colgando como ropa recién lavada,
y un ojo le hace falta ya,
porque mis cuervos se lo sacaron por pura diversión,
y tampoco hice nada,
dijo marcharse esta noche y tan sólo llevar
unos poemas en los bolsillos,
sí, ya sé lo que me dirán,
ya sabemos que no llegará muy lejos,
siempre regresa
En estos días
no hay quien no quiera el trabajo a cambio de luz