Preguntémonos: ¿por qué es exitoso el basurero? Porque está haciendo un trabajo fundamental para la comunidad. Si no fuera por las personas que recogen la basura, estaríamos viviendo en un basurero todos y cada uno de nosotros.
Sandel diría, entonces, que, cualquiera que fuera el trabajo de los padres de este joven, ha servido para dos cosas. Por un lado, ha contribuido por el bien común y, en segundo lugar, ha servido para ofrecerle a su hijo la oportunidad que ellos no tuvieron o no quisieron elegir (puesto que no todo el mundo debe elegir el mismo camino y decidir estudiar en la universidad para considerarse exitoso).
Michael Sandel reivindica la urgencia de revalorizar el trabajo, todo tipo de trabajo. Explica que la era meritocrática lleva instaurada cuatro décadas desde que comenzó a cobrar fuerza en Estados Unidos en 1980. En el sistema financiero en el que nos encontramos desde entonces, la gente trabaja por y para la especulación y la apuesta individual.
La economía real, la genuina, es aquella que administra los recursos en función del bien social, y esto no es lo que está sucediendo en la actualidad. Por eso, resignificar el valor del trabajo es una obligación que poner sobre la mesa en la discusión pública. Esto no pasa solo por cuánto dinero ganamos, sino por cuánto reconocimiento social tiene nuestro trabajo.
Esto es lo que sucede en Finlandia con los maestros, por ejemplo. Quizás no son los que más dinero ganan, pero sí tienen un enorme reconocimiento en la comunidad. Debemos entender que todos los trabajos aportan algo único y debemos pararnos a pensar cuánto les tenemos que agradecer.