LA SOCIEDAD DEL DOLOR

LA SOCIEDAD DEL DOLOR

Por Alejandro Oliveros – Diario Literario

El dolor de Byung-Chul Han

Durante los veintiséis años que llevo escribiendo este diario literario he rehusado a las largas citas, que se lean el original los interesados. Esta vez, por razones acaso terapéuticas (mis cinco años de Medicina), he traducido del italiano algunos comentarios de Byung-Chul Han, que, en estos tiempos de incertidumbre y pandemia, deberían ser considerados. Pertenecen al libro apenas publicado, La società senza dolore. Perchè abbiamo bandito la sofferenza dalle nostre vite. (La sociedad sin dolor. ¿Por qué hemos desterrado el sufrimiento de nuestras vidas?).

Byung-Chul es un filósofo coreano que escribe en alemán, circunstancia nada obvia, pero suficiente para llamar la atención. Además, es un crítico lúcido y original de todo neoliberalismo, al cual atribuye la culpa de la banalización de nuestros sentimientos; su lectura resulta obligatoria, al menos para mí. A propósito de la edición de su libro por Einaudi, concedió una reveladora entrevista a Marco Ventura, destacado profesor de la Universidad de Siena. Éstos son algunos fragmentos publicados en La lettura de Il corriere della sera:

MARCO VENTURA: La sociedad estaría entonces dominada por la “algofobia”, un miedo generalizado al dolor. Somos hipersensibles, como la princesa del guisante, y tendemos a vivir en un “estado de anestesia permanente”. ¿En qué sentido nuestra es una sociedad sin dolor?

BYUNG-CHUL HAN: No digo que vivimos en una sociedad sin dolor. De hecho, hoy tenemos una epidemia de dolores crónicos. Digo que el dolor tiene una dimensión social y que, por lo tanto, toda crítica de la sociedad debe enfrentarse con el dolor. En cambio, hoy el dolor está limitado a los aspectos médicos y farmacológicos. Y si se reduce solamente a la medicina, no lo entenderemos.

MV: Usted acusa al neoliberalismo. 

B-CH: En la sociedad posmoderna neoliberal, las tensiones psíquicas aumentan mediante las presiones en busca de la eficiencia y esto puede conducir a dolores crónicos. He comparado la autoexplotación neoliberal a un siervo que le quita el látigo al patrón para azotarse él mismo, para ser como el patrón; es decir, para sentirse libre. Esta presión neoliberal por la autoexplotación y la eficiencia nos enferma.

MV: ¿Nuestro problema con el dolor está relacionado con la soledad? 

B-CH: El contacto con el otro “seda” el dolor. Hoy vivimos en una sociedad afectada por una soledad creciente, sin contacto ni dedicación con humanos. ¡El distanciamiento social! Me pregunto si el dolor no es sino el grito del cuerpo que pide cercanía y dedicación.

MV: Usted denuncia la “sociedad paliativa” cómplice de una “ideología del bienestar permanente”. Pero querer liberarse del dolor, querer por lo menos limitar el dolor, ¿no es una aspiración legítima? 

B-CH: Toda experiencia intensa es dolorosa, también lo es el amor intenso. Hoy evitamos toda intensidad por miedo al dolor. Hoy en día incluso el amor debe ser evaluado de acuerdo con una receta dirigida al consumo y al disfrute. Cada percepción intensa es dolorosa. Dolorosamente bello no debe entenderse como una contradicción. Hoy percibimos el mundo a través del smartphone, que todo lo hace consumible y accesible, y reduce todo a las dimensiones de la pantalla. Creo que el smartphone es un analgésico digital… Cada dolor nos sorprende como una corriente navegable que lleva al mar. El dolor nos parece una vía sin salida. Mi libro llama fuertemente la atención sobre el hecho de que el dolor es un elemento de la vida humana. Cuando la separación hace sufrir, la relación que la precedió se revela como auténtica. Sólo la verdad duele. Si la separación no hace sufrir, las relaciones no eran auténticas… No soy pesimista. Al contrario, espero más de la vida que la simple sobrevivencia. Una sociedad dominada por la histeria de la sobrevivencia es una sociedad de “no muertos”. A menudo digo: estamos demasiado vivos para morir y demasiado muertos para vivir. Cuando sólo nos preocupamos de salud y sobrevivencia nos parecemos al virus, un ser no muerto, que se multiplica, es decir, que sobrevive sin vivir… No glorifico el dolor. Diría: la vida humana es incompleta sin el dolor. Dolor y felicidad, como dice Nietszche, son hermanos gemelos, que crecen juntos o juntos se quedan chiquitos. Si se inhibe el dolor, la felicidad se aplana sobre una sorda sensación de placer.

MV: Me parece advertir el eco de un “dolorismo”, muy problemático desde el punto de vista ético. 

B-CH: El dolor también forma parte de nuestra relación con los otros. Un capítulo de mi libro está dedicado a la ética del dolor. Hoy a menudo hablamos de la desaparición de la empatía. Me pregunto: ¿de dónde viene esta creciente pérdida de la empatía? ¿Por qué somos cada vez menos receptivos a los otros? Sostengo que hoy en nuestro ego convertimos al otro en algo disponible, listo para el consumo. El otro como objeto no experimenta el dolor… La pandemia refuerza la desaparición de la empatía. El otro es ahora un posible portador del virus, del cual es conveniente distanciarse. La creciente sensibilidad por el otro, el poder sufrir con él tiene algo de doloroso. El amor como relación empática con el otro nos agrede y hiere. Por el contrario, el dolor como consumo no implica dolor. Sin dolor no tenemos ningún acceso al otro. Por esto hablo de dolor “hacia” el otro. Hemos perdido la capacidad de percibir al otro en su otredad. Y el otro, despojado de su otredad, se convierte en un producto de consumo.

Publicado en prodavinci 3 de marzo 2021 – https://prodavinci.com/diario-literario-2021-marzo-parte-i-schumann-la-lechuza-de-sciascia-byun-chul-han-ricardo-iii/

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