Conversación con la cebolla/ Edda Armas

Conversación con la cebolla/ Edda Armas

cebolla
Creo en el sosiego de las metamorfosis. Amalia Iglesias Serna
Extremadamente inquieta
salgo al balcón a vislumbrar
si alguna silueta se asoma o se proyecta al fondo silencioso
si una lagartija o una nube mutante pasa delante de mis ojos
en los márgenes acuosos de esta derramada irrealidad

y sin vergüenza, lo que asoma

naciendo en un pote de tierra craquelada por la sequía
son tres hojas tiernas salientes del bulto de una cebolla.

 La miro, y me miro en ese espejo.

Ella en su envoltura circular de capas; yo deshojando
cada una de las mías, cultivadas durante el encierro.
Ella, que algún día, dará cuerpo a la sopa de verduras
tiernas, siembra en mí alteraciones
insospechadas.
—Me digo; se lo digo.

De seguro al secarnos, volveremos a ser bulbo
agazapado, hasta otro renacer.
Si acaso logramos salvarnos del coronavirus que azota.
Si alguna mano vecina nos propicia tazas de agua.
Si el inclemente sol de estos días no nos marchita
antes, y no vamos a parar al cesto de la basura.
—Me digo; se lo digo.

Mirar afuera trae menudas recompensas.
No solo el aire fresco sobre el rostro.
Arcoíris dibujados por los pequeños de la casa.
Las notas del violín de Igor Alejandro García.
La nube de pájaros con su algarabía de cantos.
No demos todo por perdido, no, aún no.

Orando ante el altar de tus creencias
revaloras lo verdaderamente esencial
el pulso le tomas a las calamidades
te desprendes de falsas maniobras y
alivianados retornamos al adentro,
remirando la naturaleza de lo frágil
ante el ajedrez con turno de jugada.

Dónde me pongo yo me digo ahora,
para librarme del virus amenazante
a sabiendas de tantos padeciéndolo,
al vilo por las agonizantes vidas y
por quienes no pueden confinarse
al faltarles el plato de comida,
extremos de sogas donde miles cuelgan
sin hallarle metáforas a lo asfixiante.

Al pote abandonado con la tierra seca
antes guarida de nada,
de un instante a otro le entreveo
polvo de hacinados olvidos
confín de atroces despedidas
en la agobiante circunstancia
anhelando sea dulce rincón
donde el viento se devuelva
para habitar los reencuentros
algarabía ruidosa de pájaros
voladuras del verdor en ciernes,
con tallos, ternura y arraigos.

Dónde, insisto, subsistiendo con menos
un día a la vez, sin planes,
al igual que tú, nosotros y ellos,
cada quien armando su aquí y su ahora
plantados en este no-lugar-no tiempo
con pausa indefinida a las agujas del reloj
creyente en la vida detrás de los espejos
hagámonos armadura de cebolla
hasta el día en que consigamos
revertir la inextinguible soledad con los abrazos.

                                                                                 [Caracas, abril 29, 2020]

Por: Edda Armas. Tomado de PASAJERAS. Antología del Cautiverio – Editorial Lector Cómplice

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