El parón vacacional es una oportunidad para empezar a vivir de manera más serena, introducir novedades y corregir malos hábitos que arrastramos desde el inicio del año. ¿Es posible trasladar esa calma y buenos propósitos a la rentrée? Veremos cómo llevar los nuevos hábitos asentados en verano al temido septiembre y más allá.
En las últimas décadas ha habido una evolución por lo que respecta al cambio de hábitos y cómo asentarlos. La vieja creencia de que basta con tres semanas para que una nueva rutina quede integrada es discutida hoy por muchos autores. Se ha constatado que hay personas que necesitan bastante más de tres semanas, meses incluso, mientras que otras son capaces de afianzar el cambio en pocos días. Esto es algo que han comprobado las personas que han dejado de fumar. Tras un mes sin tabaquismo, algunos vuelven y otros son capaces de cortar el mal hábito en seco sin recaídas.
El periodista Charles Duhigg, autor del ya clásico El poder de los hábitos, afirma en todo caso que las vacaciones son un buen momento para iniciar un cambio vital, ya que nos encontramos en un entorno distinto, libre de las viejas presiones, donde empezar de cero, con lo cual podemos aprovechar para introducir nuevas pautas. La cuestión es: ¿cómo mantenerlas en medio de un curso lleno de estrés y exigencia? Veamos algunas medidas prácticas: