Cómo leer a Shakespeare mejora nuestro mundo interior y nuestras inversiones en Bolsa

Cómo leer a Shakespeare mejora nuestro mundo interior y nuestras inversiones en Bolsa

Las inspiraciones del literato inglés siguen vigentes. Algunos de sus párrafos más célebres nos pueden servir de ayuda para la vida
ALBERTO MIRANDA

Una de las novelas más populares de los últimos tiempos es Hamnet, de Maggie O’­Farrell, que narra la vida de Shakespeare y la pérdida de su hijo de 11 años, que acabaría inspirándole la obra Hamlet. Las constantes reediciones de este libro del dramaturgo inglés son la prueba de que el genio de Stratford-upon-Avon, que abordó los principales conflictos del ser humano, sigue plenamente vigente. Un motivo por el que sus obras no dejan de representarse y adaptarse en todos los formatos es que los temas que tratan son universales y atemporales. Parece que hablan de nosotros. A partir de alguna de sus inspiraciones, veamos cómo enfoca Shakespeare el arte de vivir, aplicado a los tiempos actuales:

“Podría estar encerrado en una cáscara de nuez y sentirme rey de un espacio infinito”. Este pasaje de Hamlet, que inspiró el título de una obra divulgativa de Stephen Hawking, ha adquirido especial sentido en tiempos de pandemia. De la misma forma que muchas personas se sintieron atrapadas por las restricciones de movimientos, otras encontraron la libertad en su interior, descubriendo prioridades de las que no eran conscientes.

En su libro La libertad interior, el periodista Gaspar Hernández afirma que la libertad se conquista descubriendo nuestra esencia. Cuando conocemos ese territorio, no hay cárcel posible, porque la imaginación, nuestro universo interior, no tiene límites. Una persona abierta siempre encontrará su lugar en el mundo.

“Los amigos que tienes y cuya amistad ya has puesto a prueba, engánchalos a tu alma con ganchos de acero”. En la misma obra, Shakespeare reflexiona sobre un componente fundamental de la felicidad: la capacidad de crear vínculos de calidad que se conviertan en nuestra red de protección en tiempos de dificultad.

Nuevamente, la crisis generada por la covid-19 nos ha hecho darnos cuenta de la importancia de las relaciones personales más allá de la familia. Quienes cultivan un círculo de amistades sólidas tienen una mayor resiliencia ante los desafíos que la vida nos pone en el camino. Una investigación promovida por la Universidad de Harvard a lo largo de ocho décadas con un grupo de 700 voluntarios, que entraron en el estudio de adolescentes, demostró que las personas con lazos afectivos más fuertes tienen una vida más larga y de mayor calidad.

“El que va demasiado aprisa llega tan tarde como el que va muy despacio”. Este pasaje que en Romeo y Julieta hace referencia al amor resulta muy significativo en nuestra era, donde se aspira a lo instantáneo. Acostumbrados a comprar con un “clic”. Y especialmente los más jóvenes han perdido el músculo de la paciencia, que es vital para los proyectos verdaderamente importantes.

No precipitarse, como sugiere Shakespeare, es esencial en todos los campos, también el de las inversiones. En un análisis interno de la empresa de servicios financieros Fidelity, las carteras de Bolsa más rentables resultaron ser las de quienes no habían hecho movimientos en los últimos 10 años; algunos incluso habían muerto y sus herederos no habían actuado sobre ellas. En el extremo opuesto están los inversores que se mueven emocionalmente, comprando acciones cuando están altas y vendiéndolas, por puro pánico, cuando caen.

“Sabemos lo que somos; pero no lo que podemos ser”. Regresamos a Hamlet con esta máxima propia de los actuales libros de desarrollo personal. Esta es la idea central del exitoso Hábitos atómicos, de James Clear, que sostiene que el único cambio real es el que parte de la transformación de nuestra identidad. En el momento en el que alguien decide quién quiere ser de ahí en adelante, sus acciones diarias y sus hábitos acompañarán ese nuevo yo de forma natural. Esta reflexión se complementa con una frase de su obra La tempestad: “Lo que es pasado es prólogo”. Grabada en los Archivos Nacionales de Washington DC, también se aplica a nuestra historia personal. Todo lo que hemos vivido hasta ahora explica quiénes somos y el punto al que hemos llegado. Sin embargo, al igual que el cuerpo de un libro empieza después del prólogo, el capítulo 1 de nuestra vida tiene lugar cada día, si tomamos el pasado como aprendizaje y dejamos de lado el victimismo. El orientalista Alan Watts lo llevaba al extremo al afirmar, contra todo determinismo, que nadie tiene la obligación de ser quien era hace cinco minutos.

Las 17 vidas de Maggie

— Maggie O’Farrell sorprendió con su libro autobiográfico I Am, I Am, I Am, donde la autora explicaba 17 encuentros con la muerte que le enseñaron a vivir, como su viaje de pesadilla en un avión con destino a Hong Kong que estuvo a punto de estrellarse. Parte de la idea de que nadie enseña a los niños que un día van a morir. Lo van comprendiendo y asimilando a medida que crecen.

— Sobre la lección que suponen los acontecimientos dramáticos, afirma: “Las cosas de la vida que no están planeadas son más importantes y, a la larga, más formativas. Es preciso esperar lo inesperado, aceptarlo (…) lo mejor no es siempre lo más fácil”.

Total visitantes:
7250

Total vistas de página:
24832

Comparte esto en tus redes sociales ...
Share on Facebook
Facebook
0Tweet about this on Twitter
Twitter
Pin on Pinterest
Pinterest
0
0

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *