Dónde, insisto, subsistiendo con menos
un día a la vez, sin planes,
al igual que tú, nosotros y ellos,
cada quien armando su aquí y su ahora
plantados en este no-lugar-no tiempo
con pausa indefinida a las agujas del reloj
creyente en la vida detrás de los espejos
hagámonos armadura de cebolla
hasta el día en que consigamos
revertir la inextinguible soledad con los abrazos.