¿Quién soy? ¿A dónde pertenezco? ¿Cuál es mi hogar? ¿Quiero regresar?

Traemos un artículo muy interesante con algunos comentarios, escrito ya hace algunos años, pero, vigente para la emigración venezolana, un espejo donde vernos para construir RESILENCIA.

¿Quién soy? ¿A dónde pertenezco? ¿Cuál es mi hogar? ¿Quiero regresar?

23 Feb 2016 – Celia Arroyo

Celia Arroyo es psicóloga y psicoterapeuta y nos explica su experiencia en la atención a emigrantes

Con la salida masiva de miles de españoles en busca de oportunidades laborales en el extranjero, estamos asistiendo a una de las mayores transformaciones sociales de nuestra historia reciente.

Por fin se ha abierto el debate sobre las consecuencias socioeconómicas que la fuga de talentos puede tener en el medio y largo plazo. Sin embargo, poco se está hablando de las consecuencias psicológicas que produce este fenómeno en los que se marchan y en sus familias.

De un tiempo a esta parte se ha popularizado el concepto oriental de la crisis, ese que propone que la crisis es siempre una oportunidad para el cambio. Disciplinas como el coaching han propagado este mensaje como la pólvora y predican las bondades de salir de la ‘zona de confort’.

Desde la psicología sabemos que efectivamente las crisis pueden conllevar una excelente oportunidad de cambio, pero ojo, toda crisis es una amenaza para el psiquismo, para la salud mental de una persona, y sólo si ésta tiene los recursos necesarios para reequilibrarse, entonces puede tornarse en oportunidad. Sea como fuere, la crisis y el cambio siempre traen consigo reestructuración y pérdidas. Sin embargo, sobre esta parte de la cuestión apenas se habla fuera de los circuitos de la psicología clínica.

Con la emigración pasa lo mismo, puede ser una experiencia extraordinaria, pero a priori constituye una amenaza que va a poner a prueba los recursos psicológicos de los que la emprenden. Me parece importante utilizar el término emigración, que por cierto se usa muy poco para hablar de los españoles que se marchan a buscar trabajo al extranjero.

Los emigrantes van a tener que hacer frente a muchos obstáculos como la soledad, la frustración de no poder comunicarse fluidamente en otro idioma, el desconocimiento de las normas culturales del país receptor, la dificultad de encontrar un trabajo, etc. Todo ello va a poner en riesgo su identidad y su equilibrio emocional.

En mi trayectoria profesional, ayudar a personas que están inmersas en un proceso migratorio ha sido una constante y una de las experiencias más ricas que he vivido. A través de los relatos de mis pacientes, he tenido la oportunidad de viajar mentalmente a países tan diversos como Mongolia, Honduras, Mali, Marruecos, Brasil, Ecuador, Perú y Colombia, entre otros. Y es que cuando empecé a ejercer, España era un país receptor de inmigrantes.

Lo que entonces no imaginaba es que, 10 años después, iba a atender como psicoterapeuta, a través de Skype, a españoles que habían emigrado a países como Alemania o Reino Unido. Esta experiencia ha sido más sobrecogedora para mí, si cabe. Y es que la identificación paciente-terapeuta es mayor, pues como española nacida en los 80, bien podría haber sido yo la emigrante en Alemania. ¿Quién no ha pensado alguna vez en irse, especialmente después de ver en ‘Españoles por el mundo’ lo bien que se vive en el extranjero?

En mi experiencia, el emigrante suele buscar apoyo psicológico cuando lleva varios años residiendo en el país de acogida. Al principio toda su energía está puesta en sobrevivir, en aprender el idioma, en lo que ellos llaman “integrarse” y eso hace que se desconecten de muchas de las cosas que están pasando paralelamente en su psique. Sin embargo, pasados unos años, cuando han sobrevivido y deberían estar disfrutando de los logros alcanzados, muchos se encuentran con una inmensa sensación de cansancio y sentimientos que van desde la nostalgia a la tristeza, la confusión, la ansiedad o el desarrollo de síntomas psicosomáticos.

Otro fenómeno habitual es combatir el miedo inconsciente a la pérdida de la identidad, buscando las raíces en tradiciones que mantienen un vínculo con sus orígenes.

Recuerdo que, cuando trabajaba con inmigrantes del Magreb, su entorno laboral se echaba las manos a la cabeza cuando mujeres que siempre habían vestido de manera occidental comenzaban a utilizar chilaba y se cubrían la cabeza con un pañuelo. Llevaban varios años en España y ese cambio repentino en su manera de vestir las perjudicaba en su proceso de integración, pero cumplía otra función más importante, la de no desintegrarse psicológicamente, no perder completamente su identidad y luchar contra el miedo inconsciente que todos los seres humanos experimentamos a traicionar nuestros orígenes.

A los emigrantes españoles les pasa lo mismo, tras años de esforzarse por mimetizarse con los alemanes o ingleses, comienzan a aferrarse a tradiciones que en España no les interesaban especialmente y que ahora cobran un valor muy importante para preservar su identidad.

Los emigrantes españoles que buscan apoyo psicológico quieren un terapeuta español, que hable su idioma, que pueda identificarse con ellos y con quien puedan tener una verdadera conexión emocional. Es por ello que la psicoterapia por Skype es ya una demanda frecuente en el campo de la psicología.

La psicoterapia abre un espacio para poder preguntarse: ¿Quién soy? ¿A dónde pertenezco? ¿Cuál es mi hogar? ¿Quiero regresar? ¿Voy a construir aquí un proyecto de vida? ¿Qué he conseguido en este tiempo? ¿Qué he perdido por el camino? Es el momento de tomar decisiones y elaborar las pérdidas.

Quienes pasan por este proceso descubren partes de sí mismos que no conocían. La experiencia migratoria les ha cambiado para siempre, ampliando su manera de ver y sentir el mundo. Si pensamos en la personalidad como en la paleta de colores de un pintor, nos encontramos con que ésta se expande, se llena de nuevos tonos y matices. Integrar la experiencia migratoria revierte en un mayor autoconocimiento, un incremento de las capacidades resilientes y un aumento de la autoestima.

Celia Arroyo es psicóloga y psicoterapeuta 

Tomado del blog Volver

Comentarios

Gracias Celia por tu articulo

Mar, 23/02/2016 – 12:27 — Rosa

Gracias Celia por tu artículo. Llevo 6 años en el extranjero y me siento identificada con muchas de las cosas que argumentas. Yo añadiría simplemente una dualidad a la que me he enfrentado a veces durante este tiempo. ¿Tengo que adaptar mi personalidad a la cultura del país donde me encuentro? A veces pienso q para sentirme más integrada, tengo q comportarme como ellos y renunciar a mi verdadero yo. Os dejo un par de entradas de mi blog donde reflexiono sobre estas preguntas por si os ayuda:
Que hago aquí? -> http://duesvizzeri.blogspot.ch/2014/01/que-hago-aqui.html
El precio de la integración -> http://duesvizzeri.blogspot.ch/2013/03/el-precio-de-la-integracion.html

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Gracias Rosa, sin duda te

Mar, 23/02/2016 – 21:22 — Celia Arroyo

Gracias Rosa, sin duda te seguiremos, el conflicto que planteas es muy frecuente y hace que la gente llegue a cuestionarse sus valores, su forma de sentir, de pensar…haciendo malabarismos para ser lo que cree que se espera de él, tanto en el país de acogida como en su propio país.

 

Me he sentido muy

Jue, 25/02/2016 – 12:58 — Rocío

Me he sentido muy identificada en lo que has escrito. Llevo casi 7 años en Costa Rica, me fui a los 16 y ahora más que nunca me doy cuenta de que quiero volver, estar en casa con mi madre, padre y hermanos… y recuperar el tiempo y mi identidad.

Muchas gracias

 

Es muy duro para mi tener a

Mar, 23/02/2016 – 17:37 — Hola soy Rosa,Mari

Es muy duro para mi tener a mi hijo y mi nuera en Reino Unido, y es muy duro pensar que además de estar Solos, tienen que demostrar lo mucho que valen por ser españoles, es frustrante. Cuando su país debería darles todas las herramientas para forjar su futuro. GRACIAS A TODOS LOS POLITICOS POR OBLIGAR A DEJAR SUS HOGARES A TANTOS Y TANTOS JOVENES MARAVILLOSIS MUCHAS GRACIAS. UNA MADRE

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Gracias Rosa Mari, me alegro

Mar, 23/02/2016 – 21:27 — Celia Arroyo

Gracias Rosa Mari, me alegro de que nos escriba una madre, porque creo que a veces nos olvidamos que por cada emigrante hay una familia entera pasando por un proceso muy duro. De eso también hay que hablar. Espero que tu hijo y tu nuera puedan regresar pronto si es lo que quieren, porque como psicóloga, os puedo asegurar que quien sobrevive emocionalmente a la experiencia migratoria es un valor seguro para cualquier empresa, ¡por eso me gusta tanto este proyecto!

 

Uff, no me había parado a

Mar, 23/02/2016 – 22:51 — Isabel

Uff, no me había parado a pensarlo, pero realmente me pasa. Llevo casi 4 años viviendo fuera, en dos países, siempre con la esperanza de que será mejor, y ahora que mi hija tiene un año me da miedo pensar que se va a perder mucho estando tan lejos. La familia, los amigos, el estilo de vida… Volver sería muy difícil también, pero es lo que creo que sería mejor. ¡Gracias!

 

yo llevo poco tiempo en

Mié, 24/02/2016 – 02:40 — Macu

yo llevo poco tiempo en Inglaterra, solo un año y cinco meses. Ciertamente me considero una superviviente, con mi hijo adolescente en España. La verdad es que es agotador física y emocionalmente, además me enfrento siempre a la dualidad de volver o aguantar un poco más a que la situación económica mejore en nuestro país. Hoy me encuentro fatal porque estoy muy acatarrada y me duelen hasta las pestañas y me invaden pensamientos de miedo y soledad y eso que tengo unas estupendas compañeras de casa. Quiero ponerme una fecha para regresar porque sé que mi hijo está acusando mucho mi ausencia, pero tengo mucho miedo de volver a mi país y no tener una mínima estabilidad laboral (por desgracia como muchos españoles se lo que representa no tener dinero para pagar el alquiler, la luz, el agua … y tener que ser acogida por un hermano, al que por cierto nunca podre saldar la deuda que con el he contraído porque va mucho más allá del dinero).


Ser emigrante es muy duro tanto si lo haces de forma voluntaria (como una experiencia de vida) o forzosa y si tu conocimiento del idioma no es muy bueno resulta realmente agotador y muy frustrante. De cualquier forma, me siento afortunada porque aquí tengo trabajo y puedo ahorrar y hasta permitirme el lujo de viajar con regularidad a ver a mi hijo. Somos supervivientes 🙂

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Hola Macu, gracias por tu

Jue, 25/02/2016 – 07:47 — Celia Arroyo

Hola Macu, gracias por tu relato, hay dos cosas que me llaman la atención de lo que cuentas, porque hasta ahora no se habían comentado. La primera es ¡Qué difícil es estar enfermo lejos de casa!, aunque sea un catarro. Lo digo por si a otros también os pasa, es normal, forma parte de lo que se llama «volver a estados regresivos». La enfermedad siempre nos trae añoranza de lo más hondo de nuestras raíces. Como ejemplo cotidiano, nada reconforta más que una sopa o brebaje de mamá, aunque no tenga ninguna propiedad curativa desde el punto de vista médico, es la sensación de protección, de estar con los nuestros, de estar en casa. Y la segunda cosa fundamental que comenta Macu es lo importante de hacer un buen grupo de gente en el que apoyarse, es el principal factor protector para la salud mental en cualquier situación estresante, así que me alegro mucho de que cuentes con tus compañeras de piso. Enhorabuena por todo lo que has conseguido. Un abrazo desde Madrid.

Hola Celia, estoy llorando al

Sáb, 27/02/2016 – 17:29 — Vanesa

Hola Celia, estoy llorando al leer el texto porque es exactamente lo que me pasa. Llevo 9 años fuera. Los primeros años como bien dices entre la alegría del cambio y la lucha por sobrevivir hacen que se vivan de manera diferente, pero cuando llevas tanto se hace más difícil. Me quiero volver a España, pero no encuentro trabajo, por lo que vivo con una ansiedad que me hace sentir como en una cárcel, obligada a vivir aquí. La experiencia de todos estos años me ha hecho darme cuenta de lo fuerte que soy, he vivido cosas muy duras sola (por decisión propia, en la distancia se viven las cosas de otra manera y yo no quiero preocupar a familia y amigos), pero también me ha hecho darme cuenta de lo mucho que he cambiado y la falta de identidad que te genera vivir fuera tantos años. Es quizás por eso que las ganas de volver son más fuertes. Tienes la necesidad de volver a integrarte en tu propio país. Además, cuando llegas a una edad en la que piensas en crear una familia, lo primero que me pasa por la cabeza es que no quiero que mis hijos se críen fuera, con otra cultura y otras costumbres totalmente diferentes.
Un abrazo!

 

Guau..te doy la enhorabuena

Vie, 04/03/2016 – 22:47 — Natalia

Guau..te doy la enhorabuena por el artículo. Qué manera de describir todo lo que nos ocurre a los emigrantes cuando estamos a miles de kilómetros de nuestro hogar. Se me han saltado hasta las lágrimas al leer cómo has descrito nuestros estados de ánimo, lo que se nos pasa por la cabeza, los dilemas internos que tenemos, etc. Ya llevo tres viviendo en Alemania y, aunque tras haber superado muchos desafíos completamente sola, haya conseguido trabajar en el ámbito que me apasiona, lo único que me ata a este país es mi trabajo. Una vez que has conseguido la meta, el logro, que en mi caso era un trabajo cualificado en el ámbito donde quería desarrollar mi carrera, comienzas a echar de menos todo lo relacionado con España, y las energías, sobre todo la mental, comienza a flaquear. Te aferras a cualquier cosa que te identifique con tus raíces, con tu país. Qué gracia me ha hecho cuando has comentado que los españoles nos aferramos a tradiciones que en España no nos interesaban especialmente, qué razón llevas. Hace poco que he empezado a echar CVs en España, a ver si esta emigrante se puede volver prontito. n saludo Celia y de verdad que Chapó por tu artículo.

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